Toxicidad laboral del empleado
Medicina Familiar / Por: Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia
Se define como un espacio laboral donde el empleado está expuesto de manera continua a factores perjudiciales, tanto físicos como psicológicos, que provocan acoso, falta de respeto, abuso y exceso de estrés entre los compañeros. Esta situación favorece el deterioro mental y laboral. Reconocer y tratar a un empleado tóxico es proteger el bienestar del resto de la plantilla.
Las manifestaciones clínicas sugestivas son las siguientes: exceso de control hacia los compañeros; quejas constantes e innecesarias; desconfianza, donde las críticas destructivas reemplazan los reconocimientos y la empatía; y, finalmente, comportamientos agresivos, aislamiento social o acoso directo.
Las consecuencias en la salud del trabajador que manifiesta estrés crónico son ansiedad, depresión, fatiga crónica, falta de concentración, dolor de cabeza y contractura muscular generalizada. Si el malestar avanza, puede presentarse síndrome doloroso generalizado o fibromialgia, causa muy común en muchas personas donde las pruebas diagnósticas no logran determinar la causa etiológica del dolor.
Las faltas laborales constantes e injustificadas son un común denominador. En estos casos, los empleados exponen un exceso de manifestaciones clínicas, sintomatología extrema y una exigencia en beneficio propio para que se les cubra con una incapacidad, perjudicando al resto de la población laboral al provocar un aumento en la carga de trabajo. Se agrega, además, una manipulación excesiva hacia los compañeros, condicionando favores laborales en beneficio propio.
Estos empleados suelen tener una conducta similar en sus relaciones familiares y sentimentales: son personas tóxicas en quienes prevalece un descontento e inconformidad personal. Finalmente, un trabajador tóxico puede terminar con un dictamen por enfermedad de trabajo o pensión por enfermedad si no se detecta a tiempo.

