Serenidad y Paz: 16 años gestando una revolución artística en Puerto Vallarta

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

Isela Mariscal

En la galería de Isela Mariscal, rodeados de obras que parecen escucharnos —pinturas, esculturas, acuarelas, fotografías—, la atmósfera respira esa calma única que solo el arte concede. Las piezas de los artistas locales se convierten en nuestra audiencia silenciosa mientras conversamos con la galerista, promotora cultural y artista plástica.

Afuera, Puerto Vallarta sigue su ritmo turístico; adentro, el tiempo se detiene para celebrar 16 años de una exposición que se ha vuelto semilla de algo más grande: REALPV, la Red de Artistas Locales.

—Son 16 años de la exposición Serenidad y Paz, una búsqueda hacia el interior —recuerda Isela Mariscal con la mirada perdida entre las obras que nos rodean, como si cada cuadro guardara un fragmento de esa historia—. En aquel entonces, cuando empecé a convocar, hubo artistas que hoy ya no están: Gregorio Mendoza, Dueñas, Luz Elena Moreno… se nos adelantaron.

Su voz adquiere un tono de nostalgia contenida, como si cada nombre evocado fuera una pincelada en un mural inconcluso.

—Yo era estudiante de la licenciatura en artes. La idea era hacerla siempre en Semana Santa y Pascua, para que el vacacionista viera que Vallarta no solo es fiesta, sino también un lugar de arte. Que les diera serenidad.

El origen de una red: de la necesidad a la acción colectiva

La exposición nació tocando puertas. Isela recuerda cada una: casas de cultura, la zona naval militar —donde tuvo un apoyo invaluable de la Marina—, el Hotel Rosita gracias a Marcelo. Un peregrinaje de espacios que hoy, visto en retrospectiva, dibuja el mapa de una perseverancia que pocas veces se reconoce.

—Ese fue el origen de REALPV —afirma con convicción, mientras su mano señala un conjunto de obras que parecen asentir—. Invité a artistas locales, y entre más conocía, más invitaba. Mi único objetivo era estar presente porque amo el arte.

Lo que comenzó como un ejercicio académico para una tesis de licenciatura se transformó en movimiento. Hoy, REALPV agrupa a más de 70 artistas plásticos entre pintores, escultores y fotógrafos. Pero el camino no fue lineal, ni mucho menos sencillo.

—Yo tocaba puertas en otras galerías y no me daban oportunidad —confiesa sin amargura, con la certeza de quien ha convertido el obstáculo en motor—. Casi siempre eran puros artistas que no eran locales. Por eso cuando mi padrino, el licenciado Luis Reyes Brambila, vio la inauguración de mi galería, dijo: “Aquí solo artista local”.

Malecón Arte: un antecedente que no se olvida

La conversación deriva hacia los esfuerzos previos que intentaron organizar a los artistas vallartenses. Isela evoca con cariño aquel proyecto que muchos recuerdan con nostalgia.

—Antes de 2015 existía Malecón Arte —rememora—. Lo impulsaban Beatriz Narváez y Marina Narváez. Los artistas se ponían en toda la parte del Malecón, con el mar de fondo, era un escenario privilegiado. Duró varios años, hasta que llegaron las reparaciones del Malecón… y ya no volvió.

Su voz se llena de esperanza al mencionar que este proyecto podría revivirse.

—La regidora Laurel Carrillo quiere promoverlo una vez al mes —anuncia—. REALPV estará apoyándole, por supuesto. Ojalá pudiera volver a hacerse, porque Malecón Arte era aparte de tener unas pinturas hermosas, tener ese paisaje del mar. Esa conexión entre el arte y el entorno natural de Vallarta es única.

Este antecedente no es menor para Isela. Ella reconoce que proyectos como Malecón Arte abrieron la conciencia sobre la necesidad de visibilizar a los creadores locales, aunque fuera de manera intermitente. REALPV aspira a ser esa continuidad, esa estructura que dé permanencia a lo que antes era efímero.

Una red que impulsa, no solo exhibe

Isela se anima visiblemente cuando describe los mecanismos concretos mediante los cuales REALPV apoya a sus integrantes. No es una membresía decorativa; es una plataforma de acción.

—El directorio realpv.com.mx es el corazón de la red —explica—. Ahí están clasificados por disciplina: pintura, escultura, fotografía. Pero lo importante es que, al pulsar su Facebook, su Instagram, sus redes, te lleva directamente con ellos. No conmigo. Mi única misión es mantener el directorio vigente.

Esta autonomía es deliberada. Isela insiste en que REALPV no busca intermediar ni controlar, sino visibilizar.

—Un joven, Ángel de Paz, apenas se publicó en el directorio y a los pocos días lo contactaron para una revista —cuenta con orgullo evidente—. Le ofrecieron beneficios de hoteles y otras cosas. Eso es lo que pasa cuando estás agrupado: tienes presencia.

La revista Lifestyle los entrevistó y los publicó en un libro. De ahí, más artistas de la red han sido contactados. La mecánica es clara: la unión genera oportunidades que individualmente serían impensables.

—Yo les comparto en el WhatsApp de la red —aunque aclara rápidamente—: ese grupo lo administro yo, solo yo puedo publicar. Nada de interacciones, nada de polémicas. Solo les comparto exposiciones, convocatorias, eventos. Si alguien quiere participar en Serenidad y Paz, me manda un mensaje privado y le aparto su lugar.

Esta estructura evita conflictos —”todos tenemos temperamento fuerte, somos diferentes en ideas”— pero mantiene el flujo de información. Es una red funcional, no una asamblea perpetua.

El apoyo concreto: espacios, entrevistas, salud

Isela enumera con precisión de gestora cultural los beneficios que REALPV ha logrado articular.

—Vienen entrevistas profesionales —anuncia—. Yo entrevisto a los artistas de la red. Ya he entrevistado a Vallartín, a Jerezano, a Lili Margot, tengo en puerta a Jimena Odetti. Y no son entrevistas cualquiera, son fijas, profesionales. Yo abro la entrevista y después siguen todos los artistas. Así se conoce su arte, quiénes son.

Pero el apoyo va más allá de la promoción artística.

—Hay ayuda médica por parte de la regidora de cultura Laureano Carrillo —detalla—: servicios de dentista, de visión para lentes. Eso es muy bueno. REALPV no solo se encarga de promover la obra, sino también de buscar beneficios para los artistas.

El 1 de junio, Día de la Marina, cumplirán dos años como red. La fecha no es casual: el padre de Isela fue teniente de fragata, químico farmacobiólogo de Vallarta.

—Por eso les tengo gran cariño —confiesa—. Ese día habrá una gran exposición con todos los artistas que puedan participar.

Un espacio para los emergentes: la apuesta por el futuro

La conversación deriva hacia los jóvenes. Isela se anima visiblemente.

—Vamos a abrir un nuevo espacio para artistas emergentes —anuncia con la emoción de quien sabe que está sembrando para la próxima generación—. Son jóvenes que todavía están estudiando, del Centro Universitario de la Costa, hijos de artistas, chicos de Madonnari, de CUC, de Arkos.

Su galería, ubicada en calle 5 de Febrero 260, cumple 8 años siendo vitrina exclusiva para el talento local. Y esa exclusividad no es negociable.

—Hay ocasiones en que llegan artistas que no son locales y les digo que no pueden estar —afirma con firmeza—. Yo soy casada verdaderamente con esta idea: apoyar a mis hermanos artistas.

—Un día yo también me pregunté: me gusta pintar, sé pintar, pero ¿qué hago? —confiesa, y la honestidad de la frase resuena en el espacio—. Qué bonito cuando todos nos damos la mano. Aquí hay artistas como Sergio Babún, Lucano, que ya tienen trayectoria y reciben con amabilidad a los jóvenes. Ellos se sienten arropados y también sacan ideas: algunos han puesto su cafetería con arte.

Los nombres que construyen la red

Isela enumera nombres como quien recita una letanía sagrada, y la lista parece interminable: Ada Colorina, Francisco Fernando Baños, Quetzal —”muy mexicano, sus caras, sus girasoles, colibríes, jaguares”—, Tony Collantez, Marcela Lepe, Vallartín, Javier Niño —”una gran institución”—, Josafat, Vicky Mesa —”extraordinaria muralista, me encanta su energía”—, Lorena, Lily Margot, Mae Delgado escultora, Beatriz Narváez.

Menciona a los jóvenes: Sofía, hija del poeta Gibrán, que ya está en la red. A Anaís, reportera que incursiona en la fotografía. A Raquel Wanczukie-wics, nueva integrante de origen ruso pero ya avecindada en Vallarta. A Paulo Marta, arquitecto que pinta hermoso y expone actualmente en su galería.

—También tenemos a Cristina Mercado, que lucha por la mujer; a Mónica Gurrola, que expuso un gallo con collar de perlas, como el de la joven del arete de perla pero convertido en gallo; a Simo, el actor italiano que canta y pinta hermoso; a Ana Cessi Prevar; a Eduardo Rincón Gallardo, poeta y pintor, que resulta ser descendiente de Porfirio Díaz; a Elodia Jiménez, que impulsa a los emergentes; a Jimena Odetti, maestra del Tecnológico que hizo un proyecto de murales alrededor del campus; a Verónica Rangel, gran acuarelista; a Michelle del Río, que tiene un taller en la calle Francisco Villa y es descendiente del fundador de Puerto Vallarta, Guadalupe López Sánchez.

La enumeración es un acto de justicia. Cada nombre es una historia, una apuesta, una obra que merece ser vista.

Un llamado a la unidad y a la acción

Isela Mariscal reflexiona, y sus palabras parecen dialogar con las obras que nos rodean, esas piezas que han sido nuestra audiencia silenciosa durante toda la conversación.

—Es importante que los artistas locales se unan, que dejen egos fuera, que sepan que son una comunidad —sentencia—. Juntos es más fácil tener presencia, incidir. Los esfuerzos individuales son buenos, pero mejor son los conjuntos.

—A los que nos leen, artistas locales que quieran estar en el directorio —convoca al aire, como si sus palabras pudieran traspasar las paredes de la galería—, que me busquen. Pero que sean locales, eso tiene que ser.

La galería, testigo silencioso de esta conversación, guarda en sus paredes la memoria de 16 años de Serenidad y Paz. Afuera, el Día Mundial del Arte —ese 15 de abril que conmemora el nacimiento de Leonardo da Vinci— se acerca. Adentro, una red sigue tejiéndose, obra por obra, artista por artista.

—No solamente soy yo dándoles la mano —concluye Isela—. Al venir a las exposiciones, al estar en el directorio, están los otros artistas que los reciben con amabilidad. Ahí es cuando ellos empiezan a sentirse realmente arropados.

Y mientras habla, las pinturas, esculturas, acuarelas y fotografías que nos rodean parecen asentir, cómplices de una certeza: que en Puerto Vallarta, el arte local ya no está solo. Tiene una red. Tiene una casa. Y tiene, sobre todo, a una mujer que decidió hace 16 años que tocar puertas era solo el primer paso; lo importante era construir las propias.