Mis hermanos

Nuestra misión es estar unidos, aunque por momentos las diferencias nos separan seguimos ahí para todos, de acuerdo con nuestras posibilidades y circunstancias individuales

Por: Marisú Ramírez

Llamadas telefónicas, WhatsApp y todo recurso de comunicación trae a mi pensamiento diversidad de recuerdos, alegrías, tristezas, momentos aciagos e infinidad de añoranzas.

Pasa el tiempo que es vida, forma original de ver la realidad sumergida en el escepticismo en un territorio de depresión al que me he acostumbrado en los últimos años, por diversos avatares, circunstancias y personas extrañas. Es una visión intensa que sacude mi corazón a capricho.

Las sacudidas unen, lo he visto en mi familia. Claro con nuestro original estilo y diversidad de pensamiento nos fusionamos ante los infortunios, nuestra energía nos los dispensa en momentos aciagos, en el hospital, en nuestros hogares, es una gran necesidad.

La unión de esfuerzos en favor de nuestro origen, eso han demostrado mis hermanos, no decaen, son misericordiosos y se entregan con el valor que nos infundió mi madre, ir siempre hacia adelante.

El dolor no da tregua, avanza produciendo sorpresas emanadas de los diagnósticos médicos, interpretaciones diversas, unas informadas otras dilucidadas, todas en un paquete poco equitativo, aunque brinda tranquilidad por momentos.

Ningún dedo de la mano es igual a otro; sin embargo, todos emanamos del mismo brazo, aterrizamos en momentos diferentes, pero elegimos estar juntos en este tiempo, en esta realidad, acompañando a un gran ser humano, al que elegimos desde antes de nacer.

Nuestra misión es estar unidos, aunque por momentos las diferencias nos separan seguimos ahí para todos, de acuerdo con nuestras posibilidades y circunstancias individuales. Semanas, días, horas, minutos, segundos de incertidumbre para nuestra madre, pero todos sus hijos aferrados para no dar tregua en la lucha por su vida.

Lo racional por momentos se diluye en lágrimas, única forma de sentir que se está en el campo de batalla. Aquí no hay hipótesis médicas, muchas podrían ser inexplicables ante los ataques de la enfermedad incólume, esa que no da espacios.

Todos, mis hermanos y nuestras familias, todo un ejército unido por una mujer valerosa e integra, después de haber dado lo mejor de su vida, esa es la lógica de la existencia. Gratas sorpresas de seres humanos maravillosos que demuestran lo que son por dentro: un corazón magnánimo que entrega amor incondicional, aun por el límite de sus fuerzas, lazos sanguíneos y responsabilidad.

Emociones encontradas y la costumbre de no estar de acuerdo con las leyes de la temporalidad, el ser humano siempre se negará a desaparecer, aunque se entiende que es irremediable, se aferra el corazón a permanecer.

La salud poco a poco se va, se desvanece entre disgustos, manías innecesarias y dañinas; lo único rescatable de todo esto son los momentos de alegría y metas alcanzadas a lo largo de la existencia. Los humanos no nos acostumbramos a vivir en concordia a menos que las tragedias nos unan.

Todo asunto es complejo en escenarios de sufrimiento, los he vivido en carne propia, así como el consuelo de la mano que me ha levantado, ahora esas expectativas se desvanecen ante la realidad, mi vida pasa en mi mente como una obra de todo lo que ella nos entregó sin medida, ese amor se traduce en energía pura para todos, lo hermoso y confortable, ella nos los da aún en momentos aciagos.

Nunca jamás había experimentado una tristeza tan profunda. Mis hermanos y familiares cercanos la experimentamos con la ferviente necesidad de luchar como ella nos enseñó sin ceder espacios.

A mí y a mis hermanos sólo nos queda entender que el mejor obsequio que nos dio el Creador es nuestra madre, nuestros hijos y esos grandes y pequeños seres que nos acompañan día con día. Las experiencias son enriquecedoras y llenas de satisfacciones.

Por último, podríamos negar la realidad, como si realmente no existiera, pero está ahí y permanece inamovible. No así la vida que es amor, alma y espíritu ampliamente conocidos y negados por la poca lógica de existir en ellas. Gracias eternas a todos por elegir existir en este maravilloso tiempo. Gracias por otorgarnos la posibilidad de vivir, que nada tiene que ver con las visiones negativas con las que llenamos el espíritu. masryram@msn.com