El reto de recuperar el orgullo de ser vallartenses
En dos minutos / Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes / Presidente de la Red Periodística Puerto Vallarta
Quedó muy lejano aquel 2001 cuando la prestigiosa revista Condé Nast Traveler nombró oficialmente a Puerto Vallarta como la “Ciudad más Amigable del Mundo”. No era un simple eslogan; reflejaba una realidad palpable: una población relajada, orgullosa de su trabajo y genuinamente feliz de recibir a los visitantes. Era un destino que ofrecía un buen nivel de vida a sus habitantes. Los servicios públicos, sin ser perfectos, resultaban funcionales; el transporte público era ágil y rápido; las familias podían acceder a una renta justa para vivir, y aun así, darse pequeños lujos: una comida en el malecón, un helado para los niños, una tarde de cine en el Bahía.
Esa época tenía un valor intangible pero fundamental: la convivencia comunitaria. Resultaba tan común ver al vecino de El Pitillal como al residente de Marina Vallarta o Conchas Chinas compartiendo espacios públicos sin distinciones de clase o nivel económico. Existía un verdadero sentido de comunidad vallartense. Y ese bienestar, ese trato horizontal, se reflejaba directamente en la calidez hacia quien nos visitaba.
Hoy, más de dos décadas después, ese paisaje humano ha cambiado. El crecimiento acelerado, en gran medida desordenado y resultado de administraciones con escasa previsión, ha generado una población descontenta. El enojo y el resentimiento no solo apuntan a las figuras políticas —donde la decepción suele anticiparse— sino también hacia un sector empresarial que, se percibe, ha desplazado su mirada del cliente local.
Antes existía esa consideración hacia el vecino, ese cliente que siempre está, que consume todo el año y al que se le brindaba un trato igualitario o, en el mejor de los casos, un descuento por ser de casa. Hoy, la calidad de vida del vallartense promedio ha retrocedido. Resulta paradójico e inconcebible: llegan cifras récord de turismo, presume la Secretaría de Turismo, y sin embargo, el bienestar económico se concentra en pocas manos. Las rentas son desproporcionadas, los servicios públicos deficientes, el transporte es caótico y, lo más grave, ha crecido una preocupante discriminación del prestador de servicios hacia el propio local. El individualismo ha erosionado aquel sentido de comunidad.
Esta realidad ha generado un síntoma peligroso: muchos vallartenses se sienten ajenos a su propia tierra. La identidad colectiva se ha diluido. Ya no está esa máxima de que “todos se conocían”, pero más importante aún, se ha perdido la convicción de que, aunque no se conozca al otro, la cordialidad es la carta de presentación. Y sin identidad, no hay comunidad.
Hacia una propuesta de reconciliación
Por todo ello, se vuelve urgente y necesaria una acción decidida desde las autoridades municipales y estatales. No bastan los discursos de promoción turística; se requiere una campaña permanente, sistemática y bien articulada de concientización y amor por Puerto Vallarta. Una campaña que tenga como objetivo central recuperar el orgullo de ser vallartenses.
Se trata de reconstruir desde adentro. De fomentar una población cálida, amable y sonriente, no por obligación, sino porque vuelva a sentirse parte de su propio destino. El primer paso es mirar hacia adentro. Priorizar al local: que pueda consumir en su propia ciudad a precios razonables, no a tarifas diseñadas exclusivamente para el turismo internacional. Es tiempo de dar un respiro a las familias vallartenses.
Asimismo, es momento de voltear a ver al empresario local, al comerciante de toda la vida, frente a los capitales golondrinos y la especulación inmobiliaria desmedida. Fortalecer la economía desde la base comunitaria es el camino más sólido para que el trato al visitante vuelva a ser genuino.
Tenemos una tierra afortunada, única. Es la única que tenemos. Recuperar el cariño por ella no es un acto nostálgico, sino una necesidad práctica para el futuro. Es tiempo de que los vallartenses volvamos a sentirnos integrados. Solo así, desde el orgullo recuperado, volveremos a ofrecer al mundo esa imagen que nos hizo famosos: la de una comunidad verdaderamente amigable.

