Más que fútbol: una cancha para aprender a vivir
Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes
En una época en la que las pantallas ocupan buena parte del tiempo libre de niñas y niños, recuperar los espacios para correr, jugar y convivir se ha convertido en un reto para las familias. El fútbol infantil puede ser mucho más que una actividad física o el camino hacia una carrera deportiva: puede convertirse en una herramienta pedagógica para aprender a trabajar en equipo, enfrentar la frustración, asumir responsabilidades y relacionarse con los demás.
Carlos Gómez Pintor, director de Summer Camp Legends Academy, plantea que la prioridad en las primeras etapas debe ser que los niños disfruten del deporte y encuentren en él un espacio seguro para aprender. La competencia, explica, debe estar subordinada al proceso de formación, mientras que el error, la derrota y los retos deben asumirse como oportunidades de crecimiento.
—Cuando llega un niño pequeño, de seis o siete años, que apenas sabe patear un balón, ¿qué es lo primero que se busca enseñarle antes que la técnica?
Lo más importante es que los chicos se lo pasen bien. Tendemos muchas veces a querer ser demasiado exigentes con el resultado, cuando lo importante es el proceso. Estos chicos se forman a través del deporte, pero tienen que hacerlo pasándoselo bien.
Para un niño es mucho más divertido jugar al fútbol que hacer matemáticas en el colegio. Lo importante es que disfrute, que no esté sufriendo y que no sienta presión porque algo le salió mal. El error es parte del crecimiento. Se aprende porque se cometen errores y nosotros los animamos a probar para que, pasándoselo bien, cada vez puedan hacerlo un poquito mejor.
—Más allá de lo futbolístico, ¿cuál es el cambio más importante que has observado en los niños después de varios meses de practicar este deporte?
Aprenden a socializar, y creo que eso es de lo más importante. Actualmente tendemos a tener siempre el móvil o la videoconsola y los niños socializan menos porque juegan menos entre ellos y se comunican menos.
Nosotros intentamos propiciar precisamente eso: que haya comunicación, que aprendan los nombres de sus compañeros, que compartan y que dentro de la diversión aprendan a convivir.
El fútbol, al ser un deporte de equipo y además uno de los más universales, facilita mucho ese proceso. Los niños introvertidos pueden adquirir mayor capacidad para relacionarse y eso incluso se refleja en la escuela. Algunos pequeños que inicialmente son muy tímidos terminan teniendo mayor capacidad para liderar y socializar.

—¿Qué impacto tuvo la pandemia en esta generación de niños?
Los niños que ahora tienen entre 10 y 12 años fueron probablemente los que más sufrieron ese corte en el aprendizaje y la socialización. Se nota incluso en el fútbol. Es una generación que tiene menos habilidades para los deportes de equipo.
No diría que es una generación perdida porque siguen siendo niños y tienen capacidad de aprender, pero sí es cierto que llevan un poco más de retraso en determinados aprendizajes relacionados con la convivencia y el trabajo colectivo.
—¿Qué le devuelve el fútbol a un niño que pasa buena parte del día frente a una pantalla?
Principalmente, evita una vida tan sedentaria. Actualmente hay hábitos de alimentación que tampoco son tan saludables y eso puede favorecer problemas como la obesidad. Los niños que practican deporte adquieren hábitos más saludables: suelen estar más fuertes, consumir más agua y cuidar mejor su alimentación.
Pero además está todo el aspecto de los valores. Practicar deporte implica escuchar al entrenador, respetar al compañero, respetar al rival y entender una jerarquía. Todo eso resulta muy importante para su vida posterior, tanto profesional como personal.
—Uno de los problemas actuales es la poca tolerancia a la frustración. ¿Cómo se enseña a los niños a perder?
La frustración viene mucho por la inmediatez. Vivimos en una sociedad donde todo se puede consumir y conseguir rápidamente, y los niños no están acostumbrados al error ni a la derrota.
Hay que explicar a los padres que no pasa nada porque su hijo pierda. Ningún equipo gana siempre. Hay que competir e intentar ganar, pero lo importante es preguntarse qué hice hoy para ser mejor que ayer, independientemente del resultado.
La frustración debe transformarse en autoexigencia. En lugar de agachar la cabeza porque algo salió mal, hay que pensar que quizá hoy no se fue suficientemente bueno y que mañana se puede intentar mejorar. El error y la derrota forman parte del proceso.
—¿Cómo se enseña a un niño que forma parte de un equipo y que no tiene que ser siempre la estrella?
Cuando un niño entiende que puede apoyarse en sus compañeros, descubre que puede obtener mejores resultados. Al principio, un pequeño que tiene mucha habilidad puede pensar que puede regatearse a tres jugadores y marcar solo. Pero conforme crece descubre que eso ya no funciona y que asociarse con sus compañeros le permite sacar más ventaja.
El mensaje es sencillo: somos un equipo. El equipo gana y el equipo pierde. Los que están jugando y los que están en la banca son importantes. Hay que animar, respetar, pedir ayuda y comunicarse.
—¿Qué aporta el fútbol a la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional es fundamental para el desarrollo de una persona. Tener la capacidad de ser tolerante, respetuoso y autoexigente antes que exigente con los demás es muy importante.
Trabajamos mucho el aspecto mental: que los niños sean capaces de ser resilientes, tener fuerza mental y, sobre todo, no venirse abajo cuando las cosas no salen como esperaban.
—¿Qué mensaje darías a los padres que presionan a sus hijos para que sean futbolistas profesionales?
Hay que dejarles jugar, aprender, escuchar al entrenador y equivocarse. Muchas veces la frustración del padre porque no llegó a ser futbolista termina trasladándose al hijo. Ese es un grave error.
Un niño de 10 años no sabe todavía qué va a hacer de adulto. Si lo sometemos constantemente a presión, puede terminar cansándose de un deporte que debería darle diversión y satisfacción. Los padres deben acompañar, tener paciencia y permitir que el niño disfrute el proceso.
—¿Cómo observas la incorporación de las niñas al fútbol infantil?
Es muy positivo que cada vez haya más niñas practicando fútbol. El deporte debe ser universal y la igualdad de género a través de sus valores resulta muy importante.
En Legends Academy es estratégico contar con niñas. Tenemos un equipo femenil que participa en torneos y queremos que cada vez más niñas se atrevan a practicar este deporte. La incorporación femenina también ayuda a transformar algunas ideas de machismo que durante años estuvieron presentes en el fútbol.
—¿Cómo se trabaja la disciplina sin convertirla en presión?
A través de pequeños retos. Por ejemplo, que desde los siete u ocho años el niño sea responsable de preparar su bolsa para entrenar, revisar sus espinilleras y tener listo el uniforme.
También debe aprender que la puntualidad significa respeto hacia los compañeros. Son pequeñas responsabilidades que, con el tiempo, ayudan a construir disciplina y autodisciplina.
—Dentro de 10 o 15 años, quizá no recuerden los resultados de los partidos. ¿Qué te gustaría que recordaran de su paso por la academia?
Que fue un verano excelente, que practicaron un deporte que les gusta, que hicieron amigos, que conocieron personas nuevas y que tuvieron una experiencia enriquecedora. Sobre todo, que se la pasaron bien y aprendieron algo.
El objetivo es que el fútbol sea una experiencia positiva que permanezca en su memoria, no por los trofeos o los marcadores, sino por las amistades, los aprendizajes y los momentos compartidos.
En ese sentido, el mensaje de Legends Academy trasciende la cancha: frente al sedentarismo y el aislamiento que pueden generar las pantallas, el deporte ofrece a los niños la posibilidad de moverse, convivir, equivocarse, levantarse y aprender junto a otros. El balón termina siendo solamente el punto de partida para una formación que puede acompañarlos mucho más allá del terreno de juego.
—¿Algo más que te gustaría aportar o comentar para invitar a la comunidad?
Sí, me encantaría que la próxima semana podamos ser 40 niños. La idea es que esta experiencia no se la pierda nadie. En lugar de estar jugando con la videoconsola, mirando el móvil o TikTok, queremos que puedan estar aquí dos o tres horas con nosotros, porque se lo van a pasar muy bien y van a aprender mucho.
Este campamento es un complemento a las actividades que realizan durante el año y representa una oportunidad para que conozcan cosas nuevas a través de una metodología pensada para aprender mientras disfrutan. Por eso queremos invitar a más familias a participar.
La próxima semana estaremos nuevamente aquí, del martes 18 al domingo 23, e incluso tendremos un día de entrenamiento en la playa y un mini torneo, aprovechando también los espacios y los atractivos de Puerto Vallarta. Las inscripciones continúan abiertas y la invitación es para que más niños se animen a vivir esta experiencia, hacer nuevos amigos, practicar deporte y, sobre todo, disfrutar del fútbol.

