
Cada vez que hablo de equivocaciones, me acuerdo de Cicerón, que siempre decía: «De humanos es equivocarse y de necios, permanecer en el error». Pero en estos tiempos tan difíciles en que vivimos, aunque Mario Benedetti, uruguayo, decía: «En la vida hay que evitar tres figuras geométricas: los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas», ¡parece que a la juventud moderna eso le da igual!
Los famosos círculos viciosos —sexo, drogas y alcohol— están a la orden del día. Gracias a Dios, todavía hay jóvenes que van a sus servicios religiosos con sus familias y muchos de ellos siguen siendo esos mensajeros de amor y paz que tanto necesita la juventud moderna. Esos jóvenes son dignos de admiración y respeto, porque, sin importar las burlas y los desprecios de sus compañeros, con la frente en alto les dicen que lo que hacen solo les traerá graves conflictos a sus vidas y terribles enfermedades venéreas.
Con esos triángulos amorosos, los casados hasta pueden perder al amor de sus vidas y a sus amados hijos, solo por «aventarse una canita al aire». Y los jóvenes modernos, adquirir una terrible enfermedad venérea.
Y… ¡es increíble que las chicas modernas ahora anden con Clemente y otros veinte! Y ya ni se diga con relaciones del mismo sexo (que en todas las épocas han existido).
Siento que no hay nada más hermoso que casarse por amor verdadero y para toda la vida; así tendrán buenos hijos y una felicidad plena. No hay nada más hermoso que ver a unos abuelitos paseando tomados de la mano y riendo felices. Y, aunque no lo crean, en este enigmático Planeta Tierra… ¡existen infinidad de ellos!
Cuando Dios creó este enigmático Planeta, creó al hombre y pensó que no era bueno que estuviera solo. Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño y, mientras dormía, le sacó una costilla y llenó el hueco con carne. Después de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. Entonces este exclamó: «Ahora sí, esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará mujer, porque ha sido sacada del varón». Por esa razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno del otro. La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y le dijo a la mujer: «¿Así que Dios les dijo que no comieran de ninguno de los árboles del huerto?». La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer el fruto de los árboles del huerto; solo nos prohibió Dios, bajo amenaza de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto».
La serpiente le dijo que si comían serían como dioses. Ella comió y se lo dio a Adán, y como castigo fueron expulsados del paraíso. ¿No creen que es mejor escuchar a Dios?
Para mis Ángeles Terrenales del «Grupo Canica».
Cariñosamente, su bisabuelita Ana I.






