Silenciar a la oposición no es gobernar

En dos minutos / Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes / Presidente de la Red Periodística de Puerto Vallarta

Regidora Melissa Madero

El comunicado publicado por la regidora independiente del Ayuntamiento de Puerto Vallarta, Melissa Madero, sobre el despido de su personal de apoyo no puede pasar inadvertido. Más allá del hecho administrativo, el fondo del asunto abre una discusión delicada: cuando se limita la estructura de trabajo de una edil de oposición, la línea entre decisión interna y posible intento de censura se vuelve peligrosa.

Conviene recordar algo elemental: Melissa Madero es regidora independiente y de oposición. Su función no es aplaudir, sino cuestionar. No solo al Alcalde, sino también a sus compañeros regidores y a los directores municipales. Esa es la esencia del equilibrio democrático en un cabildo.

Y lo ha hecho. Ha exhibido en pleno la improvisación en modificaciones al Presupuesto 2026; exigió que el Alcalde diera la cara ante manifestantes durante la crisis por el bloqueo de la avenida Francisco Medina Ascencio; alertó sobre posibles conflictos de interés en el diagnóstico del sistema de semáforos con participación de la empresa SEMEX; cuestionó la aprobación de inversiones millonarias sin estudios técnicos concluidos; se posicionó contra el cierre de la calle México y contra el acceso vehicular al malecón.

Se puede coincidir o no con sus formas. Puede incomodar su estilo directo. Puede no simpatizar con su manera de hacer política. Pero incomodar no es delito; cuestionar no es traición; disentir no es violencia. Al contrario, es parte esencial del debate público.

Bloquear o invisibilizar a una regidora por ejercer su papel crítico envía un mensaje preocupante. La política no se construye anulando voces, sino debatiendo ideas, negociando posturas y alcanzando acuerdos en beneficio de la comunidad, no de intereses partidistas.

No se trata de defender personas, sino principios. La crítica documentada fortalece la transparencia y nutre la democracia. La ciudadanía merece saber cómo y por qué se toman las decisiones en su gobierno municipal.

Ser oposición implica señalar errores y exigir resultados. Eso puede incomodar, pero es parte del juego democrático. Gobernar no es rodearse de silencios cómodos, sino responder con argumentos y resultados.