No todo lo que te calma te ayuda

Aprendiendo a ser feliz / Por: Hania Sosa / Psicóloga

El cuerpo no miente. Cuando evitamos, es común que aparezcan señales como malestar estomacal, dolor de cabeza, insomnio o exceso de sueño.

Puerto Vallarta, Jalisco.-

Cuando de emociones desagradables se trata, las personas solemos querer evitarlas. Crecemos sin un aprendizaje adecuado sobre ellas y, con frecuencia, creemos que no deberíamos experimentarlas.

Las conductas que muchos adultos tienen con niños y niñas refuerzan esta creencia. Se les dice: “no llores”, “no estés enojado”, “no te pongas triste”, “no es para tanto”. Así llegamos a la adultez habiendo aprendido a evitar las emociones desagradables, en lugar de reconocer que todas tienen una función y que pueden servirnos de guía.

La evitación es una estrategia para no sentir. Existen muchas formas de llevarla a cabo: comer en exceso, pasar demasiado tiempo en redes sociales, jugar videojuegos, trabajar compulsivamente, intelectualizar en lugar de sentir, cortar conversaciones incómodas, consumir alcohol u otras sustancias. Como verás, la lista es amplia y diversa.

Por otro lado, regular no significa reprimir, minimizar ni pensar positivo a la fuerza. Tampoco es “tragárselo”, porque eso sigue siendo represión. Pero regular tampoco implica sacar todo sin filtro. Y, por supuesto, regular no significa tolerar abuso o violencia.

Regulamos cuando reconocemos lo que sentimos, lo nombramos, buscamos entender qué nos está pidiendo esa emoción y, a partir de ahí, elegimos cómo responder.

La regulación no elimina la emoción; la vuelve manejable. Ahí está la clave. El objetivo nunca será dejar de tener emociones desagradables. Somos seres que sienten y vivimos en constante interacción con otros que también sienten, piensan y actúan de manera distinta. Inevitablemente, a lo largo de la vida enfrentaremos situaciones que nos generen malestar.

Evitar podría sonar así:

  • “Quiero dejar de sentir esto.”
  • “Haz que se vaya.”

Regular, en cambio, podría sonar así:

  • “Esto está aquí.”
  • “Puedo sostenerlo.”
  • “¿Qué necesita esta emoción?”

A veces la evitación fue una estrategia necesaria en el pasado. No se trata de reprocharnos por ello. Se trata de comprender que hoy podemos hacer algo diferente. No todas las emociones deben actuarse, y hay incomodidades que sí son señal de cambio.

Una forma de distinguir si estamos evitando o regulando es prestar atención al cuerpo. El cuerpo no miente. Cuando evitamos, es común que aparezcan señales como malestar estomacal, dolor de cabeza, insomnio o exceso de sueño. El cuerpo va acumulando lo no procesado y termina manifestándolo.

En cambio, cuando regulamos, aunque al inicio pueda sentirse incómodo, el cuerpo comienza a relajarse. Podemos experimentar mayor claridad mental, mejor concentración, más energía e incluso una mejora en el estado de ánimo.

Entonces te pregunto:

¿Lo que estás haciendo te ayuda a largo plazo?