Moisés Hernández: La urgencia de rescatar la memoria histórica de Puerto Vallarta

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

Moisés Hernández López, Crónista de Puerto Vallarta.

Un vallartense por decisión

Moisés Hernández López no nació en Puerto Vallarta, pero pocos han defendido con tanta pasión la identidad de esta ciudad. Llegó procedente de León, Guanajuato, en 1995, cuando apenas tenía 10 años. Lo que encontró aquí transformó su vida.

“De ser un niño de una ciudad industrial zapatera, llegué a prácticamente andar en la calle a deshoras, bañarme bajo la lluvia, andar descalzo, ir a las huertas de mango, estar en las cascadas, en la playa”, recuerda con nostalgia. “Son vivencias que posiblemente no pude haber experimentado en mi ciudad natal”.

Ese contraste radical lo llevó años después a enfrentarse a una pregunta fundamental: ¿era leonés o vallartense? “Yo decidí ser vallartense”, afirma con convicción. Y añade: “Esta ciudad le dio trabajo a mis padres, me dio una infancia con memorias grandiosas. Ahora quiero retribuirle, regresarle a esta ciudad que me dio también mi familia, y ahora me da la oportunidad de servirle como cronista”.

Formado como licenciado en Historia por la Universidad América Latina, Moisés encontró en su profesión el vehículo perfecto para canalizar ese amor por su tierra adoptiva. Su interés por los archivos, las fotografías y los documentos comenzó hace aproximadamente una década, cuando descubrió un vacío enorme en la memoria documental del municipio.

El cuarto cronista de la ciudad

El 31 de mayo del año pasado, en el marco de la celebración del doble aniversario de Puerto Vallarta, Moisés Hernández fue nombrado como el cuarto cronista oficial de la ciudad. Durante la sesión solemne, su participación con una semblanza histórica marcó el inicio de esta nueva etapa.

Antes de él, tres figuras habían dejado huella en la crónica vallartense:

Doña Catalina Montes de Oca fue la primera cronista oficial. Su libro Puerto Vallarta en mis recuerdos es una obra fundamental, basada en sus memorias desde su llegada en 1918, antes de que el puerto fuera elevado a categoría de municipio. “Es un libro fundamental para la historiografía y consulta de la investigación histórica de la ciudad”, destaca Moisés. Su estilo fue eminentemente empírico, anclado en el relato oral.

El profesor Carlos Mungía Fregoso tomó la estafeta posteriormente. “El maestro hace una labor importantísima en el tema de la investigación”, señala el actual cronista. Mungía aportó un enfoque más académico y metodológico, con obras como Panorama histórico de Puerto Vallarta y la Bahía de Banderas y Puerto Vallarta, Paraíso Escondido, libros ya agotados que se han convertido en material de cabecera para los interesados en la historia local.

Juan Manuel Gómez Encarnación asumió el cargo en 2006 y lo mantuvo durante casi 20 años. Su estilo, más apegado a lo literario, lo convirtió en “el cronista de la pluma”. Entre sus obras destacan Eco de caracoles, un libro de cuentos y leyendas que recopila tradiciones orales como la del Gentil, La Huipilona, el Foquito de la vía y El Colgado del Pitillal. “Son historias muy del tema oral que logró recuperar y recopilar”, valora Moisés.

El sello distintivo de un nuevo cronista

Ante la pregunta sobre cuál será su propio matiz, Moisés responde sin titubeos: “Principalmente, centrar mis esfuerzos en el rescate y la preservación de la memoria documental de la ciudad”.

Explica que, a diferencia de sus antecesores, él busca institucionalizar la crónica, sacarla del carácter meramente ornamental o de celebración que solía limitarla a las fechas conmemorativas. “Se había visto o tratado como un objeto ornamental que se sacaba cada 31 de mayo”, lamenta.

Su objetivo es claro: consolidar, o al menos sentar las bases, de la primera memoria histórica de Puerto Vallarta. Un espacio que no sea pasivo, sino activo; que sirva para seguir investigando, divulgando y poniendo a disposición de estudiantes, investigadores, historiadores, guías de turistas y público en general una vasta documentación sobre la región Costa Sierra Occidental.

La herida profunda: el archivo perdido

La urgencia del proyecto de Moisés no es casual. Detrás hay una historia dolorosa que pocos conocen. En 2003, la entonces Secretaría General del Ayuntamiento, la maestra Belinda Jiménez, solicitó al archivo municipal una serie de expedientes relativos a la década de 1970. Fue entonces cuando se hizo el descubrimiento terrible: los archivos del municipio de 1918 a 1976 no existían.

“Se perdieron”, confirma el cronista con pesar. “Hay distintas versiones: una por cuestiones de inundaciones en un sótano, otra que se llevaron a una bodega en la Unidad Deportiva Agustín Flores Contreras y ahí se perdieron”. Se realizaron denuncias, se levantó un expediente, pero nada prosperó.

Ese vacío documental de más de medio siglo de historia representa una herida abierta en la memoria de Puerto Vallarta. “Es una de las motivaciones más importantes para ir recuperando la historia del municipio”, admite Moisés, quien reconoce la labor del doctor Miguel Ángel Rodríguez Curiel, cuyo libro Breve historia de Puerto Vallarta y sus gobiernos ha logrado cubrir, a partir de fuentes externas, gran parte de esa información perdida.

La batalla contra el tiempo

Moisés Hernández describe su labor como una auténtica “carrera contra el tiempo”. La memoria de la ciudad está dispersa: en archivos familiares, en cajones viejos, en subastas por internet, en páginas como Vallarta el Bar o Patas Saladas que atesoran fotografías históricas sin saber quizás el tesoro que poseen.

“Yo he estado en algunas casas del viejo Vallarta con personajes importantes y he visto montones de fotografías pudriéndose en malas condiciones”, confiesa. Existe aún cierta resistencia a donar estos materiales, pero confía en que la apertura de la nueva oficina genere la confianza necesaria para que la gente decida entregar sus recuerdos a un recinto seguro.

Además del rescate documental, el cronista tiene entre sus prioridades la divulgación y el registro de los hechos del presente: todo lo que ocurre en la ciudad de manera trascendente en los ámbitos social, político, cultural y de transformación del territorio. “Es un trabajo muy complejo, se requieren muchísimas manos”, admite.

Entre sus proyectos, vislumbra la conformación de un consejo de cronistas en cada delegación —Las Palmas, Mojoneras, El Colorado, El Pitillal, Ixtapa, el sur— y una comisión de documentación integrada por profesionales y estudiantes que registren la ciudad en tiempo real, en colaboración con periodistas y medios de comunicación.

La oficina de la crónica: un sueño hecho realidad

A finales de este mes, Puerto Vallarta contará por fin con un espacio dedicado a la preservación de su memoria. La oficina de la Crónica Municipal y Memoria de la Ciudad será inaugurada al público, poniendo fin a años de rezago.

“Es un primer paso para reforzar, institucionalizar y trascender el tema de la crónica y la memoria de la ciudad, que ha sido una asignatura pendiente por muchos años”, explica Moisés.

El espacio albergará archivos documentales, una vasta historiografía de la región, y se enfocará en la digitalización de los materiales para ponerlos a disposición a través de plataformas digitales. Se lanzará además una convocatoria para la recepción de fotografías, documentos y todo aquello que pueda abonar a preservar la identidad de la ciudad.

“Todo aquello que pueda abonar a seguir preservando la identidad y la memoria de la ciudad, aquí es bienvenido y va a ser un lugar de resguardo seguro”, promete.

La identidad vallartense en riesgo

A lo largo de la conversación, emerge una preocupación profunda: la desconexión de los vallartenses con su propia tierra. “Hay una desvinculación con la ciudad”, reconoce Moisés. “Siento que definir qué es ser vallartense es algo que todavía no termina de asentarse”.

El cronista señala que, aunque la migración ha sido un fenómeno inherente a la historia del municipio —desde los tiempos de Guadalupe Sánchez—, antes existía una particularidad: la integración. Quienes llegaban se integraban. Hoy ya no ocurre así.

“Tenemos que encontrarnos, vernos a nosotros mismos en este nuevo Puerto Vallarta, definirnos como la nueva sociedad vallartense”, propone. Y añade: “Definir qué tipo de destino queremos ser”.

Moisés pone el ejemplo de Japón: un país moderno, de progreso y tecnología, pero profundamente tradicional, con un vínculo muy fuerte con su identidad. “Nuestra ciudad necesita volver a encontrarse con esos vínculos, reforzar la identidad, saber de dónde venimos”, sentencia.

Lo que se conoce se quiere

El cronista cita al doctor Juan Luis Fuentes Lemus: “Lo que se conoce se quiere, y lo que se quiere se cuida”. Bajo esta premisa, su labor adquiere una dimensión casi pedagógica. No se trata solo de rescatar documentos del olvido, sino de devolver a los vallartenses —de origen o por adopción— la posibilidad de conectar con su entorno.

“Quien no conoce su entorno no puede llegar a apreciarlo, a amarlo, a conectar”, afirma.

Y concluye con un mensaje de esperanza: “Hay muchísima obra que tiene que reeditarse. Es importante entender el pasado para definirnos en el presente, porque somos los vallartenses del presente, esta es nuestra ciudad. Tenemos que vincularnos con la ciudad de ahora”.

La oficina de la crónica estará abierta a finales de mes. Moisés Hernández espera ahí, con los brazos abiertos, para recibir los tesoros que los vallartenses decidan compartir. La carrera contra el tiempo continúa, pero ahora, por fin, hay un lugar donde resguardar la memoria.

El cronista hace un llamado a la ciudadanía: si poseen fotografías, documentos o materiales históricos, pueden acercarse a la nueva oficina de la Crónica Municipal para donarlos o compartirlos, contribuyendo así a preservar la identidad de Puerto Vallarta para las futuras generaciones.