Una familia unida es un gran tesoro
Consejos de una Bisabuelita moderna / Por un México mejor
En esta época de tanto egoísmo e irresponsabilidad, vemos con tristeza que los matrimonios están en peligro de extinción. Aunque mis abuelitos hayan cumplido cincuenta años de casados, eran tan unidos que, cuando mi abuelito nació a una nueva vida, mi abuelita no resistió y, en el cumpleaños de mi abuelito, el cuatro de julio, ella se fue a su lado.
Aunque no exista el matrimonio perfecto, porque dos personas completamente diferentes juran ante Dios y los hombres amarse, respetarse y perdonarse en los tiempos buenos como en los malos; en la salud como en la enfermedad; en la riqueza como en la pobreza, y todos los días de su vida hasta que la muerte los separe. Sé que, aunque tuvieron sus desavenencias… ¡jamás lo demostraron frente a sus descendientes! (Aunque mi abuelito, cuando se casó por amor con mi abuelita, que era viuda con dos hijas, y de ellos ninguno), siempre nos decían que los problemas de dos eran de dos, nunca se deben enterar terceros y mucho menos los hijos, porque eso significa ¡el no ser buenos padres!
Mi papá, estudiante de medicina, se enamoró de mi mamá, que estaba desahuciada desde los trece años. Cuando creyeron que estaba curada, se casaron por amor; él dejó la medicina y se fueron a vivir a Monterrey. Él le enseñó a cocinar, lavar, barrer, trapear, coser; en pocas palabras, a ser una excelente ama de casa. Siempre estaba pendiente de ella, porque cuando menos lo esperaba, enfermaba, y él, con sus estudios, la salvó en muchas ocasiones. Y aunque parezca imposible, ellos conocieron a mis tres nietos, a quienes amaron profundamente. Pero mi papá nació a una nueva vida en sus vacaciones en Puerto Vallarta, y cuando regresamos a Nuevo Laredo, mi mamá se fue a alcanzar a mi papá después de cincuenta y siete años de casados.
Yo me casé por amor con el primer novio que tuve en mi vida, y once años después tuve que trabajar para poder sacar a mi hijita adelante. Pero gracias a la ayuda de mis padres y hermanos, porque éramos una familia muy unida, pude soportar el dolor por la pérdida de mi esposo.
Mi hijita y mi yerno, el 28 de abril, cumplieron treinta y siete años de casados. Por desgracia, por culpa de esta terrible guerra bacteriológica, no pudimos estar reunidos como hubiéramos deseado, pero ellos se la pasaron muy felices, como si estuvieran en su luna de miel.
Por eso me lleno de tristeza al ver que las nuevas generaciones de jóvenes prefieren vivir en forma libertina y sin amor, porque para ellos los compromisos… ¡salen sobrando, y prefieren adoptar a un perro que tener a sus propios hijos! Y si llegan a tenerlos, no los saben respetar y, sin preguntarles, los llevan a vivir con sus nuevas parejas, exponiéndolos a infinidad de peligros…
Muchas chicas prefieren asesinar a sus propios hijitos porque no fueron concebidos por amor, solo por un desahogo en su cuerpo, y sin el menor recato dicen: «¡Los estorbos se eliminan!».
Pobre juventud desorientada, viviendo peor que animales, porque aunque no lo crean, existen muchos animales que son monógamos, y cuando muere la pareja, ellos mueren de tristeza…
Por eso no comprendo a esas madres a quienes poco les interesa la vida que llevan en su vientre… Solo basta observar a esa perra amamantando a sus crías; si tratan de quitarle un cachorro… ¡aprenderán esa lección de amor que les darán!
Por favor, tengamos familias, porque… UNA FAMILIA UNIDA ES UN GRAN TESORO.
Cariñosamente,
Ana I.

