jueves 5, noviembre , 2026
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¿Qué es el estrés y cómo afecta la memoria?

Autora: Dalia de la Peña Wing

En lo más profundo de nuestro cráneo se esconde un órgano tan fascinante como enigmático: el cerebro. Este intrincado entramado de neuronas no solo nos permite pensar, sentir y recordar, sino que también guarda misterios que la ciencia aún se esfuerza por desentrañar. Entre sus muchos enigmas, uno de los más intrigantes es la relación entre el estrés y la memoria: ¿por qué a veces recordamos con más claridad en momentos de tensión y otras veces simplemente olvidamos?

Durante la Semana del Cerebro 2025, evento celebrado en más de 97 países, la doctora Gina Lorena Quirarte, investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, abrió a su público una ventana al interior de esta compleja conexión. En su conferencia —parte del programa Modela tu cerebro, organizado por el departamento de neurobiología conductual y cognitiva del INb— explicó cómo el estrés puede ser tanto un aliado, como un enemigo de nuestra memoria.

Te invitamos a descubrir, de la mano de la neurociencia, cómo las emociones, las hormonas y nuestras experiencias moldean la forma en que recordamos. Porque conocer nuestro cerebro es también una forma de conocernos mejor a nosotros mismos.

¿Qué es el estrés?

El estrés es la respuesta natural de nuestro cuerpo ante un desafío o una amenaza. Todos lo hemos sentido: antes de un examen, durante una competencia, ante un terremoto o una emergencia sanitaria como la pandemia de COVID-19. Esta respuesta implica un desequilibrio físico, emocional y mental, acompañado de síntomas como sudoración en las manos, tensión muscular, dificultad para respirar, irritabilidad, insomnio o problemas de concentración.

Sin embargo, no todo estrés es malo. Existen dos tipos principales:

  • Estrés agudo. Es breve y puede ser útil. Por ejemplo, nos ayuda a mantenernos enfocados durante una presentación en público.
  • Estrés crónico. Se mantiene por largos periodos y tiene efectos negativos en el cuerpo y el cerebro.

¿Y la memoria?

La memoria es la capacidad de almacenar, conservar y recuperar información. En el cerebro, esta función se distribuye en diferentes estructuras:

  • Hipocampo: clave en la memoria declarativa (recuerdos de hechos y datos).
  • Estriado: relacionado con la memoria de procedimiento (hábitos y habilidades como andar en bicicleta).
  • Amígdala: vinculada con las emociones y la memoria emocional (como el recuerdo de una situación de peligro).

¿Cómo se relacionan estrés y memoria?

Cuando vivimos una situación estresante, el cerebro activa un sistema que libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, las cuales preparan al cuerpo para reaccionar. Esta activación comienza en el hipotálamo, pasa por la hipófisis, y termina en las glándulas suprarrenales, que liberan estas hormonas al torrente sanguíneo.

El problema surge cuando este proceso se vuelve constante. Altos niveles de cortisol por periodos prolongados pueden dañar el hipocampo, afectar la formación de recuerdos y aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

¿Qué dice la ciencia?

En su laboratorio, la doctora Quirarte y su equipo utilizan modelos animales —como ratones en un laberinto de Morris— para estudiar cómo diferentes niveles de estrés afectan la memoria. Descubrieron que un estrés moderado puede mejorar el aprendizaje, pero niveles muy altos reducen el rendimiento por ansiedad. En estos estudios, se mide la corticosterona (el equivalente del cortisol en roedores) para entender la relación entre estrés y memoria.

Estas investigaciones son clave para desarrollar terapias contra enfermedades que involucran trastornos de memoria, tanto por exceso de olvido como por exceso de recuerdo.

De esta manera, podemos concluir que el estrés no siempre es malo. Puede ayudarnos a concentrarnos y a recordar mejor. Pero cuando se vuelve crónico, el impacto sobre el cerebro y la memoria puede ser profundo y duradero. Por eso, la doctora. Quirarte recomienda que debemos moldear nuestro cerebro como plastilina, cuidándolo con buena alimentación, descanso adecuado, ejercicio, juegos y evitando el uso excesivo de pantallas.

“No hacer nada te deprime; hacer mucho te estresa; estar en medio es destreza”, concluyó.

Información de El Faro UNAM