
En México, practicar la medicina en una institución pública es un desafío secundario ante una gran crisis estructural multifactorial y los malos hábitos de la población. Hoy en día, la gran mayoría estamos enfermos de obesidad, diabetes e hipertensión arterial. La población no tiene un enfoque preventivo; existe una desigualdad por un sistema de salud fragmentado, con una sobrecarga de un gremio médico borneado o quemado, donde la salud mental está expuesta al público en redes por la actual crisis sanitaria, provocando ansiedad, depresión y fatiga laboral crónica.
A ello, se suma una infodemia digital de desinformación por el gran acceso masivo a información no verificada, donde las personas, antes de entrar a la consulta, ya buscaron la dinámica de esta, provocando que el médico no sólo combata las enfermedades, sino también los mitos, las pseudociencias y el rechazo a los tratamientos médicos comprobados basados en medicina de evidencia; aunado a eso, ahora con la IA.
Por lo tanto, es un gran honor, un gran reto y una enorme lucha, porque somos psicólogos del 80% de una población plenamente devastada: asisten jóvenes con pensamientos nunca antes vistos o escuchados, con historias de insomnio o guiones de películas como el mismo suicidio o el abuso de medicamentos o drogas. Somos psiquiatras porque los pacientes atentan contra su salud físico-emocional al autodestruirse por el alto consumo de alimentos procesados, por el estilo de vida sedentario, por el estrés de los horarios, por andar despavoridos en motos sin casco, con menores de edad o con la familia completa metiéndose entre la fila de carros zigzagueando, desafiando al peligro; porque la población entera se está degenerando con una gran falta de respeto al médico.
Todos nos gritamos, todos nos hacemos daño sin evaluar el deterioro que le hacemos a nuestro cuerpo al fumar o a lo de moda: vapear. Los jóvenes andan fumando marihuana entre la población sin perjuicio alguno, sin importar la anciana, la embarazada, el menor de edad o el enfermo crónico. ¡Felicidades a los médicos de las instituciones públicas!
La mortaja
La compra y venta de órganos en el mercado negro (tráfico de órganos) es una actividad ilegal, clandestina y fuertemente perseguida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por las leyes penales de prácticamente todos los países. En casi todo el mundo, la comercialización de órganos humanos constituye un delito grave de trata de personas con fines de extracción. En la práctica, el tráfico ilícito suele operar mediante redes delictivas complejas que explotan la vulnerabilidad y la pobreza extrema de personas dispuestas a vender un órgano a cambio de dinero, muchas veces bajo engaños o coacciones.
Quienes participan como «donantes» en el mercado negro a menudo quedan sin atención médica posterior y sufren graves complicaciones de salud crónicas, infecciones o secuelas físicas irreversibles. Lo que paga el comprador (receptor): los pacientes desesperados o quienes participan en estas redes ilegales pueden llegar a pagar desde 60,000 hasta más de 150,000 dólares. Lo que recibe el vendedor (donante): entre 1,000 y 7,500 dólares.






