
En 2022 y 2023, todo México se sintió atendido durante la pandemia que azotó a miles de hogares en todo el mundo. Algunos se vanagloriaron por su actuar en el salvamento de miles de vidas, y muchas fueron las historias de éxito surgidas del infortunio del COVID-19.
En la actualidad, existe una decadencia en la calidad de los servicios de salud en todo México: nefastos, güevones, «por mí tragan», vaquetones y otros apodos que manifiestan solamente el mal actuar. Sin embargo, la población desconoce el origen de todo esto.
La reducción en el presupuesto federal para el sistema de salud ha socavado y provocado un hartazgo en la sociedad médica y en las áreas afines, lo que ha derivado en errores humanos fatales como los que estamos viviendo en estos tiempos. Muertes y errores siempre han existido, pero no eran por la falta de personal de limpieza; no se hablaba de la falta de especialistas, mucho menos por la falta de insumos para la salud. El personal médico y de áreas afines está trabajando con un sistema sobreexplotado y rebasado completamente por el estrés y la mala vibra que provoca la falta de personal y de insumos en todo el sistema nacional de salud, lo que ocasiona que la población entera se exprese en términos de odio generalizado en cualquier ámbito de la salud.
Llegó al servicio de urgencias una paciente veinteañera embarazada con pródromos de trabajo de parto —lo que la gente llama «reconocimientos del parto»—. Primeriza, se hizo acompañar por su joven pareja, igualmente inexperto. Se debe demostrar entereza, paciencia y fortaleza ante la mujer en tal atavío. Al revisarla, el médico le explicó que era necesario acudir a recibir atención obstétrica por la inminente atención del parto, señalándole que el traslado debía realizarse en ambulancia, pues no era prudente hacerlo en otro móvil.
Se le dio aviso al directivo de la necesidad del traslado. El directivo tomó su teléfono móvil para enviar mensajes de WhatsApp a sus contactos solicitando el apoyo de una ambulancia. Después de tres horas de no soltar el teléfono y de agotar todas las posibilidades, no lo consiguió, y el pródromo dejó de serlo para dar inicio a un trabajo de parto franco.
«Las mujeres expertas en estas experiencias maternas saben que, al tener ocho de dilatación, ya se habla de ‘ya me urge estar en la plancha acostada recibiendo al personal que me va a atender, con la vista fija a las intimidades de la parturienta en posición obstétrica'», dijo el directivo. No consiguió ambulancia: se tienen que ir por sus propios medios. Acto seguido, el padre del producto dijo: «Súbete a la moto, ahí nos vamos». Dijo el directivo: «No, no, cómo crees, yo los llevo, nada más permíteme dar aviso de que yo los llevo». En eso, llega una contracción uterina más fuerte y duradera, haciendo doblar las rodillas a la parturienta.
—Nombre, yo me la llevo —dijo alguien. La arrimó a la moto, la subió y se fue. Como pudo, llegó al hospital y parió.
Moraleja: «Trata a los demás como deseas que te traten a ti, y si no lo haces, luego no te quejes de las consecuencias». Así está la sociedad con el personal de salud en la actualidad.






