¿Por qué nos cuesta tolerar la incomodidad?
Aprendiendo a ser feliz / Por: Hania Sosa / Psicóloga
Tolerar la incomodidad no significa resignarnos, sino desarrollar la capacidad de permanecer presentes.
Puerto Vallarta, Jalisco.-
Nuestro cuerpo, por instinto, busca satisfacer sus necesidades y recuperar cualquier equilibrio que haya perdido. Desde lo físico, esto resulta bastante comprensible: si sentimos dolor, hambre o cansancio, buscamos aliviarlo de inmediato. Sin embargo, cuando hablamos del ámbito emocional y psicológico, las cosas se vuelven más complejas. No siempre es evidente qué incomodidad conviene sostener y cuál es una señal para modificar el rumbo. Aprender a distinguirlo es un reto constante.
Vivimos en una época marcada por la prisa y la inmediatez. Estamos acostumbrados a obtener respuestas rápidas, soluciones inmediatas y resultados casi instantáneos. En este contexto, tolerar las pausas, los procesos y las esperas se vuelve cada vez más difícil. Queremos que las cosas sucedan rápido y con el menor esfuerzo posible. Así, la incertidumbre —ese espacio donde no tenemos control ni certezas— se vuelve profundamente incómoda y muchas veces intolerable.
Por otro lado, también nos cuesta convivir con las emociones que consideramos desagradables. Tendemos a huir de la tristeza, el miedo, el enojo o la ansiedad. Evitamos situaciones que puedan despertarlas o buscamos anestesiarnos a través del alcohol, la comida, las redes sociales, el trabajo excesivo o cualquier recurso que nos ayude a “dejar de sentir” lo más pronto posible. La incomodidad emocional se vive como algo que debe ser eliminado, no comprendido.
Esta dificultad no solo se manifiesta hacia nosotros mismos, sino también hacia los demás. Nos cuesta escuchar el malestar ajeno sin sentirnos atacados, culpables o incómodos. Muchas veces preferimos evadir conversaciones profundas, especialmente cuando están relacionadas con nuestra conducta o con aspectos que nos confrontan.
Frente a esto, vale la pena preguntarnos: ¿qué me está queriendo decir esta emoción? Las emociones no son el problema. Son señales, mensajeras que nos informan sobre algo importante: una necesidad, un límite, un deseo, una herida o una situación que requiere atención. Ignorarlas no las hace desaparecer; solo las vuelve más confusas.
Al mismo tiempo, también es necesario reconocer que no siempre podremos “resolver” lo que sentimos de inmediato. Habrá momentos en los que, aun comprendiendo nuestras emociones, tendremos que aprender a dejarlas estar. Aceptar la incomodidad forma parte del crecimiento emocional.
La vida es compleja y, muchas veces, contradictoria. Podemos sentir tristeza y gratitud al mismo tiempo, miedo y esperanza, enojo y amor. Hacer las paces con esa ambivalencia nos permite vivir con mayor autenticidad. Tolerar la incomodidad no significa resignarnos, sino desarrollar la capacidad de permanecer presentes, incluso cuando no todo es claro o agradable. En ese espacio, aunque incómodo, también nace la posibilidad de transformación.
