Negligencia

Consejos de una Bisabuelita Moderna / Por un México Mejor

El abandono, por cualquier motivo, justificado o no, es el causante de tantas tragedias hogareñas.

Por desgracia estamos viviendo momentos muy difíciles en este enigmático planeta Tierra, en todos los aspectos: moral, social, económico, cultural, político, laboral, familiar… En este último pondré mayor énfasis.

En el aspecto moral, si hablamos de los siete pecados capitales, parecen un juego de niños, ¡y los diez mandamientos, una diversión!

En el aspecto social, les diré como decía Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero”.

En el aspecto económico, aparentemente… ¡ya nos estamos estabilizando!, sin embargo, la gente muere de hambre en las calles.

En el aspecto cultural, como a nadie le interesa la increíble historia de México, peligramos de que… ¡nos enteremos de que ya México ni es nuestro!

En el aspecto político, les diré como Montesquieu: “Las leyes inútiles debilitan a las necesarias”.

En lo laboral: gracias a la simplificación administrativa…

En fin, eso no viene al caso, por el momento…

En el aspecto familiar, urge desesperadamente que todos los padres de familia hagan un alto en sus vidas y se pregunten detenidamente: ¿Le doy la importancia debida a mis hijos y cónyuge? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Cuál fue el objetivo de que yo iniciara en el trabajo? ¿Le otorgo el tiempo debido a los míos?… En pocas palabras, ¿tengo las respuestas del qué es, por qué es y para qué es mi familia?

Toda persona normal, desde que nace, tiene la necesidad de desenvolverse en un ambiente familiar armónico, amoroso, tranquilo y seguro. ¡Eso le proporcionará un futuro exitoso en todos los aspectos! Si aman a sus hijos, ¡jamás se peleen frente a ellos! Recuerden que los problemas de los dos se resuelven entre dos y no debe intervenir nadie más.

Actualmente los padres de familia parecen olvidar que lo mejor que le pueden dar a sus hijos son ellos mismos. El abandono, por cualquier motivo, justificado o no, es el causante de tantas tragedias hogareñas en todos los sentidos: accidentes, abusos, desviaciones, problemas psicológicos, abusos sexuales, alcoholismo, drogadicción, vagancia, menores asesinos, enfermedades venéreas, raptos, etcétera.

Es alarmante ver cómo ha subido el índice de tragedias infantiles. La mayoría de los padres de familia, cuando se enteran de este o aquel suceso, como que no logran comprender que solo un milagro los ha salvado de no ser ellos mismos los protagonistas de esa catástrofe, y piensan que a ellos nunca les pasará.

Cuando por desgracia se encuentran atrapados en un drama familiar, la primera reacción es tratar de culpar al que se les cruce por su camino, como una autojustificación del abandono real o del sentimiento de culpabilidad que les corroe el alma.

Los raptos están a la orden del día. ¡Por favor, cuiden a sus hijos! ¡Son su responsabilidad y de nadie más! ¡Ningún tesoro podrá compararse con el valor de los niños! ¡Ellos necesitan más de sus cuidados y atenciones que de regalos y paseos costosos a cambio de su tiempo!

Recuerden que los accidentes no nacen, se hacen por el descuido. Y para mí, el nombre más adecuado es negligencia. ¡No sea negligente! No vaya a ser que le pese el resto de sus días…

¡La base de una sociedad exitosa está en la familia unida! ¡No la menosprecie!

Cariñosamente, su bisabuelita Ana I.