Humanidad magnífica

La ciudad imaginada / Por: Dr. José Alfonso Baños Francia

El verdadero desafío de nuestra época consiste en desarmar la pretensión de dominio que busca someter a la persona al servicio de la máquina.

En medio de un mundo impactado por el vértigo de los avances tecnológicos y las promesas de automatización, la publicación de “Magnífica Humanitas”, la primera encíclica del papa León XIV, llega como un llamado de atención ética. Con este documento, la Iglesia católica no busca interponerse al avance del progreso técnico, sino colocar en el centro del debate público lo que con frecuencia el mercado olvida: el núcleo del progreso es la custodia de la dignidad de la persona.

Estructurado en una introducción, cuatro capítulos y una conclusión, el documento emerge como una llamada de atención global ante el avance vertiginoso de la inteligencia artificial (IA). Destaca que el subtítulo del texto refiera a la custodia de la persona humana en tiempos de profundos avances cibernéticos.

A 135 años de que su antecesor León XIII abordara la cuestión obrera en la histórica “Rerum Novarum”, León XIV asume un reto similar ante la revolución digital. El pontífice advierte que la tecnología nunca es neutra; responde a la visión, los intereses y las estructuras de poder de quienes la financian y diseñan. En ese sentido, la encíclica confronta a la sociedad con preguntas incómodas pero necesarias: ¿quién detenta el control sobre la inteligencia artificial y hacia qué metas se orienta su capacidad acumulada?

Ello es relevante dado que las máquinas carecen de conciencia y difícilmente incluirán entre sus prioridades la verdad, la justicia, la paz o la fraternidad. Formulada como una hoja de ruta, la encíclica está dirigida a todo el público, en particular a educadores, comunicadores, científicos y legisladores.

Frente a la tentación de erigir una nueva “Babel tecnológica” donde la eficiencia, el cálculo y la homogeneización desplacen la sabiduría práctica y el juicio personal, “Magnífica Humanitas” apela a rescatar la dimensión encarnada y relacional de lo humano. Reducir la existencia cotidiana, el trabajo o las decisiones morales a meros datos y algoritmos no constituye un salto evolutivo, sino un peligroso empobrecimiento cultural.

El verdadero desafío de nuestra época no consiste en rechazar los instrumentos digitales ni en ceder ante un mundo en constante evolución, sino en desarmar la pretensión de dominio que busca someter a la persona al servicio de la máquina. León XIV recuerda que la grandeza de una civilización no se mide por la potencia de los procesadores, sino por la capacidad de orientar la innovación hacia la justicia social, la preservación del empleo digno y la protección de los más vulnerables.

En este sentido, estamos ante la oportunidad de salir de la burbuja digital en la que nos han metido y asumir una nueva alfabetización que amplíe los derechos y responsabilidades para seguir construyendo comunidades donde la premisa sea el bien común. Para ello, sigue siendo vital mantener la reflexión personal que nos permita enfrentar las amenazas de la desinformación, manipulación y los discursos de odio que parecen permear en los entornos digitales.