El último paciente: El reto de humanizar la medicina interna en la era de la inteligencia artificial y el burnout

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

Dr. Ramón Jesús Barrera Cruz, presidente del Colegio de Medicina Interna de México.

En un escenario donde el envejecimiento de la población y las enfermedades crónicas saturan los servicios de salud, el Dr. Ramón Jesús Barrera Cruz, presidente del Colegio de Medicina Interna de México, analiza el panorama de la especialidad. Desde la urgencia de regular el consumo de azúcares en la niñez hasta la adopción juiciosa de la inteligencia artificial, el especialista pone el foco en una crisis silenciosa: la salud mental de los propios médicos, quienes a menudo se olvidan de que ellos también necesitan ser atendidos.

Sobre los retos actuales y futuros de la especialidad, ¿cuál es el panorama actual? ¿Cuáles son los tres principales retos que enfrenta la medicina interna en México hoy y cómo se está abordando desde el colegio?

Uno, el envejecimiento de la población, que representa una cada vez mayor carga para el médico internista. El médico internista es el especialista de los 18 años en adelante que se encarga de toda la carga densa de enfermedades crónico-degenerativas de nuestra población; nos abordamos más a problemas complejos y a mucho paciente hospitalizado. El primer reto es atender esa gran carga de trabajo que nos viene en estos años.

La segunda es acoplar las nuevas tecnologías en el quehacer diario de nuestra práctica médica. Con esto me refiero a la inteligencia artificial, que está muy en boga; cómo ajustar esta parte y evitar que la población lo use de manera libre o alterna, pues buscar padecimientos por medio de inteligencia artificial para automedicarse no es muy bueno porque van a salir muchas enfermedades.

Y el tercer reto es la formación de nuevos talentos en medicina interna. Actualmente, la medicina interna es el pilar de nuestro sistema de salud del segundo nivel de atención. Entran como 1,600 internistas a nivel nacional, pero la demanda es muy grande. El reto es compaginar esto y formar nuevos recursos que, al egresar, tengan una estabilidad económica y un lugar donde desenvolverse de manera digna.

En cuanto a la formación de residentes con el aumento de subespecialidades, ¿cómo se asegura que no se pierda la visión integral del paciente en las nuevas generaciones de internistas?

La medicina interna es una medicina troncal. Uno termina medicina general, presenta un examen para medicina interna (o cirugía general) y de ahí derivan varias subespecialidades como cardiología, endocrinología, reumatología, infectología, geriatría o neumología. El internista tarda 4 años en especializarse y se garantiza la continuidad porque, últimamente, estamos regresando a no fragmentar las especialidades.

Por ejemplo, anteriormente si un paciente era hipertenso iba al cardiólogo, si tenía daño renal iba al nefrólogo, y si era diabético iba al endocrinólogo. El internista engloba todo esto y tratamos de ver este mensaje holístico e integrador de lo que debe ser un paciente: hay que verlo como un todo, no como órganos dispersos. Eso es algo muy importante que se está viendo en la nueva medicina con las tecnologías que ya tenemos a la mano.

Mencionaba hace rato el tema de la inteligencia artificial. Particularmente, ¿qué papel debe jugar esta herramienta en la práctica del internista y qué está haciendo el colegio para capacitar a sus miembros?

La inteligencia artificial debe ser algo que los médicos deben adoptar. Les pongo un ejemplo: cuando se inventó el estetoscopio, surgió una duda similar sobre cómo un aparato sustituiría lo que escuchamos, pero se integró. Cuando surgió el electrocardiograma, pasó lo mismo.

¿Qué hace el colegio? Capacita a los médicos dándoles pláticas de que no hay que tener miedo a la inteligencia artificial, sino adoptarla como una herramienta más y hacer un buen uso de ella para evitar sobrediagnósticos, sobretratamientos y, algo muy importante, disminuir la incidencia de errores médicos o de interacciones medicamentosas. Debe adoptarse de manera juiciosa. Nunca una tecnología ha sustituido al médico porque la tecnología da números y algoritmos, pero le falta esa parte humana de ver al paciente, conversar y entenderlo.

México lidera en diabetes y obesidad. ¿Qué propuestas concretas tiene el colegio para que el internista sea pieza clave en la prevención desde el primer nivel?

Desde el primer y segundo nivel de medicina interna nos hemos enfocado, primero que nada, en diagnosticar de manera temprana la diabetes. Se dan muchos cursos de capacitación para que se trate de manera integral y agresiva desde un inicio, con el fin de que el paciente tenga calidad de vida. Se están haciendo programas integrales dietéticos, de ejercicio y de saber qué medicamento indicar desde etapas tempranas.

Sin embargo, México lidera esto y el médico no lo va a poder hacer solo; se necesita integrar a todos los niveles: gobierno, sociedad y empresas. Hay que tomar medidas agresivas, sobre todo enfocadas a las bebidas embotelladas, que son un problema de salud. Hay que prohibirlas en la niñez. Ya cuando sean adultos, si quieren tomar algo, que sea una decisión de cada quien, similar a como se hace con las bebidas alcohólicas. Antes de los 18 años tienen que estar prohibidas.

Hay que enseñar a los niños desde etapas tempranas que eso está mal, hacer programas de educación y activación física en todas las escuelas, y revisar las comidas rápidas. Antes nos quejábamos de que pides un paquete y todo lo engrandecen (la coca, etc.); eso tiene que estar limitado y el tamaño máximo permitido debe ser el tamaño regular. También hay que trabajar de la mano con las empresas para disminuir la cantidad de azúcares en diferentes productos como yogures y jugos.

En el tema de salud mental vemos más pacientes con comorbilidades psiquiátricas. ¿Debe el internista formarse más en salud mental y contempla el colegio estos cambios?

El internista se forma en salud mental, es una parte importante. Actualmente nosotros estamos corriendo un programa que se llama “El último paciente”. ¿Quién es el último paciente? Es el médico. El médico tiene una carga de enfermedades mentales muy alta de depresión y de suicidios, y tenemos que empezar por esta parte.

A nivel de la población, el médico internista es especialista en diagnosticar esto, pero cuando son enfermedades mentales serias, como la depresión grave, tendencias suicidas, esquizofrenia o bipolaridad, hay un especialista que es el psiquiatra, y es él quien debe tratarlo.

Hablaba hace rato sobre el desgaste de los médicos. El burnout en medicina interna es alto. ¿Qué programas concretos tienen como colegio para cuidar la salud mental y laboral de los agremiados sanitarios?

Actualmente tenemos el programa “El último paciente”, que estamos realizando junto con unas empresas y el Colegio de Psiquiatría. Consiste en concientizar al médico de que él es el último paciente, que no tiene que hacerse el fuerte, y empezar esto desde los residentes. Anteriormente, si no soportabas la carga en la especialidad se consideraba que no servías para eso, pero los índices de depresión, burnout y suicidios son altísimos.

Actualmente se están haciendo programas enfatizados en la salud mental, promoviendo que un médico tiene que tomar un descanso y estar relajado. El estar estresado y sin dormir solo aumenta el índice de depresión y de errores médicos, y es algo que hay que evitar.

En cuanto a los colegiados agremiados, muchos médicos perciben la recertificación como una carga. ¿Qué está haciendo el colegio para que el proceso sea más ágil y haya más actualizaciones?

Algo que tienen que entender todos los médicos es que terminar como médico internista no te da el derecho de ejercer de manera ilimitada toda tu vida. Es como una licencia de conducir: tienes que renovarla y estar actualizado. La certificación y recertificación cada 5 años debe ser una obligación de cada médico especialista, algo que debe regular el gobierno.

¿Qué es lo que debe hacer el colegio? Dar la oportunidad de educación médica continua y dar los cursos necesarios. Cabe aclarar que la certificación la maneja el Consejo de Medicina Interna de México; el colegio se dedica a educar, no a certificar. El colegio educa y da cursos de educación médica continua, y el consejo es el que certifica y nos evalúa. Pero esto debe ser una obligación ética, moral y un deber de cada médico. Yo no iría con un médico que se certificó hace 15 años, porque hablaría de un especialista al que no le interesa estar actualizado. La sociedad tiene que exigir esto para tener la seguridad de que está en buenas manos.

Finalmente, a una visión de 5 años, si tuviera que definir un solo logro que le gustaría alcanzar para el colegio al terminar su gestión, ¿cuál sería y por qué?

Educación médica continua. Enfocarnos en congresos de alta calidad en donde participen especialistas extranjeros y nacionales reconocidos. Y la otra, concientizar a los médicos de que los cursos de educación continua son necesarios para mantenernos actualizados. Hay que enfocarlos a que se certifiquen cada 5 años por el bien del médico, por el bien de la sociedad, para disminuir el índice de demandas y darle una atención de calidad a nuestros pacientes.