Armonía, progreso, seguro
Red Interna / Por: Humberto Famanía Ortega
Puerto Vallarta. Jalisco.-
El desbordamiento de las pasiones puede ocasionar un ataque impetuoso que ponga en aprietos a una administración gubernamental. Ante estas situaciones, la razón es la que termina imperando en los ánimos del gobierno y de los gobernados.
Por eso, la pasión y la razón no pueden coexistir. Se hace necesaria una lucha incondicional si uno está dispuesto a contribuir a que llegue a gobernar el bien. Para una decidida lucha por el bien, destinada a eliminar el mal, se requieren reglas precisas y no deben dejarse de lado.
Si una administración gubernamental pretende obtener el triunfo, hay que recordar la sabiduría aforística de los chinos, reunida durante más de 3000 años.
Primero: la decisión debe fundarse en un enlace entre la fuerza y la debilidad.
Segundo: el compromiso con el mal no es viable; este debe quedar desacreditado, sean cuales fueren las circunstancias. Del mismo modo, tampoco es lícito disimular o embellecer las propias pasiones y defectos.
Tercero: la lucha no debe ser conducida por medio de la violencia directa, allí donde el mal se ve descubierto y estigmatizado. Se lucubra sobre las armas a las que se deba recurrir, y cuando uno le hace el juego al mal combatiéndolo golpe por golpe, sale perdiendo, pues de esta forma uno mismo queda enredado en odios y pasiones.
Por tanto, es cuestión de comenzar mirando por casa, manteniéndose personalmente alerta en cuanto a los defectos estigmatizados. Así, las armas del mal perderán por sí solas su filo al no toparse con ningún adversario. Del mismo modo, los defectos propios tampoco han de combatirse directamente.
Cuarto: la mejor manera de combatir el mal es un enérgico progreso en el sentido del bien.
De lo anterior expuesto, es necesario abundar aún más en el comportamiento del ser humano cuando asume responsabilidades en el liderazgo.
En la formación del carácter de estos individuos se debe tener especial cuidado de no empecinarse en cuestiones de amor propio. Al contrario, hay que mantenerse en condiciones de causar buena impresión gracias a un constante y riguroso autoexamen.
Esta colaboración la elaboré con el único fin de poner mi granito de arena en la búsqueda de la armonía y del trabajo en equipo de todos los mexicanos, y muy especialmente de los vallartenses. Dejando a un lado pasiones partidistas o personales que van en detrimento de nuestra comunidad.
Al mismo tiempo, los convoco a que cada día superemos nuestras diferencias por el bien de nuestro amado paraíso escondido: Puerto Vallarta, Jalisco.
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