Colegio La Marina celebró 34 años

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

  • La ceremonia desbordó patriotismo, arte infantil y la calidez de la comunidad

Puerto Vallarta, Jalisco.-

Hubo banderas que se entregaron como herencia, camisetas firmadas por marinos de corazón noble, y niños que cantaron el Himno Nacional con la mano en el pecho y los ojos llenos de ilusión. Así fue la celebración del 34 aniversario del Colegio La Marina, una institución que no solo educa, sino que abraza con el alma.

Francamente emotiva resultó la ceremonia matutina que, desde las 9:30, convirtió el patio escolar en un escenario de afectos encontrados: la nostalgia por los años vividos y la alegría desbordante por lo que aún está por venir. Porque el Colegio La Marina nació del amor a la educación, sí, pero también de un ADN forjado en tres pilares inquebrantables: la libertad, el respeto por la naturaleza y la cercanía humana. Hoy, tres décadas y cuatro años después, esa esencia sigue siendo la misma: un espacio donde el aprendizaje brota de la tierra, como las raíces de los árboles que custodian sus aulas.

El acto comenzó con honores a la bandera a cargo del personal de la Doceava Zona Naval. El Himno Nacional Mexicano sonó y, con él, la emoción de los niños surgió desde lo más profundo de su ser. No fue un canto mecánico: fue un latido colectivo. Más tarde, las notas del himno de la Heroica Escuela Naval Militar de México y el propio himno del colegio resonaron con orgullo, y los oficiales contagiaron su fervor a los pequeños. El momento cumbre del protocolo llegó cuando los oficiales de la escolta pasaron la bandera a los alumnos de sexto grado de primaria. Un legado de responsabilidad que se entregó con las manos firmes y el corazón henchido.

Palabras que nacen del alma

Al concluir el acto académico, la maestra Luz Alicia Ramos Robles, directora del plantel, tomó la palabra y, con la emoción contenida en la garganta, agradeció a quienes han hecho posible este sueño compartido. Primero a los padres de familia, por la confianza depositada día a día. Luego a la 12ª Zona Naval a quien reconoció por su acompañamiento ininterrumpido durante 34 años, en cuya representación estuvo el Capitán Víctor Mejía Morán, “Nos han dado la inspiración y el orgullo del amor a la patria”, dijo con voz firme. También extendió su gratitud al director general de LANS, Israel Meza, por su invaluable respaldo. Y finalmente, a todos los asistentes: “Gracias por creer en esta forma de educar”.

Arte, folklore y una “Otra España” que conquistó al público

El programa artístico fue un escaparate de la educación de calidad que reciben los alumnos, desde preescolar hasta bachillerato. Los bailes folclóricos hicieron vibrar a los padres, pero fue la interpretación de “La otra España” de Mocedades, a cargo de los estudiantes de secundaria y bachillerato, la que arrancó una ovación cerrada. La canción, cargada de melancolía y belleza, se convirtió en un puente generacional que emocionó tanto a abuelos como a niños.

El momento más esperado por los chiquillos llegó con la partida simbólica del pastel. Aplausos, risas y miradas fijas en la enorme torta decorada con motivos navales. Pero si eso fue una fiesta, lo que vino después fue un gesto que quedará grabado en la memoria infantil: los cadetes y marinos, fieles a su compromiso de servir y dar ejemplo de sencillez y calidez humana, comenzaron a firmar camisetas, libretas e incluso sombreros de los niños. Los pequeños, emocionados, hacían fila con la sonrisa de quien recibe un tesoro. “Mira, mamá, el marino me escribió algo”, decía uno mientras señalaba su pecho. La calidad humana del personal castrense brilló más que cualquier uniforme de gala.

Convivencia, pan y sal

El festejo continuó con una convivencia en la que alumnos y marinos compartieron el pan y la sal en un desayuno armónico. No hubo protocolos rígidos ni distancias: hubo diálogos espontáneos, niños contando sus sueños de convertirse en capitanes, y marinos escuchando con paciencia de maestro.

Broche de oro con mariachi

Para cerrar con la alegría que merece un 34 aniversario, las notas del mariachi hicieron saltar de emoción a todos los presentes. Durante dos horas, la música más mexicana invadió el colegio. Padres, maestros y niños cantaron a coro y aplaudieron. El sol de la mañana se convirtió en testigo de una celebración que, más que un aniversario, fue una reafirmación: el Colegio La Marina sigue siendo ese lugar donde la alegría y el aprendizaje brotan de la tierra, listos para enfrentar cualquier desafío del mañana. Porque en el Colegio La Marina, educar es sembrar futuro con las manos llenas de presente.