¡Una hazaña sin precedentes!

Medicina Familiar / Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia

Dr. Marco Antonio Inda Caro, Médico de Familia

Me refiero a las personas que dieron todo por la vida de otra. Cuando la ética, la moral y el compromiso se suman, todo un equipo de personas lleva una capa con las letras del IMSS. Todos atendieron, cada uno agregó una valiosa aportación, pero hubo un personaje que no dudó en lo absoluto: la administradora de un hospital del IMSS en la zona norte del estado de Nayarit.

Esta historia tiene el único fin de mostrar el otro lado de aquel domingo 22 de febrero, cuando un cuarto de la movilidad y la vida del país se vio amedrentada por terceros. Es una historia que se tiene que contar. Le hablé para pedirle permiso de contar su aventura y le pregunté por qué lo hizo y qué pasó ese lunes 23.

Resulta que, al inicio de los disturbios del domingo 22 de febrero, entre las 10 y 11 de la mañana, le marcaron el alto a un trailero en el norte del estado de Nayarit con el único fin de atravesar su vehículo en la carretera México-Nogales. Al resistirse a bajarse, lo incineraron junto con el chofer adentro. Unas personas lo apagaron con mantas y tierra y lo trasladaron al hospital con una quemadura del 60 al 80% de su superficie corporal. A su ingreso, resultó no derechohabiente, iniciando su atención médica con base en el artículo 4° constitucional.

El diagnóstico “gran quemado” requiere de un manejo en un hospital altamente especializado; sin embargo, cuando la necesidad y el deber ser del personal médico y de enfermería se imponen, inician su atención médica logrando estabilizar momentáneamente su condición de salud. Esperaban un traslado a un hospital con UCI, pero no fue posible por los disturbios. El tiempo era oro, pero aquí inicia una verdadera proeza, indiscutiblemente, entre el personal del HGZ 6 de Acaponeta, liderada por un equipo multidisciplinario, dándole seguimiento al manejo médico y a las condiciones del paciente. Como pudieron, lo mantuvieron con vida. Pasó el día y la noche con dificultad por un ardor enorme que seguía calcinando todo su cuerpo, agregándose desequilibrio hidroelectrolítico y falla renal aguda.

No había más. Ese paciente ya estaba intubado. El lunes 23 no hubo camiones, las carreteras vacías, una desolación increíblemente nunca vista, solamente agentes del orden público en caravanas. Ya no tenían los recursos para mantenerlo más; sin embargo, el personal adscrito al hospital luchó esforzándose junto al paciente. Cuando se trata de responsabilidad y se juntan talentos, se realiza exitosamente aquello que las personas llaman milagros.

—¿Qué hiciste? —le pregunté.

—Pues yo le dije al director: “¿Cómo que quién se lo va a llevar? ¡Pues yo! ¡Yo me llevo la ambulancia con el paciente! Ese paciente no puede estar aquí y el personal médico ya hizo lo que pudo, ahora nos toca a nosotros”. Y el chofer de la ambulancia no se presentó, no hay camiones y la gente tiene miedo de salir, yo me lo llevo. Cuando iba manejando, mi corazón ya se me salía del pecho, la adrenalina iba al 100. Nos escoltó una patrulla, solamente veíamos las fumarolas de los camiones todavía enardecidos.

Actualmente el paciente sigue con vida, internado en el HGZ 1 en Tepic, con un traslado pendiente a un centro especializado para quemados.