No siempre recibimos lo que damos, pero siempre damos lo que somos

Aprendiendo a ser feliz / Por: Hania Sosa / Psicóloga

Vivir con conciencia emocional implica aprender a elegir mejor nuestros vínculos.
Psicóloga Hania Sosa

En repetidas ocasiones, tanto mis pacientes como yo misma, nos hemos hecho la misma pregunta: ¿por qué, si me comporto de manera correcta, no recibo lo mismo a cambio? Esta semana, justamente, volvíamos a reflexionar sobre este tema, llegando a una conclusión importante: necesitamos desmitificar la idea romántica de que siempre recibimos lo que damos. Porque, aunque suene bonito, no necesariamente es así. Y mucho menos podemos esperar recibirlo, exactamente, de la misma persona a quien se lo entregamos.

No siempre recibimos lo que damos, pero siempre damos lo que somos. Damos desde nuestra historia, desde nuestras heridas, desde nuestros recursos emocionales y desde nuestra capacidad de amar, cuidar o sostener. Lo mismo sucede con los demás: nadie nos da más de lo que tiene. Nadie ofrece algo que no ha aprendido, trabajado o sanado previamente.

Muchas veces sentimos que no recibimos lo que es “justo”. Sin embargo, eso no significa automáticamente que nosotros hayamos hecho algo mal. Significa, más bien, que cada persona responde desde su propio mundo interno. Desde lo que sabe, desde lo que puede, desde lo que le alcanza emocionalmente. Y entender esto no implica convertir a los otros en villanos. No se trata de señalar culpables, sino de reconocer que todos estamos atravesados por nuestras propias historias.

Esta comprensión puede ayudarnos a vivir con menos rencor, con menos resentimiento y con más paz. Nos permite soltar expectativas irreales y dejar de esperar que los demás reaccionen como nosotros lo haríamos. Sin embargo, aquí es donde necesitamos ser especialmente cuidadosos.

Porque comprender y empatizar no significa quedarnos donde no es saludable para nosotros. No significa minimizar nuestras emociones, ni callar nuestras necesidades, ni justificarnos constantemente a quien no sabe cuidarnos. A veces, en nombre de la empatía, terminamos anulándonos.

Tampoco se trata de endurecernos, cerrarnos al amor o vivir en desconfianza permanente. No se trata de levantar muros, sino de aprender a poner límites. De desarrollar una cautela sana que nos permita observar: ¿aquí soy cuidada/o como yo cuido?, ¿aquí puedo ser yo sin lastimarme?, ¿aquí mis emociones importan?

Vivir con conciencia emocional implica aprender a elegir mejor nuestros vínculos. No solo en pareja, sino también en familia y amistades. Implica quedarnos donde hay reciprocidad, respeto y espacio para crecer.

Porque dar desde el corazón es valioso. Pero aprender a cuidar el propio corazón también lo es.

Contacto: Hania Sosa, Psicóloga, 3221219959, hania_psicologia@hotmail.com