Jugar porque sí
La ciudad imaginada / Por: Dr. José Alfonso Baños Francia
Si bien nuestro puerto no fue sede mundialista, el gobierno de Jalisco aprovechó el evento para montar el Fan Fest.
Cuenta el maestro Eduardo Galeano que, como todos los uruguayos, quiso ser jugador de fútbol, pero sólo lo era cuando soñaba. Mejor nos dejó un libro exquisito, “El fútbol a sol y sombra”, que narra algunos avatares del deporte que trasciende los confines de los estadios.
Recién ha concluido la Copa Mundial de Fútbol 2026, que tras 39 días de intensa actividad deja un legado interesante para la historia. Por primera vez participaron 48 selecciones, demasiadas a juicio de algunos especialistas y que finalizó con la consagración de España, logrando su segunda estrella mundialista tras vencer a Argentina con un marcador de 1 a 0 en una dramática prórroga disputada en el estadio de Nueva Jersey.
En lo deportivo, el torneo regaló momentos memorables. La participación de equipos como Cabo Verde, Egipto, Marruecos e Irán aportaron pincelazos de frescura genialidad gracias a la sencillez de sus jugadores. Muchos tenían depositada su confianza en Francia que, si bien jugó excelente, no pudo acceder a la instancia final tras toparse con la selección española, la cual deslumbró con el talento de su nueva generación de futbolistas. Por su parte, Argentina demostró una garra incansable al defender su título hasta los últimos instantes de la final.
El rol de los países organizadores también ha sido motivo de debate. Canadá destacó por su eficiencia organizativa y ambiente multicultural. Estados Unidos desplegó una infraestructura monumental que albergó los choques decisivos de la fase final. Y nuestro país, aportó la mística, alegría y pasión única de espacios legendarios como el Estadio Azteca.
En cuanto al trabajo de la FIFA, la justa mundialista incluyó severas críticas a su gestión, destacando la participación excesiva de selecciones, diluyendo la calidad competitiva durante varios pasajes de la fase de grupos. También se señalaron los agotadores desplazamientos entre sedes con variedad de climas y múltiples husos horarios, afectando el rendimiento físico de los jugadores. Quizá lo más cuestionable fueron los precios prohibitivos de los boletos de acceso a los estadios, que alejaron a gran parte de los fieles aficionados.
Si bien nuestro puerto no fue sede mundialista, el gobierno de Jalisco aprovechó el evento para montar el Fan Fest frente a la unidad deportiva Agustín Flores, infraestructura de calidad que permitió la convivencia entre vallartenses y turistas. En pantalla gigante se pudieron observar muchos de los partidos, incluidos los de la Selección Mexicana, que también destacó por sus buenos resultados. Además, vinieron músicos de gran calidad como Julieta Venegas, los Auténticos Decadentes, Mago de Oz y los Amigos Invisibles.
El Mundial 2026 se despide como un gigantesco éxito de infraestructura y audiencia, pero también como un llamado de atención: el negocio no debe sobrepasar la esencia ni la accesibilidad del deporte más popular del planeta. A medida que el deporte se ha vuelto una industria, ha ido desapareciendo la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.
