Funciones sustantivas del gobierno y enajenación social
Educación y parentalidad / Por: Dr. Jesús Cabral Araiza
La siguiente vez que salgamos a las urnas a votar, observemos la congruencia en los candidatos y los partidos.
“Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable.” Cicerón
No pretendo hacer leña del árbol caído, pero sí poner algunos puntos de reflexión claros respecto a las funciones sustantivas del gobierno municipal y los predicamentos en la calidad de vida en los que compromete a la sociedad civil mayoritaria.
En semanas recientes, la ciudad de Puerto Vallarta ha sufrido estragos por falta de capacidad en la gobernanza y gestión de las necesidades sustantivas que tiene el Estado (Municipio) para dotar a los ciudadanos de servicios públicos indispensables. Todos hemos padecido la falta de calidad en la recolección de basura, situación agravada por la época de lluvias, que dispersa los desechos y genera fauna nociva y focos de infección.
Otro aspecto no menos negativo es la falta en el suministro de agua. Aunque dieron una “justificación” de por qué la empresa contratada no cumplió y luego entró a rescatar el problema el SIPAL, lo cierto es que las justificaciones sobran cuando la incompetencia es latente.
Sumado a ello, están las campañas abiertas o veladas del partido en el poder, que hacen alarde de los servicios sociales anteponiendo la figura del tucán, suponiendo que la población en general tiene la misma falta de sentido común que esa cúpula de dirigentes en turno en la representación del Ayuntamiento. Pues toda persona con un mínimo de sentido común sabe que no hay tucanes en Puerto Vallarta, como tampoco hay jirafas o rinocerontes de manera natural; no es su hábitat.
Lo que sí es verdad es que esa imagen es por ser el partido político en el poder, y eso es por demás lamentable, pues caen en el mismo cliché de partidos que usan colores o símbolos nacionales en sus imágenes de partido.
México en general, y Vallarta en lo particular, ya no está para eso y no merece ese trato humillante de una clase política sin capacidad ni sentido común para gobernar.
Pero quizás lo más triste es que “está flaca la caballada”, y si alguno de ustedes pensaba que les iba a proponer una alternativa de partido o candidatos, la realidad es que están para llorar todos ellos.
Lo que sí podemos hacer como sociedad civil es ser más organizados y críticos de nuestros gobernantes, pues como señalaba Mark Twain: “A los bebés y a los políticos hay que cambiarlos constantemente, y siempre por las mismas causas”.
Espero, amable lector, que la siguiente vez que salgamos a las urnas a votar, observemos la congruencia en los candidatos y los partidos, y no nos dejemos llevar ni por regalos, imágenes o promesas. Evaluemos la trayectoria de los locales, qué tantos compromisos tienen con grupos de poder y qué intereses los han colocado en un lugar para el que se supone están para servir a la mayoría y no para servirse del puesto.
No tengo dudas de que mucha gente piensa hacer el bien cuando está en la oposición, pero no sabe cómo va a actuar cuando siente que tiene cierto “poder”. Valdría la pena que muchos de ellos fueran a terapia antes de entrar al mundo de la política; quizás tendríamos otro México.
Quiero pensar que soy optimista y no soñador, pero si así fuera, quiero seguir pensando que hay más gente buena que políticos sin sentido común y sin ganas de gobernar con calidez, y que más bien reflejan las ganas de beneficiarse ellos mismos.
