Febrero mes del amor

Nuestra primera relación en la que sentimos amor, es el referente para las futuras relaciones amorosas

SanaMente

Ana Paula González Toledo

Psiquiatra

El amor es una droga. Así como el tabaco y el alcohol, el amor provoca los mismos efectos de placer sobre el cerebro. Cuando se le pregunta a una persona cuándo fue la primera vez que se enamoró, o en qué contexto fue, habitualmente la descripción es detallada y va acompañada de una carga emocional positiva que hace que “todo se vea color de rosa”. El amor nos hace perder la objetividad.

El periodo inicial de la relación amorosa se caracteriza por la ilusión. La ilusión es, ver al objeto distorsionado, en el caso del amor, la distorsión consiste en solo tomar en cuenta lo positivo y mitigar lo negativo, de ahí la frase “es que antes no eras así”, en realidad sí, solo que algunos detalles, a menudo desagradables se pasaron por alto.

Los circuitos neuronales involucrados en la sensación de amor están bien descritos, y un componente importante de los mismos es la gran correspondencia que cada vía tiene con el hipocampo. El hipocampo es un núcleo cerebral que se encarga, entre otras cosas de codificar y almacenar las memorias. Las experiencias que provocan una gran emoción se guardan por decirlo de algún modo con más fuerza.

Se sabe que nuestra primera relación en la que sentimos amor, es el referente para las futuras relaciones amorosas, y a diferencia de lo que se pueda pensar, esta primera relación amorosa es la que tenemos con nuestros padres. De ahí que existan patrones al elegir a las parejas, o que de manera inconsciente uno busque en las parejas, la cualidad o el modo de amar de uno o ambos progenitores. Hacer consciente este patrón es de mucho beneficio para todas las personas, y especialmente para aquellas que no desean tener como pareja a alguien que se parezca a sus padres. A estas personas les recomiendo que primero se definan a sí mismos y sus gustos, para que en la medida de lo posible, elijan una pareja desde sus deseos actuales y no desde sus recuerdos subconscientes de amor.

No hay nada más fascinante que la sensación que produce la expectativa de ver a una pareja, o del primer beso con alguien que realmente amamos, la experiencia queda tan tatuada en el hipocampo que, al recordarlo lo volvemos a vivir, con todo y la sensación física de “maripositas en el estómago”. Me gusta mucho preguntarles a mis pacientes de 80 años, o más, quién fue el amor de su vida, el semblante les cambia y un disparo de emoción es visible en sus ojos, por que independientemente de la depresión o la demencia que les aqueja, lo recuerdan.