
- La coach en Salud Integral, Olivia Segura, advierte que las redes sociales y la virtualidad están desvirtuando la identidad natural de los jóvenes, quienes buscan refugio en comunidades digitales ante la ausencia de límites y afecto en el núcleo familiar.
Puerto Vallarta, Jalisco.-
En un mundo donde las plataformas digitales se han erigido como los nuevos señores feudales, la identidad humana enfrenta una de sus crisis más profundas. Olivia Segura, coach en Salud Integral, conversó con este diario sobre un fenómeno que, aunque ha existido a lo largo de la historia, hoy cobra una dimensión preocupante: la adopción de identidades alternativas —como los therians, personas que se identifican con animales— y la influencia de ideologías externas que, según ella, degradan la esencia biológica y natural del ser humano.
Olivia Segura sostiene que desde el momento de la concepción, el ser humano posee una identidad intrínseca e inalterable. «No podemos rechazar lo que somos de manera natural. Yo soy una mujer, tú eres un hombre, y eso no lo podemos ignorar porque viene dentro de nosotros», afirma. Para la especialista, pretender ser algo que no se es —como una pera que intenta convertirse en manzana— solo conduce a una imitación vacía, a una copia sin esencia. «En el interior hay un vacío, hay tristeza. Muchas veces hay una herida que no se ha sanado», añade.
El fenómeno, lejos de ser aislado, se ve exacerbado por las redes sociales, espacios donde los jóvenes construyen vidas alternativas y adoptan realidades distintas a las que viven cotidianamente. Segura señala que estas plataformas, controladas por los dueños de la virtualidad, no solo difunden mentiras disfrazadas de verdades, sino que también alimentan algoritmos que refuerzan conductas autodestructivas. «Los jóvenes encuentran grupos afines que, en lugar de ayudarlos a crecer, los sumergen más en su dolor», explica.
La familia, pilar en crisis
Uno de los puntos centrales del análisis de Segura es el rol de la familia. Para ella, la ausencia de los padres —ya sea por ocupaciones laborales o por el uso excesivo de dispositivos electrónicos— ha dejado un vacío afectivo que los jóvenes intentan llenar en entornos virtuales. «Como seres relacionales necesitamos abrazos, palabras de afirmación, cariño. Si no lo recibimos en casa, lo buscamos en un aparato electrónico o en una red social donde creemos que nos aman, pero que a menudo nos dañan más», advierte.
La coach subraya que la falta de límites y la permisividad parental están fomentando una generación frágil, incapaz de enfrentar la vida con resiliencia. «Los mismos padres han fomentado esa fragilidad por el querer dar todo. Pero al no poner límites, no los preparan para la vida real», dice. Y añade: «Se ha perdido el sentarse a hablar con los hijos, a educarlos con transparencia sobre lo que significa ser hombre o mujer. Esa ausencia deja un terreno fértil para la confusión».
Segura también critica el sistema educativo y social que, según ella, ha despojado de autoridad a los maestros y ha enseñado a los jóvenes a demandar a sus padres. «Ya no hay respeto. El adolescente sabe que tiene poder, pero ¿quién se lo dio? Se ha perdido la verdad y el cimiento sobre el que se sustenta una familia», reflexiona.
Virtualidad vs. realidad
La pandemia, señala Segura, agudizó esta desconexión. El aislamiento privó a los niños de habilidades blandas como la comunicación y el trabajo en equipo, y los sumergió aún más en la virtualidad. «Ahora tenemos jóvenes que pasan más tiempo en una realidad virtual que en la realidad misma. Eso genera inseguridades, los lleva a preguntarse quiénes son y a adoptar posturas que no les corresponden», explica.
Para Segura, el problema no es que existan diversas formas de entender la sexualidad o la identidad, sino que esas ideas —muchas veces importadas de otros contextos culturales— se adopten sin un fundamento sólido. «Las redes sociales nos están llenando de mentiras que se adoptan como verdades. Si no tenemos bien fundamentado quiénes somos, vamos por la vida adoptando posturas que nos llevan a la degradación», sentencia.
La coach hace un llamado urgente a los padres para que retomen su responsabilidad y guíen a sus hijos con límites claros y afecto genuino. «No se trata de dar todo, sino de formar cimientos fuertes. La escuela es formativa, pero la educación viene de casa. Si desde ahí no hay respeto ni amor, ¿qué podemos esperar?», cuestiona.
Un llamado a las verdades universales
Segura concluye que la solución pasa por recuperar las verdades universales y los valores fundamentales: la honorabilidad, el respeto a uno mismo y a los demás. «Estamos viendo jóvenes que actúan con odio porque están metidos en un entorno que los contamina. Pero cuando logran salir, cuando sanan, se dan cuenta de cuánto amor necesitaban y no recibieron», dice.
Para la especialista, el reto es mayúsculo, pero no imposible. «Necesitamos hablar desde las verdades, desde nuestra identidad. Que nuestros jóvenes encuentren quiénes son realmente en lo que son de manera natural. Eso es lo que los va a guiar como adultos», finaliza.
La conversación con Olivia Segura deja una certeza: en la era de la virtualidad, recuperar la esencia humana y el calor del núcleo familiar no es solo una necesidad, sino una urgencia.






