Calles seguras comienzan con ciudadanos responsables: la cultura vial pendiente
Testigo Urbano / Por; Arq. José Pelayo
La infraestructura importa, pero por sí sola no salva vidas. La convivencia entre peatones y conductores exige calles mejor diseñadas y una nueva cultura de respeto mutuo.
Puerto Vallarta ha consolidado su crecimiento como uno de los destinos turísticos más importantes del Pacífico mexicano. Sin embargo, ese desarrollo no ha estado acompañado, en muchos casos, de una evolución equivalente en materia de movilidad segura y cultura vial. El resultado es una realidad cotidiana donde peatones, automovilistas, motociclistas, ciclistas y operadores del transporte público comparten el mismo espacio bajo condiciones que, en numerosas ocasiones, incrementan el riesgo de accidentes.
El problema no puede atribuirse únicamente a la infraestructura ni exclusivamente al comportamiento de los usuarios de la vía pública. La evidencia nacional e internacional demuestra que la seguridad vial es el resultado de la interacción entre tres factores fundamentales: infraestructura segura, regulación efectiva y cultura cívica. Cuando uno de estos componentes falla, todo el sistema pierde eficacia.
Una ciudad donde caminar aún representa un desafío
Caminar debería ser la forma más segura de desplazarse dentro de cualquier ciudad. Sin embargo, en distintos sectores de Puerto Vallarta aún es posible encontrar problemas recurrentes como:
- Banquetas con deterioro estructural
- Superficies desniveladas;
- Rampas inexistentes o mal construidas
- Obstáculos permanentes sobre las aceras
- Señalización horizontal desgastada
- Cruces peatonales poco visibles
- Tiempos semafóricos que no consideran a adultos mayores o personas con movilidad reducida
La propia política nacional de movilidad reconoce que el peatón debe ocupar el primer nivel de prioridad dentro del sistema vial, principio establecido en la legislación mexicana y desarrollado posteriormente en el Manual de Calles y en el nuevo Manual de Señalización y Dispositivos para el Control del Tránsito en Calles y Carreteras, documentos que establecen criterios técnicos para diseñar calles más seguras y accesibles.
El problema no termina donde inicia la banqueta
No obstante, sería un error responsabilizar únicamente a la infraestructura.
La cultura vial también presenta importantes áreas de oportunidad.
Es frecuente observar conductores que:
- No ceden el paso al peatón en cruces señalizados
- Exceden la velocidad en zonas urbanas
- Invaden pasos peatonales al detenerse en semáforos
- Utilizan teléfonos móviles durante la conducción
- Estacionan vehículos sobre banquetas o rampas para personas con discapacidad
Pero la corresponsabilidad también alcanza a los peatones.
Cada vez es más común observar personas que:
- Cruzan fuera de las zonas destinadas para ello
- Atraviesan avenidas entre vehículos estacionados
- Utilizan el teléfono celular mientras cruzan
- Ignoran puentes o cruces semaforizados cuando existen alternativas seguras
- Asumen que el conductor siempre podrá detener completamente un vehículo
La seguridad vial moderna parte de un principio ampliamente aceptado por organismos internacionales: ningún usuario de la vía pública debe depender exclusivamente del comportamiento del otro para mantenerse con vida. Las calles deben estar diseñadas para reducir el error humano, pero los ciudadanos también deben actuar con responsabilidad. Los errores humanos siguen siendo la principal causa. Los datos nacionales respaldan esta realidad.
En México, la gran mayoría de los siniestros de tránsito tienen relación con errores humanos, más que con fallas mecánicas o condiciones climatológicas. Este diagnóstico fue uno de los fundamentos para la creación de la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, cuyo objetivo es reducir lesiones y fallecimientos mediante una combinación de mejor infraestructura, regulación y educación vial.
La experiencia internacional demuestra que aumentar únicamente las sanciones produce resultados limitados si no existe una transformación cultural acompañada de mejores condiciones urbanas.
Ciudades que cambiaron la cultura vial
Estocolmo, Suecia: “Visión Cero”
En 1997 Suecia implementó la estrategia Vision Zero, basada en una idea sencilla pero revolucionaria: el sistema vial debe diseñarse aceptando que las personas cometerán errores.
Las soluciones incluyeron:
- Cruces peatonales más visibles;
- Reducción de velocidades urbanas;
- Mejor iluminación;
- Rediseño geométrico de intersecciones;
- Campañas permanentes de educación.
El resultado ha convertido a Suecia en uno de los países con menores índices de mortalidad vial del mundo.
Lo importante es que no se culpó únicamente al conductor ni únicamente al peatón; se transformó el sistema completo.
Bilbao, España
Bilbao redujo progresivamente los límites de velocidad a 30 km/h en gran parte de su red urbana, acompañando la medida con rediseño de calles, mejor señalización y campañas educativas.
El objetivo no fue únicamente disminuir accidentes, sino generar una convivencia más segura entre todos los usuarios de la vía.
Bogotá, Colombia
Bogotá apostó por intervenciones relativamente económicas:
- Pintura de cruces altamente visibles
- Ampliación de banquetas
- Refugios peatonales
- Programas permanentes de educación vial desde escuelas
La ciudad entendió que modificar hábitos requiere intervenir simultáneamente en el espacio físico y la conducta ciudadana.
Ciudad de México
La capital del país ha implementado diversos programas derivados de su política de Visión Cero, priorizando:
- Cruces seguros
- Reducción de velocidades
- Rediseño de intersecciones
- Fortalecimiento de la infraestructura peatonal
Aunque aún existen retos importantes, estas acciones han servido como referencia para otras ciudades mexicanas.
Puerto Vallarta necesita una estrategia integral, no acciones aisladas
La solución no consiste únicamente en pintar más pasos peatonales ni en colocar nuevas señales.
Se requiere una política pública integral basada en cinco ejes.
1. Auditoría técnica de infraestructura peatonal
Realizar un inventario completo de:
- Banquetas deterioradas
- Rampas inexistentes
- Cruces peligrosos
- Señalización deficiente
- Intersecciones de alta incidencia
- Esta información debe convertirse en una base pública para priorizar inversiones.
2. Señalización conforme a la normativa nacional
Toda la señalización horizontal y vertical debe alinearse con la NOM-034-SCT2/SEDATU-2022 y con el Manual de Señalización vigente, que establecen criterios homogéneos para mejorar la comprensión y seguridad de todos los usuarios.
3. Educación vial permanente
La cultura vial no puede limitarse al trámite para obtener una licencia.
Es necesario desarrollar programas continuos dirigidos a:
- Escuelas
- Universidades
- Operadores del transporte público
- Motociclistas
- Empresas
- Asociaciones vecinales
Las ciudades con mejores indicadores de seguridad vial invierten de forma permanente en educación, no únicamente en campañas temporales.
4. Mayor presencia preventiva de la autoridad
La vigilancia debe priorizar conductas de mayor riesgo, como:
- Invasión de pasos peatonales
- Estacionamiento sobre banquetas
- Exceso de velocidad
- Uso del teléfono móvil al conducir
- Omisión del paso preferente al peatón
La percepción de cumplimiento mejora cuando las normas se aplican de forma consistente.
5. Corresponsabilidad ciudadana
La movilidad segura requiere un cambio cultural compartido.
Los peatones deben utilizar los cruces establecidos siempre que existan y evitar conductas de riesgo; los conductores deben comprender que la prioridad legal y ética corresponde a los usuarios más vulnerables.
La ciudad no puede dividirse entre “peatones contra automovilistas”. Ambos grupos son, en distintos momentos del día, las mismas personas.
Puerto Vallarta necesita invertir en banquetas, señalización y mantenimiento, pero también en algo menos visible y mucho más complejo: la construcción de una cultura vial basada en el respeto mutuo.
La experiencia de ciudades como Estocolmo, Bilbao, Bogotá y Ciudad de México demuestra que los mejores resultados no provienen de una sola obra pública ni de campañas aisladas, sino de políticas sostenidas que integran infraestructura segura, educación ciudadana y aplicación consistente de la ley.
Las calles son el espacio público más democrático de una ciudad. Todos las utilizamos, independientemente de nuestra edad, condición física o medio de transporte. Cuando una banqueta obliga a caminar por el arroyo vehicular, un conductor invade un paso peatonal o un peatón cruza intempestivamente entre vehículos, el problema deja de ser individual y se convierte en un reflejo de cómo una comunidad entiende —o ignora— la convivencia.
Porque una ciudad verdaderamente moderna no es aquella donde los vehículos circulan más rápido, sino aquella donde cualquier persona puede llegar a su destino con seguridad, ya sea caminando, conduciendo, utilizando el transporte público o desplazándose con alguna discapacidad. Sólo cuando infraestructura, normas y cultura avancen en la misma dirección, Puerto Vallarta podrá aspirar a un sistema de movilidad más seguro, ordenado e incluyente.
El arquitecto y urbanista danés Jan Gehl, referente mundial en diseño de ciudades para las personas, ha sostenido durante décadas que: “Primero damos forma a las ciudades y después ellas nos dan forma a nosotros”. Puerto Vallarta tiene hoy la oportunidad de construir una cultura vial en donde la infraestructura y el comportamiento ciudadano avancen en la misma dirección, porque las calles no solo reflejan cómo nos movemos: reflejan el respeto que una sociedad tiene por la vida de quienes las comparten.
La cultura vial no se construye únicamente con reglamentos, multas o campañas de concientización; se consolida cuando el diseño urbano, la educación y el respeto mutuo convierten cada calle en un espacio de convivencia. Al final, la verdadera modernidad de una ciudad no se mide por la velocidad con la que circulan sus vehículos, sino por la seguridad con la que regresan a casa quienes la recorren todos los días.
Comentarios: jose.pelayo@lebenswerkmexico.com

