
Puerto Vallarta, Jalisco.-
Hay mujeres que no llegan a un lugar: lo transforman. Consuelo Elipe Ramos es una de ellas. Nacida en Madrid, España, y avecindada en Puerto Vallarta desde 2004, esta periodista, editora, empresaria y gestora cultural es hoy el alma y el corazón de Vallarta Nayarit Gastronómica, el evento que en 2026 cumplió 18 ediciones y que ha convertido a la región en un referente gastronómico indiscutible de México y América Latina.
Su historia es la de una mujer inteligente, visionaria e intensa, capaz de convertir una crisis en una oportunidad y de sostener, durante casi dos décadas, un proyecto que nació casi por necesidad y terminó por vocación.
Una idea nacida en el aire
Corría 2009. El mundo apenas se reponía de la influenza, una suerte de “mini COVID”, como ella misma lo llama, que paralizó al país y golpeó con dureza al sector turístico. Puerto Vallarta no fue la excepción. En aquel entonces, Consuelo dirigía sus revistas y colaboraba con el grupo de comunicación Excelencias, al que sigue ligada. La publicidad se había desplomado. Los clientes no pagaban o pagaban con intercambios, y ella se preguntaba, con la honestidad de quien no puede darse el lujo de la ingenuidad, cómo iba a sostener su proyecto.
“En un avión de aquí a Madrid yo seguía dándole vueltas y pensé: ¿qué estaría la gente dispuesta a pagar, aunque fuera poquito, pero que sintiera como una necesidad?”, recuerda. La respuesta llegó casi de inmediato: formación. “Si ahora les damos las herramientas para combatir esta crisis, eso puede ser algo muy interesante”.
Así nació, en 2009, el Seminario Gastronómico Internacional, un encuentro de solamente conferencias, sin cocinas en el escenario, sin redes sociales, sin grandes presupuestos. Sesenta personas, entre restauranteros y hoteleros, se dieron cita en Velas, gracias al respaldo de Luis Angarita, quien confió en aquella madrileña que llegó a contarle un sueño con la misma intensidad con la que hoy dirige un foro internacional.
“Fue puros profesionales, pero era muy íntimo. Llegaba la hora de comer y nos íbamos todos juntos. Jorge Carvajal, que estuvo desde el primer día, decía: ‘Vamos a Tinos y cenamos’, y nos íbamos todos. Era muy bonito, muy de amigos”, rememora con una sonrisa que se escucha en la voz.
Crecer o desaparecer
El evento, sin embargo, no podía quedarse en la comodidad de lo pequeño. Los patrocinadores pedían resultados, los fideicomisos exigían cuartos-noche, y Consuelo entendió que para sostenerse había que crecer. “Nos fueron empujando. No fue un plan premeditado, sino que las cosas te van llevando”.
La tercera edición marcó un punto de quiebre. Riviera Nayarit le planteó un reto: mil cuartos-noche si quería su apoyo. “A mí me sonó como ¿de dónde vamos a sacar eso? Pero dijimos: está bien, vamos”. Y se abocaron a traer gente de fuera, a tejer una red de contactos que hoy es el corazón del evento.
Empezaron a visitar otros festivales gastronómicos en México, a aprender de Morelia en Boca, de Guadalajara. Conocieron chefs, sommeliers, periodistas especializados. Y en ese camino, Consuelo descubrió algo fundamental: “A la gente le gusta ver cocinar a los chefs en el escenario. Le gusta la acción, oler, probar”. Así decidieron meter una cocina al escenario, aunque al principio nadie supiera bien cómo hacerlo.
“En Paradise Village nos montaron la cocina mirando a la pared. Los chefs cocinaban de espaldas. Era graciosísimo”, ríe. “Y ese año hicimos un concurso de tapas que también fue otro desastre. Pero aprendes muchísimo de lo que te equivocas”.
Las estrellas Michelin y el factor humano
El siguiente salto fue la internacionalización. Consuelo, que cada año asistía a FITUR en Madrid, se propuso captar una estrella Michelin. “A través de una amiga me presentaron a Kisko García. Le conté mi sueño, mi idea, a una persona que no me conocía de nada. Y me dijo: ‘Te doy el teléfono de la persona que me lleva todo’. Así cerramos nuestra primera estrella Michelin. Por eso le queremos tanto a Quico. Cada año viene. Es familia”.
A partir de ahí, el crecimiento fue imparable. Un chef traía a otro, y otro recomendaba a un tercero. Llegaron voces de República Dominicana, Colombia, Perú, Chile. “Cuando no tienes mucho presupuesto, tienes que enamorar. Contar tu proyecto desde el corazón y que vean que es distinto. Porque contra Dubái, con un jeque que les da un cheque, no puedes competir. Pero la parte humana es aquí donde entra”.
Esa humanidad es la que ha hecho de Vallarta Nayarit Gastronómica un evento inclusivo, abierto a estudiantes, profesionales, hoteleros, restauranteros y amantes de la comida. “No tenemos límite, no tenemos restricciones. Todo el mundo que ama la gastronomía es bienvenido”. Y aunque algunos critican la presencia de estudiantes, Consuelo es firme: “Los estudiantes son el futuro. Si no los formas, si no los enamoras, ¿cómo después vas a tener gente para trabajar?”.
Una mujer de principios claros
Consuelo no es una figura decorativa. Es una mujer de convicciones firmes, leal a sus amigos y colaboradores, intensa en cada proyecto, capaz de montar una “policía sanitaria” durante la pandemia para que el evento no se detuviera. “Nadie se atrevió a hacer un evento. Nadie. Y nosotros lo hicimos. Fue muy arriesgado, pero también dimos esperanza. La gente necesitaba algo positivo a lo que agarrarse”.
Esa decisión, tomada en medio de la incertidumbre, es un reflejo de su carácter: no se detiene. Analiza, se documenta, se cuida, pero avanza. “No hubo ni un solo contagio que sepamos. Salió excepcionalmente bien”.
Su lealtad es otra de sus marcas. Habla con cariño de quienes han estado desde el inicio, de los chefs que se han convertido en familia, de los voluntarios que hoy son parte de la organización. “Lo que mejor tengo de este evento es la gente. El cariño de gente que conoces de hace mucho y te sigue demostrando su cariño. Y gente que acabas de conocer. Se crea un vínculo muy bonito”.
18 años de historias
A lo largo de estas 18 ediciones, Vallarta Nayarit Gastronómica ha sido testigo de los cambios sociales, tecnológicos y económicos del mundo. “Para mí Gastronómica es casi un estudio sociológico de cómo hemos cambiado como sociedad”, dice Consuelo. “Cuando empezamos, yo no sabía ni que existían las redes sociales. Hoy tenemos una mesa específica de redes, fotógrafos y marketing al lado del escenario, con 10 o 12 personas solo para eso”.
Pero hay algo que no ha cambiado: la esencia. La camaradería, el aprendizaje, la emoción de ver a un chef cocinar en vivo, la posibilidad de que un estudiante aprenda de una estrella Michelin, la oportunidad de que Puerto Vallarta y Riviera Nayarit se proyecten al mundo como destinos gastronómicos de primer nivel.
“Me hubiera encantado que el sector profesional local hubiera participado más”, confiesa, con esa mezcla de franqueza y dolor que solo tiene quien ha dado todo por un proyecto. “Traemos a los mejores del mundo, casi por un costo cero, y a veces no se aprovecha. No lo entiendo. Pero ahí seguimos”.
El futuro: una nueva realidad
De cara al futuro, Consuelo observa un mundo en transformación. La inteligencia artificial, las redes sociales, la hiperconexión. “Cuando pensé el lema de este año, ‘Descubrir una nueva realidad’, ya me parecía que estábamos en un remolino. Y no pudimos escoger mejor lema. Ha sido una ola que nos pasó por encima”.
Ella misma se define como una mujer de otra generación, que prefiere la voz a la imagen, la radio al Instagram. “No tengo interés en que gente que conozco o no conozco sepa lo que hago. ¿A quién le puede interesar si hoy desayuné una galleta de avena?”. Pero sabe que el mundo cambió y que hay que adaptarse, aunque sea con escepticismo.
“No creo que dependamos tanto de las redes. Si mañana cierro mi Instagram, no va a cambiar nada. Pero también sé que hoy en día lo que no está en redes no existe. Tengo mis dudas”.
Un legado que se construye todos los días
Consuelo Elipe no se considera una heroína. Se considera una mujer que, ante la adversidad, decidió hacer algo. Y ese algo se convirtió en un evento que ha marcado a generaciones de chefs, estudiantes y profesionales. Un evento que ha puesto a Puerto Vallarta y a Riviera Nayarit en el mapa gastronómico mundial. Un evento que, como ella, tiene alma.
“Me encantaría que al final la gente lo viera así: como que tratamos de hacer algo bueno por el destino, por unir gente, por crear algo positivo”, dice, casi como una despedida. “Porque la gente hoy se lleva amigos. Se llevan experiencias. Y eso es superbonito. A pesar de que ha ido creciendo el evento, no se ha perdido”.
Y no se ha perdido porque ella, Consuelo Elipe Ramos, la madrileña que llegó a Puerto Vallarta en 2004 con un grupo de comunicación y se quedó para siempre, ha sido el alma y el corazón de un proyecto que ya es patrimonio gastronómico de México y América Latina.






