Tensión hídrica

La ciudad imaginada / Por: José Alfonso Baños Francia

Es indispensable subordinar la especulación inmobiliaria a la disponibilidad real del recurso hídrico e invertir en la modernización de la infraestructura.

El agua dulce disponible representa apenas el 2.5 % del volumen hídrico del planeta, por lo que la competencia por este recurso vital constituye uno de los mayores desafíos socio-ambientales del siglo XXI. En México, la sobreexplotación de más del 60 % de los acuíferos, sumada a las sequías prolongadas por el cambio climático y a una red de distribución obsoleta que pierde hasta el 40 % del flujo potable en fugas, mantiene a amplias regiones del país al borde del estrés hídrico permanente.

A pesar de su privilegiada ubicación y de la presencia de caudalosos ríos que llegan a nuestra región, Puerto Vallarta refleja con claridad esta fragilidad. Un ejemplo palpable ocurrió recientemente con los mega-cortes de suministro que dejaron sin servicio a miles de familias en más de cien colonias, provocados por las maniobras de interconexión y reubicación de tuberías vinculadas a las obras de la autopista a Guadalajara. La contingencia expuso la extrema vulnerabilidad de un sistema que opera al límite de su capacidad, donde cualquier intervención de infraestructura es capaz de paralizar el abasto durante varios días.

A la fragilidad de la red se añade el impacto de una urbanización acelerada e intensiva. Durante los últimos años, el auge inmobiliario ha transformado nuestro puerto mediante la masiva edificación de torres de departamentos turísticos, complejos hoteleros y desarrollos de alta densidad. Esta verticalización descontrolada no solo dispara la demanda de agua potable e incrementa la presión de extracción en las fuentes de captación locales, sino que inyecta volúmenes importantes de aguas residuales que rebasan la capacidad de la red sanitaria municipal.

La situación genera marcadas contradicciones en el territorio. Mientras que la zona turística de alta plusvalía, como las colonias Versalles o Fluvial Vallarta enfrentan constantes derrames de aguas limpia por el proceso constructivo, así como el colapso de colectores principales por saturación, decenas de colonias periféricas y ubicadas en las partes altas del municipio viven un desabasto que se ha vuelto costumbre, donde el abasto de agua se ha vuelto una rareza y depende de pipas proporcionadas por el SEAPAL o por compañías privadas ligadas a políticos poderosos.

La crisis del agua en el puerto evidencia que el reto no radica únicamente en la abundancia de lluvias o en la riqueza natural de la región. Para asegurar un futuro sostenible es indispensable subordinar la especulación inmobiliaria a la disponibilidad real del recurso hídrico e invertir prioritariamente en la modernización de la infraestructura existente.

La municipalización del SEAPAL ha venido a complicar la gestión hídrica porque los tiempos gubernamentales se redujeron a 3 años cuando el calado de las obras de agua y drenaje se planean para escenarios de mediano y largo plazo.

A este escenario se suma destaca la falta de liderazgo y empatía de los administradores públicos actuales, superados por los retos de crecimiento y el descuido que han mostrado por servir a la comunidad a la que se deben y que en algún momento les confió su voto.