Félix Fernando Hilario Baños López: El vallartense que nació en Oaxaca y se hizo eterno en el malecón
Miguel Ángel Ocaña Reyes
Félix Fernando Baños Baños, cosechó lo que sembró: afecto genuino, premios merecidos, homenajes sinceros.
Puerto Vallarta, Jalisco.-
Cuando alguien ama tanto un lugar que es capaz de escribirle su himno, esculpirle su memoria y traducirle a Horacio desde el latín, ya no es un habitante: es un padre fundador del alma. Eso fue Félix Fernando Hilario Baños López para Puerto Vallarta.
Nació bajo el cielo cálido de Santiago Pinotepa Nacional, Oaxaca, un 3 de noviembre de 1936. Pero su corazón, ese músculo indómito, encontró su verdadera casa en 1972, cuando llegó a una pequeña bahía de pescadores que aún no sabía que se convertiría en el puerto más famoso de México. Y él, culto como pocos, viajado por Europa, de vuelta de casi todo, cayó rendido ante la sencillez y la belleza de Vallarta.
El hombre que descorrió la cortina
Quienes lo escucharon contar su llegada jamás lo olvidan: esperaba un pueblo feo de millonarios excéntricos, con señores de saco rosa y mujeres de vestido largo. Pero al bajar del avión y caminar por la plaza, sintió “como si hubiera descorrido una cortina”. Esa revelación estética se convirtió en misión de vida: Vallarta merecía grandeza, y él se la daría.
Artista total: escultor, poeta, traductor, educador
Félix Fernando no se conformó con admirar: creó. Con su pseudónimo Mathiz Lídice, esculpió “Los Milenios”, la única escultura monumental en un destino de playa que conmemora el inicio del Tercer Milenio. En bronce y con una mujer vallartense como símbolo del futuro, Baños nos recordó que la esperanza tiene rostro femenino y que la paz es una conquista, no un destino.
Pero su genio no se quedó en el metal. Su pluma escribió el Himno Oficial de Puerto Vallarta, y su erudición lo llevó a traducir del latín las cuatro Odas de Horacio y el Canto Secular, siendo apenas el tercer mexicano en lograrlo en toda la historia, y el primero en Jalisco. Lo hizo para que los jóvenes creadores no perdieran el contacto con la belleza clásica, porque —decía— “el gusto popular se forma con el sedimento de los grandes artistas”.
El maestro de la calle y la cátedra
Fue también el primer Director Académico de la UNIVA en Vallarta. Pero sus verdaderas aulas fueron el malecón, los periódicos locales y las conferencias donde, con paciencia de sabio y exigencia de amante de la verdad, defendía los valores de la familia frente a lo que él veía como un “tsunami ideológico”. No era un hombre iracundo; era bondadoso, tranquilo, profundamente católico. Pero no una fe ingenua: una fe pensada, leída, discutida y vivida.
Reconocido en vida, porque sembró amor
A diferencia de tantos genios ignorados, Baños cosechó lo que sembró: afecto genuino, premios merecidos, homenajes sinceros. El Premio Vallarta en 2013, el Adulto Mayor Distinguido en 2017, la Presea Severo Díaz Domínguez en 2024… pero el mayor reconocimiento era ver a los vallartenses fotografiarse junto a “Los Milenios”, cantar su himno sin saber quién lo escribió, o llegar a su taller a pedirle consejo.
Su partida, su legado
Este viernes 12 de junio de 2026, Félix Fernando Baños cerró los ojos en esta tierra. Pero quienes lo conocieron saben que no se ha ido: está en el verde pátina que el mar regaló a su escultura, en cada nota del himno, en cada página de los ensayos que escribió, en cada alumno que aún repite sus lecciones.
Puerto Vallarta pierde a un grande, sí. Pero gana una certeza: el amor verdadero por una ciudad no se mide en años vividos, sino en obras que trascienden generaciones. Gracias, Don Félix Fernando, por enseñarnos que se puede ser oaxaqueño de cuna, vallartense de corazón y eterno por convicción.
“Yo no puedo producir en Oaxaca, no estoy ahí”, dijo una vez. Y eligió quedarse. Qué bendición para todos los que amamos este puerto.
Descanse en paz, maestro. Su huella no se borra: se pasea por el malecón todos los días.
