“Becas Vallarta surgió de una americana”: Lupita Sánchez Salazar de Covarrubias

“Muchos papás ya no mandaban a los niños a la escuela, porque no tenían dinero para el uniforme, para los zapatos, para los útiles, y ahí fue cuando se fundó Becas…”

Miguel Ángel Ocaña Reyes

La creación de Becas Vallarta, la Asociación Femenil Vallartense, el Dispensario Médico Guadalupano, el Club Rotario Vallarta Pitillal y el Asilo San Juan Diego, son sólo algunas de las iniciativas en las que estuvo involucrada la señora Lupita Sánchez Salazar de Covarrubias, quien con memoria privilegiada a sus casi noventa años, y 68 de ser miembro activo de la sociedad vallartense hasta nuestros días, abre su corazón y comparte sus recuerdos del Vallarta de los años cuarenta, cincuentas y sesentas.

Sentada en la comodidad de su hogar en la calle Morelos en el centro de Puerto Vallarta, rodeada de las fotografías de su esposo Don Salvador Covarrubias y de sus hijos, algunos reconocimientos y variados recuerdos, Lupita con mirada atenta y la sonrisa en el rostro, comparte lo que ha sido su vida a lo largo de su estancia en lo que fue un pueblito encantador en 1949…

“Cada año las hacíamos, venían los niños a preguntar cuándo era la posada, venían del centro, de las colonias los de El Cerro y la 5 de Diciembre…”

¿Dónde llegó a vivir cuando llegó a Puerto Vallarta?

Antes vivíamos en la calle Guadalupe Sánchez, atrás de donde estaba el doctor Sahagún, al año de casada nos cambiamos, no a esta casa, era una casita de teja como se acostumbraba, nosotros después lo construimos con los años, era una casita de teja de dos piezas solamente, la salita de entrada, un corredor, un jardín, nosotros le pusimos baño, teja nueva, todo para arreglarla.

¿Ya había baños o era letrina?

Letrinas de cajón, porque no había drenaje entonces, en el patio de la casa se hicieron dos fosas para poder tener el uso del baño.

¿Qué fiestas populares había?

Aquí no había entonces posadas en ninguna parte, en la iglesia como es natural se celebraban posadas pero en la noche, rezando el rosario, cantando con el nacimiento, pero en la calle con las familias no se usaba, nosotros en la casa, con los señores de enfrente, nos poníamos de acuerdo y con una soga colgábamos una piñata.

¿Por qué surgió la inquietud?

Bueno, fue cuando ya mis hijos empezaron a crecer, porque de chiquitos no entienden nada, Lolita tenía como 8 ó 9 años, Lupita unos 7, y dije, voy a hacer unas posadas para que empiecen ellas a vivir ese momento importante, y empezamos organizarnos y ver dónde colgábamos las piñatas para que también participaran otros niños, porque el patio no era para eso, era jardín, mis hijos invitaron a los vecinos la primera vez, pero luego se pasó la voz, y cada año las hacíamos, venían los niños a preguntar cuándo era la posada, venían del centro, de las colonias los de El Cerro y la 5 de Diciembre, así duramos varios años haciendo posadas ya con la joyería funcionando.

¿Cómo empezaron la joyería?

Mi esposo salvador inyectaba y trabajaba, cuando mi cumplimos un año de casados, nos fuimos a Guadalajara de paseo y a ver al doctor porque yo no había encargado un bebé y teníamos ganas de un bebé, y caminando por los portales vimos que había vendimia de aretes de fantasía, a peso, a dos pesos, a diez pesos, ya ni me acuerdo, entonces le dije a Chava, “vamos llevando unos para venderlos allá con las muchachas”, porque aquí en Vallarta no había nada de eso en 1951, y empezamos a traer cositas de esas, y como él iba a las las casas a inyectar muchachas y además no era tan grande y lo conocían muy bien toda la gente, se nos acabaron pronto los aretes que trajimos, creo que dos o tres docenas, le comenté a mi mamá (Lolita Salazar) que vivía en México, y dijo, “ah yo te los compro”, y nos los trajo, así empezamos la joyería.

Ya que nos cambiamos aquí estaba yo embarazada de Lolita y entonces empezamos a pensar dónde ponemos las cosas, porque no se iban a ver si estaban guardadas, así que mandamos a hacer una vitrina que pusimos en la salita a la entrada, la recámara a un lado, el corredor acá, jardín al fondo, y pusimos las cosas ahí, tiempo después nació Lupita mi hija, y ya teníamos algo.

“Le dije a Chava, “vamos llevando unos para venderlos allá con las muchachas”, porque aquí en Vallarta no había nada de eso en 1951, y empezamos a traer cositas de esas…”

Estando una vez en nuestra tiendita llegó un señor de H. Steel & CO que venía de viajero a buscar clientes, y se encontró con el señor Modesto Güereña, ahí se hospedó, creo que tenía un hotelito, entonces platicando sobre lo que vendía, le dijo que no había ninguna joyería, “pero creo que Salvador Covarrubias anda vendiendo cositas entre las familias, ¿por qué no los vas a ver?, es buena persona”, y vino el señor a enseñarle los relojes, de señor, de señora, de señoritas, relojes de pared, relojes despertadores, de todo traía, y el catálogo que nos venían a ofrecer, y pues le dijo mi esposo, “no pues no tengo capital para invertir”, no dijo nada el señor, no dijo les fío, ni nada, pero se fue y platicó con el señor Modesto Güereña y él le dijo, “no, no, déjale lo que quieras a esa familia, Don Salvador es un hombre honesto y te aseguro que si le das crédito él te va a pagar”.

Al otro día volvió, por cierto que a mi esposo le decían el Pilón, porque fue el último de la familia, y cuando llegó este señor dijo, “buenos días señor Pilón”, nos empezó a platicar y señor Pilón esto, señor Pilón aquello, hasta que mi esposo le dijo, “no me apellido Pilón, sino Covarrubias”, y aquel señor todo apenado. La cosa es que le comenté a Chava que nos quedáramos con esos relojes, que él tenía modo de avisar que teníamos esa mercancía, y nos quedamos con unos poquitos relojes, pues tuvimos mucho éxito, como no había otra joyería aquí ni quien vendiera nada de eso, pronto se terminaron los relojes de pulso, porque las muchachas los regalaban a los novios y viceversa, en ese entonces valía el dinero, llegamos a vender llaveros de puro oro y los novios medallas o cadenas, fuimos así la primera joyería.

Volviendo a las posadas, ¿cuántos niños se juntaban?

Nunca los conté, pero el día que supe fue cuando regresé de nuestro viaje a Europa y que fuimos a tierra santa mi esposo y yo en el 67, y estando allá tuve la idea de comprar unas medallitas para regalárselas a los niños en Navidad, nosotros fuimos en agosto y compré 200 medallitas, nos las bendijeron en tierra santa donde nació Jesús y yo las traía con mucho cariño para todos los niños que iban a la posada.

Ya en navidad agarré la bocina que tenía el Gran Taco, y les dije “van a estar todos calladitos porque les traje un regalo donde nació el niño Dios, compré alfileres para colgársela a cada niño en su camisita, les conté la historia del niño Jesús, que la estrella y los Reyes Magos, y todo eso, porque además cantábamos la posada, salían dos niños con los peregrinos, San José y la Virgen María, y dábamos la vuelta y todos los niños atrás con velitas, toda la tradición que yo conocía en México, porque ahí es donde se hacen así las posadas.

Luego de los cantos, la posada y la piñata, sentábamos a los niños en la banqueta, los papás en sus sillas, entonces empezábamos a repartir las medallitas, fue cuando dije “madre santa no van a alcanzar, son muchos niños y yo nada más traje 200, se van a quedar niños sin medalla y van a estar tristes”, y yo muy angustiada, bueno pues Lolita daba las bolsitas con Lupita y yo les ponía las medallitas, pues no sé cómo, pero alcanzaron las medallas y se acabaron las 300 bolsitas, a mí y a mis hijas nos sorprendió nos ajustaron todas.

¿En qué otras actividades para la comunidad participó?

En el dispensario médico allá por 1952-1953, con el señor cura Parra se llamaba Sección de Caridad que conformamos un grupo de señoras de Acción Católica, visitábamos enfermos, dábamos desayunos, y se apoyaba a las personas sin dispensario, solo desayuno y apoyando enfermos, ayudándole a hacer el aseo de sus casas, apoyar a la esposa, nos turnábamos para ayudar.

Tiempo después cuando ya murió el señor cura Parra, vino el padre Aldana a sustituirlo y él formó el Dispensario Médico Guadalupano, porque había muchas personas enfermas que no tenían para la medicina ni para atenderse con médicos, lo conformábamos como 30 señoras el grupo que pertenecíamos a la Acción Católica, como Cata de Cuevas, Ofelia de Solorzano, Toya Godínez, Estela Manzo, Marina Macedo, las hermanas Ruelas, las González, muchas señoras, duró los 17 años que vivió el padre.

“Becas Vallarta surgió de una americana, Selma Gordon, ella tenía una casita allá arriba del río en lo que llaman Gringo Gulch, la señora era maestra…”

¿Cómo siguió Becas Vallarta?

Becas Vallarta surgió de una americana, Selma Gordon, ella tenía una casita allá arriba del río en lo que llaman Gringo Gulch, la señora era maestra, pero ya estaba retirada, y vivía aquí en temporada, y se interesaba por la educación, entonces la secundaria apenas iba a iniciarse, nada más estaba la primaria 20 de noviembre, entonces Selma Gordon empezó a formar un grupo, entre ellas estaba Berenice Star, que fue la primera que invitó y luego otra señora Smith me parece, y nos invitó a cuatro mexicanas para que fuera un equipo de mexicanos y americanos para que también pudieran ellas moverse y pedir donativos, porque ellos eran visitantes y tenían menos facilidades que ahora, no podían ni tener casas ni propiedades cerca del mar. En 1966 se fundó el comité de becas, no se llamaba así, tenía otro nombre, pero se mandaban cartas a Estados Unidos para pedir donativos.

¿Cuántos niños fueron los primeros becados?

No me acuerdo, para qué te miento, mira, para empezar, saliendo de la primaria, muchos papás ya no mandaban a los niños a la escuela, porque no tenían dinero para el uniforme, para los zapatos, para los útiles, y ahí fue cuando se fundó Becas, porque supimos que para el fin del año iban a salir muchos niños de primaria y no había inscripciones para secundaria, entonces se empezó a invitar a los papás a que mandaran a sus niños y que se les pagaba todo, y fue como empezó la ETI 49, porque los papás no estaban acostumbrados a más educación, nunca había habido otra escuela superior a la secundaria, no sé si por costumbre o por que los ponían a trabajar, pero no había inscripciones suficientes para abrir la escuela, ahí fue donde se empezó a ayudar a los niños.

¿En qué otras iniciativas se involucró?

Fui fundadora de la Asociación Femenil Vallartense, esa surgió porque empezaron a haber más problemas sociales que afectaban a la comunidad, y nosotras las mujeres siempre nos hemos opuesto a muchas cosas, no había centros nocturnos, el primero fue el Caballo Blanco, porque empezaban a hacer cosas que no eran afines al ambiente limpio del lugar, y empezamos a unirnos las señoras para presionar un poquito a la autoridad para poder tener voz y voto, y empezar a arreglas cositas en las que no estábamos de acuerdo como la sociedad, por ejemplo se tenían controladas a las señoras que tenían casas de citas, estaban revisadas cada semana por los médicos, y eso controlaba un poquito el ambiente malo, como en todas partes había, por supuesto. Luchamos por varias cosas en la Asociación Femenil Vallartense, éramos muchas, cerca de 50, íbamos a limpiar los ríos cuando llegaban las lluvias para que no se ensuciara el mar, siempre hubo una causa buena.

Después fundamos el Club Rotario Puerto Vallarta Pitillal, trabajamos como 12 años, tuvimos varios apoyos entre ellos nos amueblaron el Asilo San Juan Diego, que por eso me retiré de los Rotarios, para dedicarme al asilo, duramos 9 años construyéndolo.

“Muy contenta de mi vida, de todo, muy contenta con la comunidad, con lo que he hecho, no es una cosa extraordinaria…”

¿Lleva 68 años realizando actividades altruistas?

Pues siempre he estado en algo, me nace…

¿Satisfecha?

Muy contenta de mi vida, de todo, muy contenta con la comunidad, con lo que he hecho, no es una cosa extraordinaria, yo creo que es algo que todos debemos apoyar al que menos tiene, o ver la necesidad del lugar donde vives, yo todavía sigo preocupada por Vallarta, siempre estoy hablándole a las autoridades cuando veo algo que no está bien.

¿Qué le duele de Vallarta?

Me duele que hoy en día hay mucha droga, me preocupa mucho, yo no salgo, pero sé de personas, de señores que me dicen que venden droga por aquí y por allá.

¿Qué es lo más urgente de arreglar en Vallarta?

Se abandonó mucho el centro, y el centro es el pueblito mágico que ha traído tantos turistas antes de que hubiera edificios y centros nocturnos, eso fue lo que enamoró a los extranjeros de Vallarta, eso fue lo que la Noche de la Iguana mostró al mundo, un pueblo puro, limpio, de tradiciones realmente mexicanas, de gente barriendo sus calles empedradas, de vendedores de pescado en remo, de lavanderas en el río, de muchas cosas hermosas para el turismo, y para nosotros también, la seguridad que había, porque dormíamos en la puerta de la casa, no había luz eléctrica, no había ventiladores, entonces abríamos las puertas sacábamos dos sillas de extensión y los niños adentrito sobre una cobija, en un tapete dormidos y con la puerta abierta siquiera hasta las dos o tres para refrescarse.

Los camiones son un espanto, una contaminación de ruido y de smog exagerada que pasan todos los días de ida y vuelta vacíos, eso ha venido a bajar el centro, otro descuido de las autoridades, falta de iluminación, jardineras sucias, plantas sin recortar, es una tristeza, porque ciertamente todos tenemos derecho a una mejor vida, pero si la gente viene, es porque viene a conocer el centro, me da tristeza que nuestro pueblo esté así, mucho progreso en otras partes, edificios, centros comerciales, y para acá, nos abandonaron, y es que reciben muchas propinas las autoridades para dar permisos que no se deben dar.

Alfredo Sánchez Torres fallece cuando yo tenía 10 años y en 1941 cuando fue el temblor grande de Colima nos fuimos a la ciudad de México porque mi tío Guadalupe, hermano de mi papá, que cuando vine a conocer Vallarta me vine con él porque tenía 30 años que no veía a sus primos, hermanos y familiares de aquí, pero mi tío Héctor Gómez, Rodolfo Gómez, viajaban a la ciudad de México para arreglar los papeles de la CROM o no sé qué cosa  que andaban organizándose los estibadores, los que cargaban los barcos, y entonces ya contacto con él y preguntaba por qué no vas a Vallarta, y pues se vino a Vallarta a conocerlo y me invitó a mí a conocer a Vallarta y aquí conocí a mi esposo.

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