Reflexiones sobre el “dar sin esperar nada a cambio”

Aprendiendo a ser feliz / Hania Sosa / Psicóloga

Hoy quiero compartir contigo mis reflexiones acerca de una frase que seguramente más de alguna vez has escuchado (o incluso dicho): “Da sin esperar nada a cambio”; trillada pero real. Sin embargo, mis reflexiones al respecto de este tema tienen que ir “desmenuzadas” porque considero que no debería ser una frase o afirmación que se deba de utilizar sin discriminación o en todos los casos. ¿Por qué? Enseguida te lo explico.

Pienso que muchas de las grandes enseñanzas que han traspasado las generaciones y los siglos, tienen que ser entendidas y aplicadas con cautela, porque no siempre resulta saludable aplicarlas literalmente. Por ejemplo, y como suelo decirles a mis pacientes, en una relación de pareja tiene que haber reciprocidad. Para verdaderamente llevar una relación saludable no es posible dar sin esperar nada a cambio, ya que eso implicaría que seguramente sea una relación desbalanceada, salvo que ambos miembros de la pareja apliquen esa afirmación al pie de la letra. Idealmente eso funcionaría de forma fantástica (y seguramente desde las enseñanzas de Jesucristo a eso es a lo que se refería), pero en la realidad humana e imperfecta en la que vivimos, las cosas no funcionan así y debe haber una sana evaluación que nos lleve a recibir más o menos en la misma media en la que damos. Por lo tanto, en lo que respecta a las relaciones de pareja no aplica la frase usada al pie de la letra. Sin embargo, en lo que hoy quiero hacer hincapié (para que no se piense que este artículo raya en la negatividad o pesimismo), es en la forma en que sí podemos llevar a la práctica dicha afirmación de una forma saludable.

Dar sin esperar

En varias ocasiones me ha tocado platicar con otros acerca de lo que llegan a sentir cuando ciertas personas no se comportan con ellos como hubieran querido (o creído que se iban a comportar). Sentimientos como la decepción o la desilusión son típicos de esos momentos. A veces se nos rompe un poco el corazón cuando, en momentos críticos, no recibimos de ciertas personas lo que hubiéramos esperado, sobre todo si esas mismas personas son a quienes hemos ayudado de alguna u otra manera. No obstante, es justo ahí, en esas situaciones (reitero, no en temas de pareja) donde debemos aplicar la frase “da sin esperar nada a cambio”.

Para ampliar un poco lo que quiero explicar, puedo añadir que no debemos perder de vista que no sólo damos lo que tenemos, sino que damos lo que somos; y creo que ahí es donde radica verdaderamente el peso de la afirmación que nos invita a dar sin esperar nada a cambio, porque si nos permitimos conectar con lo que somos, será incluso inevitable que tengamos ciertos comportamientos (y yo esperaría que esos comportamientos fueran mayoritariamente movidos por el amor). Al actuar desde lo que somos, entonces podemos darle a los demás lo que sea: tiempo, amor, dinero, ayuda, etc., pero dándolo profunda y desinteresadamente, dándolo como si no lo hubieras dado (que incluso se te olvide lo que diste) y entonces no le andes guardando la cuenta a nadie; no obstante, no podría terminar este escrito sin puntualizar que esto del dar sin esperar nada a cambio (cuando realmente se lleva a cabo de esa forma) viene acompañado de un fenómeno que yo podría etiquetar como mágico.

Todo se te regresa

Es mágico porque cuando realmente abres tu corazón para amar, tus manos para dar, y tu ser para servir, siempre, siempre, siempre, la vida te lo regresa. Sin embargo, así como sucede con la magia, en la que no puedes anticipar el resultado, así también sucede con este fenómeno. Cuando se vive al pie de la letra el <dar sin esperar nada a cambio>, tarde o temprano, te toca recibir.

Lo mágico de esto es que, en la gran mayoría de los casos, ese retorno no es de las manos que recibieron aquello que tú diste; cuando te toca recibir llega de sorpresa, sin esperarlo, mágicamente y de personas que jamás hubieras imaginado, personas que incluso ni conoces o que no conocías cuando fue tu momento de dar.

El asunto aquí es que a este fenómeno no lo puedes engañar. Si das esperando que algún día se te regrese, la magia no funciona. Incluso cuando lo des sabiendo que probablemente no regrese de las mismas manos. Para que esto sea una realidad tiene que haber un genuino desinterés. Ese es un filtro más fuerte que cualquier examen psicológico que puedas aplicar. Así que no hay forma de hacer trampa.

No dejes de dar

Se dice que diciembre es una época de dar. Tal vez así lo vivimos, y si este es el único mes del año en que te aflora ese espíritu… ¡Algo es algo! Pero yo te invito a que hagas de los doce meses del año una época de dar; que lo hagas de corazón, por el mero placer de ayudar, de amar, de servir. Siempre regresa, pero para que eso suceda, necesitas olvidar que alguna vez tú también diste. Te invito a que hagamos del dar, una forma de vida.

Dedico este artículo con profunda gratitud para aquellos que en los últimos meses han estado ahí para mi esposo y para mí, porque nos han ayudado a reafirmar todo lo que acabo de escribir. ¡Gracias!