No hay algo más doloroso que morir de amor

Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia

En el parque Revolución de Culiacán, Sinaloa, se encuentra una estatua inaugurada en 1938 en honor a la madre tierra. Es una mujer desnuda de la cadera hacia arriba, de cuerpo exuberante, con algunas frutas y legumbres, producto de la gran agricultura de ese hermoso estado. La mayoría de los culichis la conocemos como “la Locha”, porque “le llega el agua a la panocha”. Hace unos días, el gobierno de Nayarit retiró un monumento llamado La Hermana Agua, inaugurado en 1960. Para algunos representaba “hipersexualidad”; para otros, una simple estatua que ya tenía años en una rotonda. Misteriosamente y de madrugada, la retiraron para colocar en su lugar una familia de indígenas. Seguramente con tal acción podemos estar tranquilos, sin pensar que nuestras familias estuvieran en peligro por lo representativa de La Hermana Agua: una mujer desnuda brotando de su cuerpo abundante agua, símbolo de la hidrografía y su biodiversidad nayarita.

No se imaginaba el dolor que le provocaba pasar frente a él con su nueva pareja. Ella, de impotencia por la ansiedad y la desesperación de aquel amor que sentía por él, dejó de salir, se encerró, no comía, no dormía, no quería hablar, no quería bañarse. Cayó en un profundo sueño e inanición, todo por amor. Era viuda con dos hijas médicas, ambas trabajando para instituciones públicas en México. Ya estaban tratándola con aquel amor que les dio en su infancia, por aquel dolor de verla caer en la profundidad de la depresión y ansiedad mixta, con un llanto incontrolable terriblemente desgarrador, similar al que viven aquellas personas con el llamado afecto pseudobulbar. Sin embargo, no lograron sacarla de tal sintonía de aquel doloroso duelo que, en carne propia, estaba tan encarnado en sus entrañas que terminó por ser hospitalizada.

A los días, con una valla humana, la despiden con vítores y aplausos por haber donado sus órganos y haberles cambiado la vida a seis personas, mismas que tenían años en una interminable lista de espera que llegó a su fin para ellos al recibir las córneas, los riñones, un corazón sano, el hígado y el páncreas. Aunque con un final infeliz, provocó que los sueños se volvieran realidad para algunas personas. Maldito amor que acabas con la vida de algunos y das nuevos sueños a otros. Que la perpetuidad de estas personas continúe en las vidas de otras que en sus almas llevan para siempre un recuerdo inseparable de aquellos momentos de tristeza. Anhelaban los tan esperados trasplantes que ella no supo controlar ni dar paso a sus malogrados incidentes de amor, que la arrastraron por aquel túnel que, con un brillo al final, abrió la puerta para darle entrada a la vida de otras personas.