La usurpación de la actividad periodística: un riesgo para la democracia

En dos minutos / Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes / Presidente de la Red Periodística PV

Urge reivindicar lo que distingue al verdadero periodismo: informar con veracidad, oportunidad y estricto apego a la ética.

Puerto Vallarta, Jalisco.-

Los medios de comunicación y los periodistas enfrentamos hoy una crisis silenciosa pero devastadora: la progresiva dilución de nuestra identidad profesional en un mar de espontáneos que, armados únicamente con un teléfono celular y una cuenta en redes sociales, se autoproclaman comunicadores. Esta usurpación de la actividad periodística no es un mero conflicto gremial; constituye una amenaza real para el derecho de la sociedad a recibir información veraz y contrastada.

Los recientes acontecimientos en Puerto Vallarta —los bloqueos relacionados con el caso “Clarissa” y los disturbios violentos que paralizaron nuestra ciudad— comparten un denominador común alarmante: la circulación descontrolada de noticias falsas, la manipulación deliberada de la opinión pública y la siembra sistemática de pánico entre la población. En ambos escenarios emergieron con fuerza los llamados “opinadores”: personajes, muchos anónimos, otros con identidad conocida, que sin formación periodística ni compromiso ético alguno, distorsionan los hechos mediante medias verdades o mentiras completas. Su único objetivo es incrementar audiencias a cualquier precio, sin importar el daño colateral que generan en el tejido social.

Frente a esta realidad, resulta urgente reivindicar lo que distingue al verdadero periodismo: informar con veracidad, oportunidad y estricto apego a la ética; privilegiar el interés general por encima de cualquier agenda personal o económica; ejercer una vocación de servicio antes que de lucro; y ofrecer información útil, no aquella que simplemente explota el morbo o el sensacionalismo.

La labor periodística implica, además, el cuidado riguroso de las fuentes. Por ello resulta indignante lo ocurrido el pasado miércoles 25 de febrero durante la conferencia de prensa encabezada por el Presidente Municipal de Puerto Vallarta, Luis Munguía, en compañía de representantes del sector empresarial. Un individuo que simuló ser reportero logró infiltrarse en el espacio reservado para la prensa y protagonizó una agresión contra el primer edil al intentar arrebatarle el teléfono celular mientras sostenía una conversación con el gobernador del estado.

Este hecho no puede ser visto como un incidente aislado o una simple anécdota. Representa una peligrosa línea que se ha cruzado: el acceso a espacios institucionales —conferencias de prensa, ruedas de medios, encuentros oficiales— por parte de personas que nada tienen que ver con el ejercicio periodístico legítimo. Conductas como esta no solo ponen en riesgo la seguridad de las fuentes y de los propios funcionarios, sino que erosionan la credibilidad y el prestigio de quienes ejercemos esta profesión con responsabilidad y ética.

Es imperativo que las instituciones, tanto públicas como privadas, establezcan mecanismos claros para distinguir entre quienes ejercemos el periodismo como una profesión regulada por códigos deontológicos y aquellos que, desde el anonimato o la simulación, utilizan la comunicación como un instrumento para la desinformación y el caos. No se trata de coartar la libertad de expresión, sino de proteger el derecho ciudadano a una información de calidad, especialmente en tiempos donde la verdad se ha convertido en uno de los bienes más preciados y vulnerables de nuestra democracia.