“La Semana Santa de estos tiempos”

Consejos de una Bisabuelita Moderna / Por un México Mejor

El joven sin pelo dijo tristemente a sus amigos:

—Me siento impotente al ver que los jóvenes que vinieron a vacacionar sólo piensan en emborracharse, drogarse y tener relaciones sexuales con cuanta chica o chico aparezca frente a ellos. Están llenos de salud, con cuerpos esculturales y gran belleza física, pero psíquicamente… ¡están bastante enfermos!

El bromista intervino:

—¡No sólo eso! He visto que en muchos centros comerciales se quejan de la cantidad de robos que hay últimamente…

La joven hermosa exclamó:

—Ayer en un supermercado le robaron a una amiga, y después a una pobre anciana lo que traía. Estaba deshecha. Gracias a Dios traía dinero suficiente para hacerle el mandado de toda la semana. Ella… ¡ni lo podía creer! Me decía que cómo me lo podía pagar. Solamente recordé las palabras de Jesucristo cuando dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Me dio un beso en la mejilla diciéndome: “Gracias por recordarme las palabras de mi madre”…

El recién llegado recordó días de visita en esas colonias pobres… Y el bromista, con sus gestos clásicos, hizo reír a todos cuando dijo:

—¡Yo también los recuerdo!

El joven sin pelo continuó con tristeza:

—Cuando fuimos a la playa, las chicas estaban casi desnudas y coqueteando con cuanto joven cruzara por su camino… ¿Dónde quedó la dignidad de esas chicas modernas?

El bromista, riéndose, expresó:

—¡En el suelo! Y ella, en lugar de darme un bofetón, se reía a carcajadas.

La otra joven, incrédula, preguntó:

—¿Fuiste tú?

Y el bromista respondió:

—¿No recuerdan cómo cayó en mis brazos, pretextando que se había tropezado? A mí me dio coraje porque nadie me había abrazado así, y me desquité desabrochando su blusa… pero ¡jamás pensé que se reiría de mí de esa forma! ¿Sería por mi… “cara de sorpresa” cuando me abrazó?

Todos rieron a carcajadas.

La otra joven dijo:

—¡Jamás me hubiera imaginado que fuiste tú, por la cara que pusiste!

El bromista, con sus clásicos gestos, afirmó:

—¡Chica, yo también, al igual que ustedes, tengo dignidad!

Nuevamente, todos rieron.

El joven sin pelo concluyó solemnemente:

—Vamos a pedir a Dios que nos ayude a cambiar ese tipo de vida que llevan esos jóvenes modernos. Veo a los vacacionistas sin escrúpulos, actuando como en Sodoma y Gomorra… ¡sin respeto ni para ellos mismos!

La joven añadió con preocupación:

—Veo con tristeza que el futuro será peor. Si no cambian, ¿qué será de las nuevas generaciones?

El bromista reflexionó:

—¿Sodoma y Gomorra? En aquellos tiempos… ¡estaban en pañales comparados con los “adelantos” modernos! Hoy son despiadados hasta con sus propios familiares. Esas leyes sin piedad enseñan que los hijos pueden demandar a sus padres, que la eutanasia está permitida, que se asesina a los hijos no nacidos… Alquilan sus vientres por dinero o venden sus órganos al mejor postor. ¡Que Dios nos proteja!

Para mis ángeles del Grupo Canica.

Cariñosamente,

Su bisabuelita Ana I.