¿Hablas de problemas o de retos?
Educación y parentalidad / Por: Dr. Jesús Cabral Araiza
Los retos más complicados son aquellos a los que nombramos como problemas.
Cualquier ser humano se enfrenta a situaciones no planeadas, desconocidas y agobiantes; de hecho, todos los días. Sin embargo, hay diferencias respecto al resultado de afrontar dichas situaciones, y ello depende de algunos factores que ahora deseo plantear, amable lector, en estas líneas.
Como señalaba, todos tenemos situaciones complejas y estresantes; sin embargo, debemos evaluarnos respecto a:
Cómo gestionamos nuestras emociones ante situaciones de agobio o generadoras de estrés.
- Qué situaciones nos estresan, pues no son las mismas para todos.
- Con qué actitud afrontamos dichas situaciones.
- Cómo aprendimos a afrontarlas (al ser los padres los primeros maestros en esto, y al cuestionar sus actitudes entrada la pubertad, es importante saber que ellos también se equivocan y así nos enseñaron muchas cosas).
- No menos importante: ¿a dichas situaciones las llamo “problemas” o “retos”? No confundir motivación con disciplina.
Retomando este último punto, al parecer muchos de nuestros agobios y la forma de afrontarlos estarían mejor gestionados si nos convencemos de que no son “problemas irresolubles”, sino que los nombraremos “retos” y estaremos convencidos de afrontarlos y vencerlos. El peor escenario en este caso es que aprendamos cosas aún mejores o que superemos dicho reto e igual aprendamos.
Y es que, hablando en términos de motivación y convencimiento, uno de los principales obstáculos para afrontar situaciones complicadas es la manera de nombrarlas.
Si lo piensa un segundo, tiene sentido. Las palabras que nos decimos al plantearnos, por ejemplo, una meta para bajar de peso, mejorar hábitos alimenticios, conseguir un trabajo, aprender un deporte, tocar un instrumento o dominar un oficio… todo resulta más abrumador si desde el principio lo llamamos “un gran problema” en lugar de “un reto interesante o exigente” que requerirá el máximo de nuestras capacidades y concentración.
Ahora bien, este cambio de actitud no se da de la noche a la mañana. Primero requiere darse cuenta, analizar y estar seguro de que uno mismo es su principal obstáculo cuando nombra de manera negativa las dificultades cotidianas, y que ahí inicia un cambio en la forma de afrontarlas. Claro está que muchas de ellas requieren ayuda; nunca estará de más pedir un consejo o apoyo para superar dichos retos.
No es casualidad que, en cualquier nivel escolar, los intentos por formar equipos nos convenzan de que los resultados serán mejores. Los equipos bien gestionados generan confianza en el logro de metas, autoconfianza, sentido de pertenencia, felicidad por conocernos a través del otro, entre muchos beneficios más.
Por tanto, la próxima vez que quiera sabotear algún emprendimiento personal o grupal, piense en esto:
A. Nombre adecuadamente el reto.
B. Organice sus recursos para afrontarlo.
C. Valore si necesita ayuda y, de ser necesario, pídala a tiempo.
D. Reconozca el trabajo de quienes lo ayudaron; no siempre es en lo material o económico: unas palabras de aliento muchas veces fortalecen las relaciones y futuras cooperaciones.
E. Prepárese para retos mayores y planee su afrontamiento.
Mucho éxito en sus proyectos. Que tenga un feliz día.

