El pintor que pintó la esperanza y defendió la naturaleza

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

Federico León de la Vega y Lagos, falleció la mañana de este martes 16 de junio rodeado del amor de su familia.

Puerto Vallarta, Jalisco.-

Con la tristeza que deja la partida de un gigante, pero con la certeza de que su legado es eterno, la comunidad artística y ambiental de Bahía de Banderas despide hoy a Federico León de la Vega y Lagos, quien falleció la mañana de este martes 16 de junio rodeado del amor de su familia. Originario de la Ciudad de México (1952), diseñador industrial de formación por la Universidad Iberoamericana y con una maestría por la Auburn University, Federico fue mucho más que un artista plástico: fue un guerrero incansable por la vida, el medio ambiente y la conexión humana.

Su llegada a la región hace más de cuatro lustros marcó un antes y un después en la vida cultural de Nuevo Vallarta. En el año 2000, fundó el emblemático Studio Café, un espacio único en la orilla de la marina que no solo era su hogar y galería, sino un verdadero faro para la bohemia y el intelecto. Aquel rincón, consentido por la comunidad extranjera y reconocido incluso por la AAA, se convirtió en la trinchera donde Federico libró sus mejores batallas: las que libran los soñadores que convierten sus pinceles en espadas.

Su amor por la región iba más allá del lienzo. Cuando en 2005 se libraba la batalla legal por la supervivencia del Estero El Salado, Federico no dudó en plasmar su indignación y esperanza en la obra “Puente sobre Estero”, un manifiesto visual que aún hoy recuerda la importancia de preservar nuestro patrimonio natural. Fue miembro fundador de la Alianza de la Costa Verde y del grupo Natura Nayarit, demostrando que su compromiso con el planeta era tan fuerte como su vocación artística.

Pero si algo caracterizó a Federico en sus últimos años fue su inquietud por el rumbo de la humanidad. En una época donde los teclados acercan a quienes están lejos y alejan a quienes están cerca, él alzó la voz a través del arte conceptual. Su colección “Escribe a mano”, compuesta por diez esculturas y veinte pinturas, no fue solo una muestra estética, sino un grito de alerta. Influenciado por el neurólogo Stanislas Dehaene, Federico nos recordó que la escritura manual es un acto de singularidad y resistencia, un baluarte contra la esclavitud tecnológica.

Su legado escrito también quedó plasmado en las páginas de este medio, donde durante años firmó su columna “Aventuras de un Pintor”, un espacio que siempre abordó la realidad desde el optimismo y la proposición. Su pluma crítica pero constructiva era un faro de positivismo. Además, fue fundador y animador del programa “De Genios, Poetas y Locos”, primero como conductor y posteriormente como colaborador semanal, llevando su inagotable energía a las ondas radiales. En sus últimas intervenciones, no dudó en compartir su fe y su visión esperanzadora, convencido de que la radio era un vehículo para unir almas.

Su generosidad no tuvo fronteras. Donó obras de su autoría al Centro Universitario de la Costa y al Museo de Arte Peter Gray, asegurando que su espíritu permaneciera en las aulas y vitrinas. Su carisma y dinamismo lo llevaron a ser un martillero memorable en subastas, donde su verbo ágil y su sentido del humor convertían cada puja en un espectáculo.

Hoy, el paisaje de Bahía de Banderas se siente más vacío. Pero el optimismo que Federico nos sembró nos invita a no llorar su ausencia, sino a celebrar una vida intensa, alegre y llena de proyectos. Se fue un hombre bueno, un amigo leal, un escultor de sueños y un pintor de esperanzas.

Descansa en paz, querido Federico. Tu pincel seguirá coloreando nuestras conciencias y tu lucha por el medio ambiente y la humanidad vivirá en cada uno de nosotros. Gracias por regalarnos tu arte, tu fe y tu eterna sonrisa.