Desesperanza, un sentimiento presente en la mayoría de la población

La desesperanza es lo que hace que la persona deje de intentar y hacer cosas nuevas

SanaMente

Ana Paula González Toledo

Psiquiatra

La desesperanza es lo que hace que la persona deje de intentar y hacer cosas nuevas. ¿Qué puede llevar a un individuo a sentir desesperanza? Principalmente la sensación de que no hay un futuro claro. Precisamente algo que ha sido el pan de cada día en la pandemia. Desde que anunció la probabilidad de contagio por COVID-19, la incertidumbre ha sido una constante, nadie sabe qué sucederá en la siguiente semana, si cancelarán la prespecialidad de las universidades y colegios, si habrá otra cepa nueva o distintas restricciones.

Cuando el no saber qué sucederá está presente durante algunos días, o incluso semanas, las personas logramos responder fácilmente a la sensación llevando a cabo actividades de ocio.

Sin embargo, cuando esto se mantiene por varios meses o incluso años, como en la actualidad, la persona puede verse desprovista de mecanismos para lidiar con la incertidumbre. Existen personas que parecen ser muy buenas para hacerle frente a la incertidumbre, pero son las menos.

Para la mayoría, el no saber qué sucederá y actuar de acuerdo a ello es un factor desencadenante de ansiedad. Una de las definiciones que más me gustan de la palabra esperanza proviene de la biblia y dice así: “La esperanza o fe, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Actualmente esa “certeza” de la que habla la definición está en entredicho cada día desde hace ya casi 3 años. Lo que dificulta a las personas mantener la esperanza en el futuro, la certeza de que todo estará bien.

Cuando la desesperanza se instaura en la mente de las personas, primero; provoca inquietud, con el tiempo tensión y una sensación de estar contantemente a la expectativa y por ultimo tristeza. Esta tristeza es producto de darse por vencido o por decirlo de algún modo de “soltar las riendas”. En palabras de un paciente a quien atendí la semana pasada: “para qué planear y desgastarme en los preparativos si en cualquier momento las restricciones cambian.” Mi paciente se dio por vencido en sus propios ideales. Y lamentablemente no es el único.

La ansiedad y depresión que atiendo recientemente, es distinta a las que me enseñaron durante mi formación, las cuales tenían un predominio de predisposición genética y asociadas a problemas de salud y de las dinámicas interpersonales.

Actualmente me doy cuenta que el predisponente es la desesperanza, la pregunta ¿Para qué?, o ¿Qué sentido tiene hacer tal o cual cosa? aparece con mayor frecuencia durante las entrevistas clínicas que realiza con mis pacientes.

Me parece un dato alarmante que se replica en el mundo, el periódico The New York Times publicó en diciembre del 2020, un artículo que nombra a la languidez como la emoción predominante de la pandemia.

Emoción que se encuentra justo en medio de la depresión, el aburrimiento y la ansiedad, que para nosotros los profesionales de la salud es una señal de alarma que no podemos ignorar.

Para combatirla recomendamos enfocarse en metas pequeñas y a corto plazo, como cuidar la salud mental y la física haciendo ejercicios físicos y de autocuidado mental así como realizando dietas saludables, pensar en un futuro distante puede aumentar dicha sensación por lo que en general es mejor evitarlo.