¿Con qué estás tapando tus vacíos?

Aprendiendo a ser feliz / Por: Psicóloga Hania Sosa

Necesitamos destapar los vacíos para transformarlos en ese vacío fértil que lleve a la autosatisfacción

Es inevitable que crezcamos con algún vacío. Aún no nace alguna generación (ni siquiera alguna persona) que venga de padres que hayan trabajado todos sus asuntos emocionales antes de convertirse en padres y que también hayan adquirido todas las habilidades de la crianza positiva o respetuosa, como para pretender que exista algún ser humano en la Tierra que haya crecido o esté creciendo sin un vacío. De tal forma que nadie puede pararse el cuello y decir que no tiene o ha tenido vacíos en su ser; pero, ¿qué son esos vacíos?

Un vacío en el ser podría describirse como esa parte de ti hacia donde cuesta mirar; esa parte de ti que siente que algo le falta o le faltó y que es incómoda de tocar. Para algunas personas quizás puede ser hablar de su autoestima, para otros podrían ser los sentimientos de soledad, tal vez también un vacío sería recordar los errores del pasado o las veces que no nos sentimos amados.

Los vacíos pueden tener diferentes aspectos, pero al final de cuentas, lo que tienen en común es que son una parte de nosotros que es incómoda y que duele, razón por la cual tendemos a querer estar tapando esos vacíos para no tocarlos y poder evitar esos sentimientos desagradables.

Tapadores de vacíos hay muchos y pueden ser de muy variadas formas; hay quienes tapan los vacíos con alcohol, drogas, sexo o pornografía, que quizás suelen ser las maneras que se nos vienen a la mente al pensar en conductas negativas, pero desafortunadamente (aunque sí suceda así en algunas personas) la gran mayoría de las veces tapamos los vacíos con otro tipo de conductas que están más “socialmente aceptadas”.

Tapamos esos vacíos con trabajo, con videojuegos, televisión, redes sociales o cualquier contenido que consumas con el celular, incluidas las aplicaciones de música y los inseparables audífonos. Tendemos a ser tan intolerantes del vacío, que no somos capaces muchas veces ni de quedarnos un momento a solas y en silencio porque entonces sentimos llegar la avalancha de pensamientos que nos sacan de nuestra “zona de confort”.

La mala noticia es que a pesar de que aparentemente esas conductas que llevamos a cabo son un fin para “sentirnos mejor”, en realidad no están sumando al logro de nuestra satisfacción plena.

Necesitamos destapar los vacíos para transformarlos en ese vacío fértil que lleve a la autosatisfacción; esa que está asociada a la felicidad.

Sin duda alguna, destapar los vacíos conllevará un período de incomodidad y quizás de dolor, pero no hay nada comparado con llegar al otro extremo del trayecto en el que encuentras que puedes estar en paz contigo mismo, que no hace falta tener ruido todo el tiempo porque eres capaz de convivir con tus pensamientos y de dirigirlos hacia temáticas que no lastimen. El extremo que está del lado de la autosatisfacción, más que placentero, es un estado de calma, de paz.

Necesitamos aprender a distinguir la diferencia entre lo que nos genera placer y lo que nos genera paz, porque estamos saturados de estímulos que nos enganchan con realizar actividades que nos provocan placer, pero desafortunadamente, estas actividades (con su placer secundario) terminan siendo adictivas, aunque no consumas ninguna sustancia al hacerlo. En cambio, las actividades que nos generan paz, nos ayudan a encontrarnos con nosotros mismos y a aprender a vivir en el momento presente, en calma, sin prisas, creando verdaderos estados de felicidad.

Destapar los vacíos para volverlos un vacío fértil no es fácil, lo sé, pero la recompensa es maravillosa.