Se unen corazones en beneficio de la Casa Hogar Máximo Cornejo

Por: Ángel Reyes

Alejandra Cornejo y Jorge Urbina con las pequeñas que interpretaron una danza hawaiana.

Puerto Vallarta, Jalisco.-

La solidaridad floreció frente al mar durante la subasta con causa organizada en el club de playa de ICON Vallarta, donde la tradicional comida anual del exclusivo desarrollo se transformó en un emotivo encuentro a beneficio de la Casa Hogar Máximo Cornejo.

Más de 150 asistentes, entre residentes de temporada y visitantes provenientes principalmente de Canadá y Estados Unidos, se dieron cita con un mismo propósito: tender la mano a las niñas que forman parte de esta institución vallartense. La tarde transcurrió entre abrazos, sonrisas y conversaciones que reflejaban algo más profundo que una simple convivencia social: el deseo genuino de ayudar.

El corazón del evento fue una subasta solidaria que despertó entusiasmo y generosidad. Cada oferta representó una muestra de cariño y compromiso; cada aplauso, un respaldo colectivo a la causa. Los recursos recaudados serán destinados al bienestar, la educación y el desarrollo integral de las pequeñas, sembrando oportunidades que marcarán su futuro.

El momento más conmovedor llegó con la presentación de danza hawaiana preparada por las propias niñas beneficiarias. Con flores en el cabello y una alegría que iluminaba el escenario, ofrecieron un número lleno de ternura y dedicación. Sus sonrisas, más que cualquier palabra, recordaron a todos por qué vale la pena sumar esfuerzos.

Más allá de los fondos obtenidos, la jornada dejó un mensaje poderoso: cuando la comunidad se une, el impacto trasciende fronteras. La calidez de Puerto Vallarta volvió a sentirse en cada gesto solidario, confirmando que aquí el compromiso con la niñez es compartido y constante.

Directivos de la Casa Hogar expresaron su gratitud a los organizadores, patrocinadores y asistentes, subrayando que este tipo de iniciativas no solo fortalecen proyectos educativos y formativos, sino que también envían a las niñas un mensaje invaluable: no están solas, hay muchas personas creyendo en ellas.

La tarde cerró con esperanza y la intención de repetir la experiencia el próximo año, consolidando una tradición que, más que un evento social, se ha convertido en un acto de amor colectivo.