A los tibios nadie los quiere

Red Interna / Por: Humberto Famanía Ortega

Se requieren actitudes firmes, no tibiezas, a fin de tomar las mejores propuestas que beneficien a la sociedad

Cuando una comunidad requiere de ideas nuevas para encontrar soluciones sensatas, es indispensable obtenerlas de quienes tienen la facultad de modificar o crear leyes y reglamentos, siempre y cuando estén decididos a afrontar cualquier problema derivado de los cambios en la estructura de un gobierno.

Ante cualquier eventualidad, donde afloren los costos políticos, lo mejor es actuar con integridad y, sobre todo, con decisión, sin dudar jamás de lo que se puede o no se puede hacer a favor del pueblo. La consulta y el acuerdo público son necesarios, porque el derecho les asiste a todos los sectores de la población.

Más aún cuando se trata de aumentos en las contribuciones; por ello, muchas veces se frustran ideas y proyectos necesarios para la vida institucional de un municipio, por la falta de cabildeos que refuercen a la administración pública.

Quienes hemos estado en el servicio público sabemos de antemano que no es fácil tomar decisiones a la ligera, porque el propio sistema impone disciplina. Lo más sensato es conocer a fondo la actividad que se ha de desempeñar durante un tiempo determinado y cumplirla con honestidad.

Tiempos de cambio

Hoy los tiempos han cambiado. Estamos frente a una sociedad más demandante y plural, donde la conducción de los asuntos públicos se realiza en líneas diversas y con intereses muy propios de cada fracción partidista.

Lo que resulta extraño es que, en muchas ocasiones, se deje de lado el interés de nuestro municipio cuando debería estar por encima de grupúsculos que buscan únicamente su beneficio.

El despertar de los vallartenses está ocurriendo, y la falta de tacto político de nuestros líderes ha sido, en general, nulo. Es tiempo de acercamiento y de fortalecernos. La sensibilidad en el trato con las mayorías populares está agotada. Se necesita una nueva forma de actuar de nuestros gobernantes, con confianza que renueve nuestros anhelos.

Por encima de intereses personales

Cuando la política se alía con el poder económico y asume funciones de monopolio en los medios de comunicación y de producción, es evidente que puede amordazar tanto al hombre como a la mujer. Los diversos sectores sociales, agrupados o no, mantienen sistemas de control que, por sus intereses creados, limitan las posibilidades de expresión de necesidades y pensamientos. Así se explica que los grupos no comprometidos ni atados a esos intereses sean los que, en estos momentos, reaccionen con mayor vigor.

En otras ocasiones he señalado que la censura sin ponderación daña al pueblo y beneficia a quien, dentro o fuera de nuestro municipio, medra con la angustia que se genera mediante verdades parciales o mentiras completas.

Serenidad para gobernar

Hoy en día necesitamos serenidad en el poder, y para tenerla es necesario el carácter, pero no el mal carácter. Con este último se tuercen las decisiones del Estado, y si se carece del primero, las torceduras son aún más pronunciadas.

Las rigideces de la economía, las parsimonias de la administración, los dobleces de la política, la firmeza de los adversarios, la magnitud de los problemas y la gravedad de los rezagos deben ser el acicate para dar la fuerza necesaria y salir siempre adelante.

Para ello se requieren actitudes firmes, no tibiezas, a fin de tomar las mejores propuestas que beneficien a la sociedad. Como dice la voz popular: “A los tibios ni Dios ni el diablo los quiere”. Esa será la mejor vara para juzgarlos por sus actuaciones. Que muestren entereza, honestidad y sentido común para cumplir las encomiendas a las que se comprometieron en campaña.

Sabemos que vivimos en un mundo cuyos valores están en crisis y se estremecen ante nuestros propios ojos. El legado de principios que tradicionalmente ha regido nuestra vida parece desintegrarse en medio de profundos y radicales cambios.

Funcionarios honestos, valientes y comprometidos

Necesitamos funcionarios públicos y regidores valientes, honestos y comprometidos con su municipio para construir estructuras político-sociales que abran nuevos horizontes. Es otra época, queridos vallartenses.

Todo esto nos lleva a actuar planificando y programando, politizando moderadamente a nuestro pueblo, creándole místicas de acción con las esencias de nuestros valores, para dar a los objetivos un sentido de integración y a las actividades de hombres y mujeres una meta de superación.

Dejemos atrás los dogmas políticos o tecnocráticos que nos limitan y construyamos estructuras sensibles al cambio, poniéndonos del lado del pensamiento nuevo, del pensamiento verdaderamente joven.

Definitivamente, todo esto nos invita a reflexionar. La verdad, sin envolturas emocionales, es un valor político de la democracia. Quien piense que un pueblo no puede conocerla, en realidad sostiene que ese pueblo no puede gobernarse a sí mismo.

Es cierto que, con frecuencia, los vallartenses confundimos los principios con sus aplicaciones y nos negamos a actualizarlas, creyendo que hacerlo sería ir en contra de aquellos. Pero si en todos los sistemas existen distintos planos de la realidad política, urge analizar la nuestra con serenidad y profesionalismo, adaptándola a las necesidades actuales, de manera que la prosperidad se haga notar cuando los planes y proyectos a favor de la ciudadanía estén debidamente consensuados.

Recuerdo lo que decía un gran amigo, Don José Ruiz Massieu: “La política es el arte de las decisiones oportunas”.