Wimbledon
La ciudad imaginada / Por: Dr. José Alfonso Baños Francia.
Cada año, la capital de Inglaterra se convierte en el epicentro del tenis mundial por la celebración del torneo de Wimbledon, el certamen más antiguo, de mayor distinción y prestigio del circuito profesional.
Considerada como catedral del tenis, la cita tiene una mística especial. El rasgo distintivo y que lo vuelve único es la superficie en que se juega: el césped natural. Jugar en hierba es un arte casi extinto en el tenis actual, lo que convierte al torneo en un desafío renovado. Al ras del suelo, la pelota bota muy bajo y viaja a una alta velocidad; esto obliga a los tenistas a desplegar reflejos rápidos, voleas milimétricas y una elasticidad extrema. Las canchas, cuidadas con precisión de cirujano durante todo el año, ofrecen un tapiz verde impecable que magnifica los errores y premia la genialidad. Ganar en esta superficie es el examen definitivo para cualquier leyenda.
Más allá del aspecto deportivo, el torneo fascina al público por sus inquebrantables costumbres. La característica más célebre es su estricto código de vestimenta: los jugadores deben portar blanco rigurosamente. Esta norma, que se remonta a la época victoriana para evitar las antiestéticas manchas de sudor, se mantiene firme en pleno siglo XXI, dotando a la competencia de una elegancia visual idéntica desde hace décadas. Fuera de las canchas, la experiencia se completa con el consumo tradicional de toneladas de fresas con crema, el bocadillo icónico que acompaña a los aficionados en las tribunas. Esta práctica viene acompañada con la degustación de champaña, la elegante bebida icónica.
Wimbledon es el torneo donde el pasado y el presente se abrazan con armonía. Es un encuentro que trasciende lo deportivo para convertirse en un fenómeno de la cultura popular y la moda. Ya sea por la velocidad del juego sobre la hierba, la pulcritud de sus códigos o el peso de su historia, la cita londinense demuestra cada año por qué sigue siendo la joya de la corona del tenis global. Un espectáculo imperdible que, sin importar el interés o conocimiento del deporte, logra atraer la atención del público.
La edición de Wimbledon en este año destaca por lo abultado de la bolsa de premios, alcanzando los 64 millones de libras. En la rama femenil, el torneo vive un hito con una final inédita entre Linda Nosková y Karolina Muchová, dos jugadoras nacidas en la República Checa, indicando un cambio generacional tras eliminar a varias favoritas. En la rama varonil, la batalla por el prestigioso título sobre hierba llega a unas semifinales electrizantes, por un lado entre Alexander Zverev y Arthur Fery mientras que en la otra manga, compiten el número uno del mundo Jannik Sinner y el casi inmortal Novak Djokovic.
En Puerto Vallarta hay muchos los aficionados al deporte blanco. Una estrategia de promoción turística es albergar algún torneo donde compitan jugadores de buen nivel, algo que ya ha sucedido pero sin darle la continuidad que se puede tener. Hacemos votos para que en la región sigan llegando eventos deportivos de alto valor.

