12 de mayo: Día Internacional de la Enfermera
Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia
—A ver, mediquito —dijo la enfermera de 1.50 metros de estatura, tez morena, cuerpo robusto, tórax ancho, piernas delgadas, la piel agrietada por su edad y desvelos, de voz ronca con aquel tono de la experiencia y de líder en su área—: a este paciente que ingresaste por dolor de estómago no le pongas metamizol porque en algunos pacientes ocasiona más ardor.
En ese entonces (año 2000) todavía no había omeprazol endovenoso, pura ranitidina IV, que igual quitaba el ardor y la molestia. Agrega butilhioscina. Para ese entonces ya existían los cocteles de analgésicos, antipiréticos y antiácidos endovenosos, y vía oral no había más opciones. Se le indicaban 20 ml de aluminio y magnesio vía oral a la gran mayoría, y a esperar una hora con prudencia. El punto era quitar el dolor y el malestar de aquellos pacientes que se retorcían, que se sentían morir. Un punto clave en el manejo: las enfermeras con experiencia laboral en múltiples manejos en urgencias, al pie de los pacientes.
Algunas vociferaban con mal humor: —Estos pacientes llegan a diario, se salen de aquí sin dolor y al rato vuelven cuando continúan tragando Coca con pan, chile con bolillo y frijoles refritos.
Era torear sin capote, subirse al caballo bronco o simplemente lidiar con una experiencia que en la actualidad pocas existen.
Enfermeras comprometidas existen, pero se sienten poco apreciadas, poco valoradas. Escuchaba a una de ellas dar una cátedra de prevención a un paciente con obesidad mórbida, de esos que acuden por atención médica porque se sienten mal, que no respiran, que se fatigan, que duermen mal, pero que comen como reyes. Le preguntó el paciente:
—Fíjese que últimamente me duele todo. Cuando camino una cuadra me fatigo y me mareo, me tengo que poner tres almohadas para dormir y dice mi mujer que ronco como león en celo.
Le dijo la enfermera: —Tienes 30 años, pero pareces de 60. Tienes el aspecto de una persona de la tercera edad y los mismos padecimientos de un crónico degenerativo.
Al momento le daba un piquete en el dedo para obtener una gota de sangre, inmediatamente le tomaba la presión arterial, lo subía a la báscula, le medía la circunferencia del abdomen y su cintura. Cada vez que obtenía un resultado, se lo señalaba con discreto sarcasmo, se lo enseñaba mostrando cierta frialdad y agregaba un comentario de molestia por el mal estado de salud de su paciente:
—Es que es imposible que te sientas bien. Dejaste pasar mucho tiempo, abandonaste tu cuerpo, te olvidaste de tu salud, de lo más valioso que tiene el ser humano: su vida. No creo que puedas llegar a tu peso ideal, pero cuando llegues te vas a sentir mucho mejor.
En hora buena de aquel o de aquellos que tienen una enfermera o enfermero conocido o en contacto, porque son nuestra conciencia, nuestro espejo en la salud y en la enfermedad. En México no juntamos la cuota que pide la OMS: 6 enfermeras por médico. Nos falta mucho para igualar a otros.

