¡Lucía, dónde estás, me quiero ir!

Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia

El 16% de la población de adultos mayores se encuentra en abandono familiar

La Gaceta de la UNAM del mes de noviembre de 2025 destacó que el 16% de la población de adultos mayores se encuentra en abandono familiar, recalcando además un abandono social con exclusión laboral, agregando “una carga social”.

Un fenómeno social que se observa en las unidades médicas de primer nivel, es el abandono familiar que sufren estas personas al acudir solas a recibir su atención médica, o incluso a realizar trámites en ventanilla. Esta situación se presenta diariamente en dichas unidades y en este grupo etario, pues es muy común que haya errores en la prescripción de medicamentos e incluso en su ingesta. Sucede este fenómeno social como abandono familiar y social.

Recurrentemente llegan temprano, con horas de anticipación. Buscan un espacio para estar conectados entre las personas, apoyando, opinando o conociendo el o los malestares mientras llega su cita. Al momento de pasar, algunos desconocen las indicaciones médicas, envíos o solicitudes, pero lo que más llama la atención es que la gran mayoría ahí se siente segura o cómoda, ya que en casa están solos, sin socializar, sin conocer, sin opinar y sin sugerir. Es muy común encontrar personas de la tercera edad con gusto por estar esperando.

Don Jesús tenía su cita programada a las 6 de la tarde. Llegaba desde las 10 de la mañana, se sentaba entre las bancas más pobladas con su sombrero de palma y una bolsa tejida de nylon. Se miraba alegre, siempre sonriendo, siempre amable. Ayudaba a las personas en silla de ruedas a moverse, les pedía que se sentaran mientras él iba a sacar las citas a ventanillas o con la asistente. Cuando era su turno, a las 6 de la tarde, él decía: “¿Me puede escribir en las cajas a cada qué hora me tomo las pastillas?” Sentía un gozo el estar fuera del encierro de su casa, abandonado por sus familiares. A sus 76 años se sentía útil.

Doña Petra, diabética e hipertensa, postrada en cama, duraba horas sola sin atención familiar. Inició con pérdida del estado de alerta y desconocimiento de sus familiares. Al mismo tiempo, el dedo gordo del pie inició con cambios de color, poniéndose negro. El color poco a poco avanzó hasta la parte anterior del pie, asociándose a olor a muerto, un olor pútrido. La hija la llevó directamente al hospital, donde le amputaron el pie hasta el tobillo.

Permaneció meses internada en piso de cirugía por alteraciones en su diabetes y en su estado de conciencia. Durante su estancia gritaba sin cesar: “¡Lucía, ven por mí, ya me quiero ir!” Ese grito inquietaba a las personas que estaban en la misma ala, en el mismo piso; no dejaba descansar, ponía de malas al resto, incluso al personal que laboraba. Permaneció finalmente cuatro meses internada por el abandono familiar y social, hasta que un día su cama y el piso de cirugía estuvieron de nuevo en silencio por la muerte, que no esperó.

Dr. Marco Antonio Inda Caro
Médico de Familia
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