Comenzar el año con consciencia: menos propósitos, más presencia

Aprendiendo a ser feliz / Por: Psicóloga Hania Sosa

Quizá este año el verdadero propósito sea vivir con más presencia. Y confiar en que, desde ahí, lo demás encontrará su lugar.

El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de una avalancha de propósitos, listas interminables y metas que, en muchos casos, nacen más de la exigencia que de una escucha genuina de nosotros mismos. Pareciera que enero nos pide acelerar, corregir, mejorar y producir una versión “más exitosa” de quienes somos, como si el simple hecho de comenzar un ciclo nos obligara a transformarnos de inmediato.

Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿desde dónde estamos construyendo nuestros propósitos? ¿Desde el deseo auténtico o desde la presión social, el miedo a quedarnos atrás o la sensación de no ser suficientes?

Vivimos en una cultura que asocia el valor personal con el hacer constante. Hacer más ejercicio, leer más libros, trabajar más duro, ser más productivos, más disciplinados, más eficientes. Pero rara vez nos detenemos a considerar que no siempre necesitamos hacer más; muchas veces necesitamos hacer con más consciencia. Y eso implica un ritmo distinto, más lento, más honesto y, sobre todo, más conectado con nuestro momento vital.

El inicio de año puede ser una gran oportunidad, no para saturarnos de objetivos, sino para observarnos. Para preguntarnos cómo llegamos hasta aquí, qué nos está pesando, qué nos nutre y qué ya no tiene sentido sostener. A veces, el acto más transformador no es añadir un nuevo propósito, sino permitirnos soltar expectativas que no nos pertenecen.

Cuando llenamos el año de metas sin haber hecho una pausa previa, corremos el riesgo de repetir patrones de autoexigencia que nos llevan, una vez más, al cansancio, la frustración o la sensación de fracaso. No porque seamos incapaces, sino porque estamos intentando cumplir con ideales que no siempre dialogan con nuestra realidad emocional, física o relacional.

La consciencia nos invita a otra lógica: la de elegir con intención. Tal vez este año no se trate de cambiarlo todo, sino de habitar mejor lo que ya somos. De aprender a escucharnos antes de comprometernos. De reconocer nuestros límites sin culpa y nuestras necesidades sin juicio.

Empezar el año con menos propósitos no significa resignación ni falta de ambición. Significa madurez emocional. Significa entender que el crecimiento no siempre es visible ni cuantificable, y que muchas de las transformaciones más profundas ocurren en silencio, en la constancia pequeña, en la coherencia entre lo que sentimos y lo que hacemos.

Quizá este año el verdadero propósito sea vivir con más presencia. Y confiar en que, desde ahí, lo demás encontrará su lugar.

Hania Sosa

Psicóloga

3221219959

hania_psicologia@hotmail.com