Ir a consulta no debería ser una experiencia humillante
Por: Karla Michelle Inda Fletes
Miles de jóvenes evitamos asistir a consultas médicas, porque prefieren evitar un trato insensible, sin dignidad o respeto
Cada vez que asisto a una cita médica, me veo obligada a ensayar lo que voy a decir: “Tengo estos síntomas, desde hace tiempo, y soy alérgica a este medicamento”. Incluso preparo una respuesta en caso de recibir una negativa si solicito ser referida a una especialidad: “Me gustaría ser derivada a esta área para una revisión más profunda, ya que considero que ha pasado demasiado tiempo sin mejorías”.
Me pongo muy nerviosa, e incluso siento un poco de ansiedad al entrar a un consultorio, por el temor de un diagnóstico negativo. Por eso, siempre me esfuerzo en ser lo más precisa al describir lo que siento.
Y, a pesar de todo mi esfuerzo, suelen hacerme sentir tonta, humillada. No importa cuánto intente, las y los médicos siempre encuentran la forma de transmitir, a veces sin necesidad de palabras, que no sé nada sobre medicina, algo que es evidente, de lo contrario, no estaría en un consultorio. Pero el problema no radica en mi falta de conocimiento en la materia: se trata del poco tacto y la falta de empatía con la que soy atendida.
Como yo, muchos jóvenes se enfrentan a comportamientos despreciativos por parte de quienes trabajan en el sector salud. No conozco a un solo amigo o amiga que no haya tenido una experiencia similar: humillaciones, disgustos y actitudes groseras que solo hacen más difícil una situación ya de por sí complicada.
Nadie asiste a un chequeo médico por placer; todos desearíamos no tener que pisar un consultorio y gozar de plena salud. Sin embargo, cuando acudo es porque estoy buscando precisamente eso: recuperar mi bienestar.
Entiendo perfectamente que las y los médicos son humanos, que se cansan de atender a tantas personas y que constantemente se exponen a diversas enfermedades. Lo comprendo por completo. Sin embargo, a menudo siento que el personal de salud olvida que trata con personas que sienten, piensan y necesitan empatía.
No quisiera generalizar, pero precisamente esta es la razón por la que miles de jóvenes, incluyéndome, evitamos asistir a consultas médicas, incluso cuando realmente lo necesitamos. Preferimos posponer o ignorar nuestra salud antes que enfrentarnos al trato despectivo que, en demasiadas ocasiones, recibimos. No se trata solo de miedo al diagnóstico, sino del temor a ser tratados como ignorantes, a sentirnos humillados por no saber algo que, naturalmente, no entendemos porque no es nuestra área de conocimiento.
Muchos estudiantes universitarios, por ejemplo, nunca llegan a dar de alta su seguro médico, no porque no lo necesiten, sino porque prefieren evitar un trato insensible, sin dignidad o respeto. Esto no solo afecta la percepción que existe del sistema de salud, sino que fortalece la idea de que cuidar de nuestra salud resulta ser una experiencia humillante en lugar de una oportunidad para cuidar de nosotros mismos.
Comentarios: karla.inda_@hotmail.com
