La generación que sacará al mundo adelante
Medicina Familiar / Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia
Antes de empezar a narrar esta anécdota, quiero aclarar lo siguiente: no me considero homofóbico. Pido disculpas por cualquier malentendido, pero es necesario decirlo: debemos cambiar. En uno de sus discursos, el expresidente Donald Trump declaró: “A partir del 20 de enero, en Estados Unidos solo habrá hombres y mujeres”.
Ahora bien, llegó a la oficina, aproximadamente a las 11:00 de la mañana, un corpulento hombre de unos 38 o 40 años. Su presencia era imponente: una cabellera similar a la de Daniela Romo, piel de un tono café cobrizo brillante, labios intensamente rojos como el carmín, y un pecho ancho y prominente, casi como si llevara puesto un peto de artes marciales. Vestía jeans ajustados y estaba bien perfumado. Sollozando y con un tono de voz ronco y amenazante, aunque sin insultos, exclamó:
—Exijo que se me dé la atención que merezco.
—¿Y qué tipo de atención considera que merece? —le respondí.
—Soy un paciente que requiere sus medicamentos mensuales.
—Ah, pues deberá dejar su carnet como todos los demás pacientes y esperar su turno. Debe entender que quienes llegan tarde, como usted, entran en lista de espera. Una vez que un paciente no se presente, avanzará su turno.
—¡No quiero esperar! —respondió exaltado—. Si no me atienden, llamaré inmediatamente a la CNDH para presentar mi queja.
Este tipo de personajes, y otros similares, están llegando últimamente con una actitud que ellos mismos consideran respaldada por “sus derechos humanos”. Sin embargo, esta generación parece romper el hielo con comportamientos soberbios, llenos de rencor y una profunda amargura por los problemas que los aquejan. Estas actitudes, muchas veces, contrastan con las costumbres y leyes de nuestra sociedad, que históricamente han promovido la prudencia y la tolerancia.
Días después, recibí la visita de una trabajadora del hotel donde este individuo laboraba. Señaló lo siguiente:
—Este trabajador lleva días sin asistir a su empleo. Según otros compañeros, ni siquiera viene hacia acá. Él presume que consigue incapacidades cuando quiere, y quiero saber si estas son reales o falsas.
Inmediatamente revisé los documentos y respondí:
—El nombre del médico no coincide con ninguno registrado aquí. A la matrícula le faltan números, los folios no pertenecen a esta unidad médica y el NSS está incompleto. Por lo tanto, esta incapacidad es falsa.
Tan falsa como sus exigencias, tan falsa como sus sentimientos, tan falsa como el “legítimo” pueblo bolivariano de Nicolás Maduro. Así de amplio es el espectro de pensamientos, y sin embargo, la actitud descompuesta y descomunal de muchas personas no tiene cabida en un entorno que debería privilegiar el respeto y la honestidad.
Para finalizar, dedico esta frase a quienes siguen luchando con constancia:
“¡No existe la mala suerte! Existen el hombre, la mujer, el trabajo y la mesura. La constancia es lo que lleva al éxito!”.

