El dogmatismo en la ideología animalista
ConCiencia Animal / MVZ. Carlos Arturo Martínez Jiménez
Un dogma es una proposición que se asume como verdad absoluta, innegable e irrefutable, donde sus fundamentos no están sujetos a discusión o cuestionamiento, pues su veracidad ya sea demostrable o no, resulta inobjetable, propio del conocimiento no científico y que visiblemente es cerrado a perspectivas u opiniones alternas, a diferencia del conocimiento científico que está abierto a la modificación de postulados.
Dicho de otra manera, el dogmatismo produce rigidez en el pensamiento, lo que provoca consecuencias emocionales y conductuales, ya que las personas que defienden creencias dogmáticas y no permiten explicaciones alternativas, a menudo experimentarán ira cuando hay discrepancias entre sus expectativas y la realidad; esta inconsistencia con la realidad y lógica, impiden que logren sus metas, y bajo ese sistema cognitivo inflexible emerge como un rasgo de personalidad estable y disminuye su adaptación al entorno, dando como resultado una reducción de la felicidad y un aumento de la agresión.
Posturas intransigentes
Este fenómeno es la base de la mayoría de las ideologías que en la actualidad se desenvuelven globalmente en cientos de movimientos que, indudablemente pueden tener las mejores intenciones y ciertamente también propuestas bastante loables, tanto para la sociedad como al entorno en la que se desarrolla, pero que caen en las posiciones extremas que caricaturizan o criminalizan a otro tipo de cuestionamientos, ya que las posturas intransigentes siempre son más fáciles que las tolerantes, y más éstas que no tienen el sustento suficiente ni la visualización de todas las perspectivas y facciones que una acción conlleva a su alrededor.
Una de estas ideologías que se ha puesto en boga en los últimos años es la llamada animalista, una corriente que va concretamente de la premisa que el psicólogo Richard Ryder denominó como “Especismo” que originalmente es la preferencia moral injustificada por los miembros de una especie, específicamente la humana, en desmedro de otras especies, dicha ideología animalista tiene una gran validez e importancia en el vínculo humano-animal, pero también tiene sesgos que se contradicen y una carencia de perspectivas dinámicas en las vertientes ecológicas, socioeconómicas y políticas, que le han dado a lo largo de su movimiento resultados anquilosados.
Y es que argumentos como el de acabar con la industrialización de la vida animal, se cae estrepitosamente cuando una parte importante de esa industrialización está siendo utilizada para la fabricación de alimentos y golosinas para consumo de perros, gatos y hurones, entre otras especies carnívoras estrictas o facultativas mantenidas como mascotas, además de que cargar todo a la industria agroalimentaria, también tendría grandes repercusiones ecológicas y nutricionales; así como también muchas de las investigaciones de productos farmacéuticos para todo tipo de animales, son a su vez utilizadas en otras especies para comprobar su eficacia.
Neoespecismo
Otro sesgo en esta ideología es este aparente “Neoespecismo”, en el que se están viendo beneficiados principalmente los perros y gatos, en la que enaltecen su protección por encima de otras especies, tanto con las especies endémicas como aves, reptiles, anfibios y otros pequeños mamíferos, como con especies alóctonas como ratas, ratones, palomas, o como el gecko enlutado, cuija besucona o comúnmente llamado cuiza, que también sufren de maltrato y muertes fuera de los umbrales que defienden de perros y gatos, pero que nadie, ni siquiera a los autonombrados animalistas les interesa, quizá por el poco valor emocional o comercial que la misma sociedad les da paradójicamente.
O también esta contradicción de corrientes filosóficas, como el reprochar el antropocentrismo, pero que a todas luces en sus acciones buscan humanizar a los animales en toda la extensión del concepto, confiriendo emociones y políticas humanas a estos, afectándolos de manera negativa, desde tratarlos como hijos humanos, hasta pretender darles derechos cuando esto no es lo adecuado, ya que el estado de derecho implica obligaciones y a un animal no se le pueden atribuir obligaciones per se, si no que debemos acoger conceptos como tenencia responsable, o dicho de otra forma, tener obligaciones éticas y políticas para con los animales y no de ellos.
Círculos viciosos
Tanto los planteamientos mesiánicos o centrados sólo en el animal, como los enfocados solo en el humano, solo harán que dichas corrientes choquen constantemente y nunca se llegue a nada, dando como resultado círculos viciosos que en algún momento terminarán mal para todas las especies.
Aquí, la cuestión más viable es escuchar y postular perspectivas apegadas a la realidad en cada contexto político, socioeconómico y ambiental, en cada región en conjunto con autoridades y los profesionales en el área, como los médicos veterinarios, biólogos y ecólogos, pero sobre todo, el punto clave es la regulación de la mayoría de las actividades hacía con los animales, debe de haber una emulsión de los aspectos positivos de los distintos pensamientos basados en la lógica y criterio científico, y aceptar que para los seres humanos poseer y utilizar animales como alimento o para la experimentación y vestimenta también va inmiscuido a otras especies que entraron en este rol, que varios de los problemas y su complejidad de resolverlos, están mucho más arriba de lo que vemos y percibimos, y que aunque la crueldad entre animales está implícita en las interacciones ecológicas, el razonamiento humano es el punto de inflexión en la cual está el tener un equilibrio armónico de nuestras necesidades elementales como especie, y que todas nuestras actividades sean evitando el sufrimiento innecesario o este sea más humanitario o mínimamente cruel.
Sectas y doble moral
Llegando a este punto, no pretendo denostar los logros que el movimiento animalista ha conseguido a lo largo de estos años, al contrario, desde los trabajos que realizo Ruth Harrinson donde marcó un antes y un después en la visualización de la crueldad animal en 1964, ha habido grandes avances en la empatía, y una mejor visión en la relación humano- animal, pero poco a poco, en lugar de interactuar con la ciencia y los contextos sociales para encontrar puntos de ecuanimidad, han optado por aislar y dogmatizar dichos movimientos que hacen que lejos de crear una empatía y participación en la sociedad, suceda al igual que las sectas, solo la simpatía de doble moral de la población, el fanatismo de algunos cuantos, y la frustración por imponer una idea que no cuadra con la sociedad ni con fundamentos funcionales para esta, teniendo muchas veces tener que llegar en conjunto haciendo solo ruido para tratar de lograr sus objetivos, porque individualmente no se tienen los argumentos para hacerlo, y como en todas las manifestaciones ideológicas, siempre hay personas que se envuelven en estas para solo lograr beneficios económicos y políticos personales, y les importa poco o nada realmente la esencia de estas, porque si sus argumentos se salen de esa cuadratura dogmática, perderían la clandestinidad con la que se manejan los recursos económicos y políticos, y con ello, el lucro y la preeminencia que obtienen de esta.
Decía mi abuelo materno Rene Jiménez en sus sabios conceptos: “Si haces lo que quieres, obtendrás lo que puedas, si haces lo que le conviene a tu entorno, obtendrás lo que quieres.”

