¿Será verdad que la gente en la postmodernidad ya no quiere un compromiso?
Aprendiendo a ser feliz / Por: Psicóloga Hania Sosa
Necesitamos redefinir el amor y la relación de pareja. Necesitamos aprender otras formas de compromiso.

No podemos negar que las nuevas generaciones están modificando considerablemente la forma en la que piensan y, por lo tanto, la manera en la que se comportan.
La generación X (personas nacidas entre 1965 y 1980) aún consideraban el matrimonio como una especie de fusión para toda la vida entre un hombre y una mujer, en donde lamentablemente en muchos de los casos esa fusión significaba perder su individualidad.
La generación Y (Millenials, nacidos entre 1981 y 1996) aunque siguen conservando mucha de la ideología de las generaciones anteriores acerca de cómo debe ser un matrimonio, son una generación que ya empezó a sentir más libertad para disolver sus matrimonios sin sentir tanto peso como pudo haber sido en épocas anteriores, pero al ser una generación de transición, también están viviendo las consecuencias de irse a los extremos después de dichas separaciones. Esta generación empezó a aceptar que, si una pareja se une por amor, también se puede separar por desamor. Sin embargo, estas personas se encuentran con la ambivalencia de tener que decidir entre pertenecer a relaciones que esperan esa “fusión” de generaciones anteriores, versus otro tipo de relación más relajada que aún no saben ni cómo describir, ni mucho menos llevar a cabo.
La generación Z (personas nacidas entre 1997 y 2012) están buscando una mayor libertad a la hora de emparejarse, y esto es lo que nos hace creer que por ello ya no quieren un compromiso. Pensamos que por eso se habla tanto de relaciones abiertas, poliamor o la no monogamia consensuada (por mencionar algunos conceptos); sin embargo, aunque no se trata de negar que sí hay muchas parejas que tienen esa filosofía de vida, no podemos afirmar que sea exclusiva de esta nueva generación o que estas personas no deseen comprometerse.
Lo que sucede es que la gente en la postmodernidad sí quiere un compromiso, pero uno más amable, uno el que se puedan autorrealizarse, un compromiso más inteligente, más tranquilo.
No se trata de que la gente no quiera tener una pareja y/o vivir en pareja, sino que aún estamos asociando el compromiso o el matrimonio con esa vieja idea de fusión en la que, si quiero ese tipo de relación, entonces tengo que renunciar a la gran mayoría de cosas que se supone que sólo se pueden vivir en la soltería.
¿Cuál es el resultado? Personas que entonces mejor deciden no comprometerse para no tener que renunciar a su individualidad.
¿A dónde nos está llevando esto? A la extinción de los matrimonios, a la extinción de las familias.
¿Existe otro tipo de realidad? ¿Se puede tener otro tipo de relación en la que exista el compromiso, pero también la individualidad? ¡Claro que sí! Y esa es justo la propuesta que los expertos están promoviendo.
Necesitamos redefinir el amor y la relación de pareja. Necesitamos aprender otras formas de compromiso.
En palabras de Walter Riso, el compromiso debería entenderse con estos cuatro puntos:
- Tiene que haber acuerdos mutuos.
- Hacer siempre un esfuerzo para que la relación funcione. No dejar que el vínculo se deteriore.
- No dejar que la relación acabe fácilmente a menos que se violen los derechos humanos.
- El esfuerzo implica el cuidado de uno mismo.
- Que haya reciprocidad.
- Tiene que haber diálogo, comunicación. No puede haber temas tabúes, pero puede haber temas que elijas no hablar.
- El diálogo apunta a que crezcamos juntos.
- El vínculo (la relación de pareja) no te desconecta de ti mismo.
Cuando estoy con estos cuatro puntos, estoy en un compromiso.
