Restaurantes petfriendly sin protocolos: Un riesgo invisible de las enfermedades zoonóticas
ConCiencia Animal / Por: MVZ. Carlos Arturo Martínez Jiménez
Los perros pueden actuar como vectores mecánicos de virus y bacterias que se adhieren a su pelaje, hocico o almohadillas, y que pueden terminar en superficies de uso común como mesas, sillas, pisos, o en contacto directo con alimentos.

El auge de los establecimientos Petfriendly ha sido bien recibido por una sociedad aparentemente cada vez más empática con los animales de compañía. Tanto cafeterías como restaurantes, e incluso bares, han abierto sus puertas a perros y gatos, apelando a un nuevo estilo de convivencia urbana que refuerza los lazos emocionales entre tutores y mascotas.
Sin embargo, esta apertura, que en apariencia parece una muestra de progreso social, esconde un riesgo que no se está atendiendo con la debida seriedad: la posibilidad de transmisión de enfermedades zoonóticas en espacios donde se preparan y consumen alimentos.
Los perros, aunque gocen de buena salud, pueden ser portadores de múltiples agentes patógenos capaces de enfermar a las personas. Estos incluyen parásitos gastrointestinales como Toxocara canis, bacterias como Salmonella, Campylobacter jejuni o Escherichia coli, y hongos como Microsporum canis, responsable de una infección dérmica contagiosa.
Además, los perros pueden actuar como vectores mecánicos de virus y bacterias que se adhieren a su pelaje, hocico o almohadillas, y que pueden terminar en superficies de uso común como mesas, sillas, pisos, o en contacto directo con alimentos. Este riesgo aumenta exponencialmente en restaurantes que permiten el libre tránsito de animales sin delimitar zonas exclusivas o sin protocolos estrictos de limpieza.
En México, la normativa en torno a establecimientos Petfriendly se encuentra dispersa y, en muchos casos, obsoleta frente a las nuevas dinámicas sociales. La Ley General de Salud no contempla lineamientos específicos para la presencia de animales en restaurantes, y la NOM-251-SSA1-2009 establece criterios de buenas prácticas de higiene para el proceso de alimentos, pero no regula explícitamente el tema de los animales en áreas de consumo.
Esta laguna deja al criterio de cada establecimiento la responsabilidad de establecer o no protocolos sanitarios. Lo preocupante es que, en la mayoría de los casos, dichos protocolos brillan por su ausencia: no se solicita cartilla de vacunación, no se delimita una zona Petfriendly separada del área de cocina o alimentos, ni se capacita al personal para actuar frente a incidentes como vómito, heces o agresiones.
Si bien la tendencia Petfriendly no tiene por qué revertirse, es imperativo que se establezcan medidas de bioseguridad mínimas y obligatorias.
