¿Qué tiene que suceder para que un hombre busque ayuda?
Aprendiendo a ser feliz / Por: Psicóloga Hania Sosa
Al escribir esa pregunta no pude evitar pensar en las parodias que he visto donde una pareja que va en un auto intentando llegar a algún domicilio empiezan a estar en tensión porque la mujer sugiere al hombre (que va manejando) que pregunten por la calle que buscan o que utilicen el mapa, mientras que el hombre responde “es por aquí, ahorita lo encontramos”.
¿Te suena familiar esa escena? Yo he estado en situaciones así varias veces; y analizándolo, podría decir que quizás muchas de las veces no tuvimos que pedir ayuda, pero también puedo ver que en muchos de los casos quizás habríamos llegado a nuestro destino mucho más rápido si hubiésemos preguntado casi desde el principio.
Esta situación tan común y corriente no se aleja mucho de lo que suele suceder con los varones cuando se trata de buscar ayuda en temas emocionales (e incluso en temas de salud física). ¿Qué hay de diferente entre ellos y nosotras? ¿Por qué es más fácil que la mujer pida ayuda?
El cerebro masculino
El cerebro masculino funciona de maneras muy distintas que el femenino, y entre algunas de esas diferencias se encuentra el hecho de que ellos tienen “un chip” que se les ha instalado a través de la cultura y la socialización. Muchos hombres crecen recibiendo mensajes que valoran la independencia, la autosuficiencia y desaprueban la vulnerabilidad; aunado a esto, la forma que tienen de procesar la información es mucho más práctica que la de las mujeres, por lo tanto, en la gran mayoría de los casos verdaderamente consideran que ellos cuentan con la respuesta, las habilidades o las estrategias necesarias para la resolución del conflicto en cuestión, o que analizándolo un poco, conseguirán dar por sí mismos con la respuesta.
Evidentemente es digno de reconocer ese esfuerzo que hacen por encontrar la salida por sí mismos. Sin embargo, como todo, los varones deberían tener un parámetro que les ayude a saber cuándo ya es momento de pedir ayuda, para así evitar que un problema en concreto se convierta en algo que quizás ya no tenga solución o que puedan caer en depresión y en su a veces acompañante tentación de buscar la “salida fácil” del suicidio.
Tres casos
Al pensar en esto, se me vienen a la mente tres ejemplos claros de lo que se debería tratar de evitar. El primero es una cuestión de salud física. Muchas veces el hombre se aguanta síntomas de molestias físicas y no acude al médico a revisión, en este caso no porque crea que se puede curar él solo, sino quizás porque considera que es algo mínimo. Sin embargo, cuántos casos no hemos tenido cerca en los que, por no atenderse a tiempo, ocurre el final inevitable de la muerte. Quizás al leerme pensarás que qué exagerada, pero no está tan alejado de la realidad. Muchos enfermos de cáncer pudieron haber tenido mejor pronóstico si se hubieran atendido desde los primeros síntomas.
El segundo ejemplo es el de las relaciones de pareja. Existen muchos matrimonios que se disuelven por el hecho de no haber aceptado recibir ayuda a tiempo, y en ocasiones quieren hacer (muy tarde) todo lo que no se hizo antes cuando la pareja les pedía que buscaran ayuda o que se atendiera determinada conducta.
El tercer ejemplo sería cuando se cae en la trampa de creer que consumiendo algo externo va a sentirse mejor y entonces esto termina convirtiéndose en otro problema, una adicción.
Signos de alerta
¿Cómo podrían los varones evitar caer en estos extremos? Considero que es un poco difícil generalizar, porque depende mucho de las personalidades y el contexto de cada quien. Por lo tanto, mi primera sugerencia sería que cada uno se hiciera esa pregunta. ¿Cuáles podrían ser mis signos de alerta para que considere la opción de pedir ayuda al respecto?
Una opción también sería estar atentos a los mensajes de los seres queridos. Si alguien que te ama está sugiriéndote con frecuencia que busques ayuda con determinada situación, quizás es porque desde afuera está percibiendo que no lo has podido resolver por ti mismo y que ya es hora de aceptar una guía u orientación.
Es importante reencuadrar la idea de “pedir ayuda”. Si comienzas a decirte algo como “pedir ayuda es eficiente” o “esto me permite ser más efectivo”, en vez de “no puedo o no pude yo solo”, estarías con mayor disposición y así te evitarías las consecuencias de seguir arrastrando un problema sin resolver.
Psicóloga Hania Sosa Contreras 322 121 9959

